¿Manzana o higo? Lo que la Biblia dice realmente sobre el fruto prohibido

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¿Manzana o higo? Lo que la Biblia dice realmente sobre el fruto prohibido

La higuera aparece en momentos clave de la Biblia: desde las hojas con las que Adán y Eva cubren su desnudez hasta las parábolas de Jesús. Pero su significado va mucho más allá del árbol y sus frutos.

17 agosto, 2026
¿Manzana o higo? Lo que la Biblia dice realmente sobre el fruto prohibido
¿Y si el fruto prohibido no hubiera sido una manzana? La Biblia nunca identifica de qué árbol provenía el fruto que comieron Adán y Eva.
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Durante siglos, la tradición cristiana y el arte occidental han representado a Adán y Eva comiendo una manzana en el jardín del Edén. Sin embargo, el libro del Génesis nunca señala qué fruto era el que Dios había prohibido comer. Entonces, ¿de dónde surgió la idea de que se trataba de una manzana? ¿Y qué relación podría tener la higuera con aquel misterioso fruto?

La higuera aparece desde los primeros capítulos de la Biblia y adquiere un importante significado a lo largo de las Escrituras. Para el pueblo de Israel no era solamente un árbol común: sus frutos tenían un importante valor alimentario y económico, mientras que, para los profetas, la propia higuera llegó a convertirse en símbolo del pueblo elegido.

Para comprender el significado de este árbol en la Biblia y la posible relación entre la higuera y el fruto prohibido, conversamos con Jorge Arévalo Nájera, director de la Dimensión de Biblia de la Arquidiócesis Primada de México y licenciado en Ciencias Religiosas.

La higuera, un fruto muy valorado en Israel

Las higueras provienen de Medio Oriente. Foto: Gobierno de México

En la vida cotidiana del pueblo de Israel, los higos eran alimentos muy apreciados, junto con los dátiles y otros frutos. Su valor era tal que no estaban al alcance de todos y podían representar incluso una aspiración para las familias.

“Había gente que se endeudaba para poder comprar este tipo de frutos” para ofrecerlos a sus seres queridos o durante los banquetes, explica Arévalo Nájera.

Precisamente por su valor, la higuera comenzó a adquirir también un significado simbólico. Los profetas utilizaron su imagen para hablar del pueblo de Israel, comparándolo con un árbol que Dios había plantado para producir frutos capaces de alimentar al mundo.

Pero esos frutos no debían entenderse solamente en un sentido religioso. Se trataba de los frutos concretos que Dios esperaba de su pueblo: una vida marcada por la fe, la misericordia, la justicia y la transformación de la sociedad.

“La higuera es símbolo del pueblo de Israel”, señala el especialista.

La higuera aparece desde el Génesis

La primera referencia a la higuera aparece prácticamente al comienzo de la Biblia. Después de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, Adán y Eva descubren su desnudez y utilizan hojas de higuera para cubrirse.

Para Arévalo Nájera, este detalle puede leerse como una referencia sutil a la presencia y providencia de Dios incluso en medio del pecado humano.

El relato muestra a Dios juzgando las consecuencias de las decisiones humanas, pero al mismo tiempo respetando la libertad y la responsabilidad del ser humano.

En esta interpretación, la expulsión del paraíso no debe entenderse simplemente como la salida de un lugar físico. El relato expresa, más profundamente, la pérdida de la comunión con Dios.

“La vida humana es eso, la comunión con Dios”, explica Arévalo.

Por ello, la advertencia de Dios sobre el árbol no sería una amenaza, sino una invitación a comprender que la vida verdadera procede de Él.

El fruto del conocimiento y la verdadera sabiduría

¿Qué significa entonces el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal?

Arévalo propone entenderlo desde la sabiduría. El conocimiento del bien y del mal no sería simplemente acumular información, sino adquirir aquello que permite al ser humano caminar hacia su plenitud y reconocer aquello que conduce a su destrucción.

El problema aparece cuando el ser humano pretende apropiarse de esa sabiduría por sí mismo.

En la lógica del relato bíblico, explica, la sabiduría debe recibirse de Dios: Él habla, el ser humano escucha y, al acoger esa palabra, entra en el camino de la vida.

Por el contrario, cuando el ser humano pretende convertirse en su propio criterio absoluto del bien y del mal, termina entrando en un camino de muerte.

Incluso después del pecado, sin embargo, aparece un signo de la misericordia divina: las hojas con las que Adán y Eva cubren su desnudez pueden interpretarse como una muestra de que Dios continúa presente y protegiendo al ser humano.

¿La higuera era el árbol del fruto prohibido?

Adan y Eva Tiziano
En la pintura “Adán y Eva” de Tiziano, aparecen las hojas de la higuera cubriéndolos. Foto: Especial

Es aquí donde surge una de las preguntas más llamativas: ¿podría el fruto prohibido haber sido un higo?

La Biblia no lo afirma. El Génesis simplemente habla del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, sin identificarlo.

Sin embargo, la presencia de la higuera inmediatamente después de que Adán y Eva comen del fruto ha llevado a desarrollar distintas interpretaciones simbólicas y una de ellas es su relación con la sabiduría.

“La sabiduría es el arte del conocimiento del bien y del mal”, explica Arévalo.

Desde esta perspectiva, el simbolismo resulta particularmente sugerente: Dios es quien planta el árbol y ofrece al ser humano la sabiduría, pero este decide apropiarse de ella y convertirse en su propio criterio definitivo.

El problema, por tanto, no estaría en un fruto determinado, sino en la decisión de vivir al margen de Dios.

¿Y de dónde salió la manzana?

Si el Génesis no dice que el fruto fuera una manzana, ¿por qué prácticamente todos conocemos la historia de Adán y Eva de esa manera?

Una de las explicaciones más difundidas se relaciona con el latín. Arévalo señala que la asociación se habría visto favorecida por la semejanza entre los términos latinos mălum, relacionado con “manzana”, y mălum, relacionado con “mal”.

Esta coincidencia lingüística habría contribuido a que la manzana se incorporara con fuerza a la tradición y a las representaciones artísticas del pecado original.

Por ello, afirmar que el fruto prohibido “era una manzana” tampoco corresponde a lo que dice literalmente el texto del Génesis.

La higuera estéril y la paciencia de Dios

La imagen de la higuera adquiere todavía más fuerza en los Evangelios. En el Evangelio de san Lucas, Jesús cuenta la parábola de una higuera que no da fruto. El dueño está dispuesto a cortarla, pero el viñador pide que le conceda un tiempo más para cuidarla y esperar que finalmente produzca frutos.

Para Arévalo, esta parábola es, ante todo, un llamado a la conversión.

La higuera representa al ser humano que ha recibido tiempo y oportunidades, pero que está llamado a responder a la gracia dando frutos.

Dios es misericordioso y concede nuevas oportunidades, pero eso no significa que el ser humano pueda posponer indefinidamente su conversión.

“Cada minuto es una oportunidad”, explica.

La parábola recuerda así que nadie sabe cuánto tiempo tiene. La llamada de Jesús a la conversión no debe dejarse para después, porque la vida y el encuentro definitivo con Dios no están bajo nuestro control.

Natanael bajo la higuera: una imagen de la verdadera sabiduría

La higuera vuelve a aparecer en el Evangelio de san Juan cuando Jesús encuentra a Natanael, a quien había visto previamente debajo de una higuera.

Aunque puede parecer un detalle menor, para Arévalo Nájera tiene un importante significado simbólico.

La higuera estaba relacionada también con la sabiduría. Natanael aparece entonces como una imagen de la nueva humanidad que ha sabido acoger la verdadera sabiduría, que es Cristo.

De esta manera, la escena puede relacionarse con el llamado de Jesús a “nacer de lo alto”: nacer de la Palabra, de Cristo y de la entrega de su vida.

La imagen vuelve a conducirnos al Génesis: el árbol y la sabiduría aparecen nuevamente vinculados, pero ahora la plenitud de esa sabiduría se encuentra en Cristo.

Una higuera que todavía tiene que dar frutos

A lo largo de la Biblia, la higuera pasa de ser un árbol cotidiano a convertirse en una imagen del pueblo de Dios y, posteriormente, en un llamado dirigido a cada creyente.

Para Arévalo Nájera, una de las principales enseñanzas espirituales de este símbolo es la necesidad de recuperar nuestra identidad.

La higuera pertenece a Dios porque Él es quien la ha plantado. Del mismo modo, la relación entre Dios y su pueblo es una relación de pertenencia mutua en el amor.

Pero esa pertenencia implica responsabilidad: quien recibe el don de Dios está llamado a dar frutos.

No se trata únicamente de frutos personales o de una vivencia religiosa aislada. La fe está llamada a producir efectos en la vida de los demás y en la sociedad.

Por eso, el especialista pone como ejemplo el matrimonio cristiano: está llamado a dar frutos para quienes lo viven, pero también para el mundo, como signo del amor de Dios.

¿Qué fruto espera Dios de nosotros?

La historia de la higuera termina llevándonos mucho más lejos que la pregunta sobre qué comieron Adán y Eva.

La cuestión fundamental no es descubrir si aquel fruto era un higo, una manzana o algún otro alimento. El mensaje bíblico apunta hacia algo más profundo: ¿qué hacemos con aquello que Dios nos ha dado?

Si Dios ha plantado la higuera, espera frutos. Y esos frutos no son únicamente prácticas religiosas, sino una vida capaz de alimentar y transformar a quienes están alrededor.

En un mundo marcado por el cansancio, la desilusión y la falta de esperanza, los cristianos están llamados a convertirse en testigos de una esperanza concreta.

“Seamos agentes de esperanza a través de nuestra vida y nuestro compromiso con la sociedad”, recuerda Arévalo Nájera, retomando una invitación del papa Francisco.

Tal vez esa sea la pregunta que permanece después de recorrer todas las apariciones de la higuera en la Biblia: no tanto qué fruto comieron Adán y Eva, sino qué frutos estamos dando nosotros.

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Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.