Adeptos por la paz
La premisa del Pontífice es pragmática: la seguridad de una nación no puede fundamentarse en la aniquilación de otra ni en el fomento de la inestabilidad regional.
Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).
En la construcción de la paz, todas las voces cuentan y la del Papa León XIV tiene un peso especial al ejercer una autoridad ética coexistente con el poder militar y la influencia financiera.
Su postura en torno a la guerra en Medio Oriente o el conflicto interno en Camerún —donde los separatistas llevan una década enfrentados al gobierno— ofrece una alternativa basada en la ética de la responsabilidad. “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos o políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!”, dijo el jueves en Bamenda.
La premisa del Pontífice es pragmática: la seguridad de una nación no puede fundamentarse en la aniquilación de otra ni en el fomento de la inestabilidad regional. Para la Santa Sede, la paz es una exigencia política necesaria para evitar la autodestrucción mutua en un escenario de escalada bélica. El mensaje del Papa sobre Medio Oriente ha sido claro: “La guerra es siempre una derrota de la humanidad”.
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Esta visión de la diplomacia vaticana ha chocado frontalmente con la lógica de disuasión militar y presión económica promovida por el mandatario estadounidense Donald Trump, quien incluso ha calificado la postura del Papa como “débil frente al crimen” y perjudicial para la política exterior de las potencias occidentales.
La legitimidad de León XIV, reforzada por su identidad y experiencia misionera en periferias como las de Perú, añade una dimensión simbólica única. Su enfoque retoma la tradición de la “Gaudium et Spes” —una de las cuatro constituciones fundamentales del Concilio Vaticano II, promulgada por el Papa Pablo VI en 1965 y considerada el documento básico del humanismo cristiano moderno—, posicionando a la Iglesia como compañera de los sufrimientos humanos.
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En el plano político, el respaldo a León XIV es significativo. La mención de la Presidenta Claudia Sheinbaum sobre el derecho del Estado Vaticano a opinar sobre asuntos globales — “vale la pena mostrar la visión del papa León”, dijo en su conferencia del lunes—, o el apoyo de figuras como la mandataria italiana Giorgia Meloni y el español Pedro Sánchez subraya la autoridad ética del Papa y refleja lo que Jürgen Habermas describía como la necesidad de voces religiosas en la esfera pública para aportar sentidos de justicia.
Son adeptos por la paz.
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