Reconocer la herida ayuda a sanar
Escuchar los testimonios de aquellos que sufrieron en manos de quienes debían ser pastores no solo valida su dolor, sino que inicia un camino de justicia restaurativa
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En un momento de profunda reflexión para la Iglesia Católica, el papa León XIV ha iniciado su viaje apostólico a España, esta visita no solo busca fortalecer los lazos de fe y unidad sino que adquiere un significado especial por el compromiso explícito del Pontífice con una de las heridas más dolorosas de la institución: los abusos sexuales cometidos por miembros del clero. Al calificar estos crímenes como “una llaga todavía abierta”, León XIV ha enviado un mensaje claro de que la Iglesia no puede avanzar hacia el futuro sin confrontar con humildad y determinación su pasado más oscuro.
En declaraciones durante el vuelo, respoajndió con franqueza a preguntas sobre los escándalos y reafirmó su compromiso personal y eclesial de tolerancia cero, instituyendo normas y siguiéndolas en todos los niveles. Esta honestidad forma parte de una agenda que incluye una reunión privada con víctimas de pederastia, organizada por la Iglesia española, para escuchar sus testimonios y abordar procesos concretos de reparación.vi
Durante décadas, la Iglesia ha enfrentado denuncias de encubrimiento, protección y traslado de sacerdotes abusadores y una cultura de silencio que priorizaba la reputación institucional sobre la dignidad de los más vulnerables, especialmente los niños y adolescentes. En España, informes han estimado que miles de menores pudieron haber sufrido abusos desde 1940, incluyendo entre los participantes de estas atrocidades a personal laico en instituciones religiosas, cifras que estremecen la conciencia de cualquier creyente.
Escuchar los testimonios de aquellos que sufrieron en manos de quienes debían ser pastores no solo valida su dolor, sino que inicia un camino de justicia restaurativa. Esta reunión privada subraya que la reparación no se limita a declaraciones públicas o protocolos administrativos, sino que exige un encuentro personal, donde el Vicario de Cristo se pone al servicio de los más débiles, como mandó Jesús.
Para la sociedad y particularmente para los niños, este reconocimiento es fundamental, los abusos en el ámbito eclesial no solo dañaron a las víctimas directas; contaminaron el tejido social, generando escepticismo hacia las instituciones religiosas y debilitando el rol de la Iglesia como acompañante de los pobres y defensora de los derechos humanos.
Hoy no basta con pedir perdón; se necesita asumir la responsabilidad institucional, investigar sin reservas, sancionar a los responsables y garantizar que no se repitan, cada paso debe traducirse en acciones concretas, protocolos de prevención, formación continua del clero en materia de protección infantil, colaboración plena con las autoridades civiles y mecanismos efectivos de compensación y acompañamiento psicológico-espiritual.
En México, donde la Iglesia ha jugado un rol profético acompañando a víctimas de la violencia y denunciando la indiferencia, nuestros obispos, inspirados en el Cardenal Carlos Aguiar Retes, Mons. Ramón Castro Castro y Mons. Francisco Javier Acero Pérez, deben continuar impulsando políticas de cero tolerancia, transparencia y reparación integral, porque las víctimas merecen no solo palabras, sino hechos, y los fieles católicos, que amamos a nuestra Iglesia, necesitamos una institución digna y leal.


