Las 8 partes de la Plegaria Eucarística: el corazón de la Misa explicado paso a paso
La Plegaria Eucarística es el corazón de la Misa. Conoce sus ocho partes, qué significa cada una y por qué son esenciales.
La Santa Misa está llena de momentos profundamente significativos, pero hay uno que ocupa un lugar único: la Plegaria Eucarística. La Iglesia la define como “el centro y la cumbre de toda la celebración”, porque es el momento en el que toda la asamblea se une a Cristo para ofrecer al Padre el sacrificio de alabanza y acción de gracias, además de ser el instante en el que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
El numeral 78 de la Instrucción General del Misal Romano subraya que la Plegaria Eucarística “es una oración de acción de gracias y de santificación”, con la que “el sacerdote invita al pueblo a elevar los corazones hacia el Señor, en oración y en acción de gracias, y lo asocia a sí mismo en la oración que él dirige en nombre de toda la comunidad a Dios Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo”.
De la misma manera, precisa que el sentido de la Plegaria Eucarística “es que toda la asamblea de los fieles se una con Cristo en la confesión de las maravillas de Dios y en la ofrenda del sacrificio”, por lo que exige que todos los presentes la escuchen con reverencia y en silencio.
¿Cuáles son las partes de la Plegaria Eucarística?
De acuerdo con la Instrucción General del Misal Romano y con el Catecismo de la Iglesia Católica, la Plegaria Eucarística está integrada por varios elementos que, unidos, forman una gran oración de acción de gracias, memoria, ofrenda e intercesión.
Así, cada una de sus partes de la Plegaria Eucarítica tiene un profundo significado espiritual y litúrgico. A continuación te los explicamos
Prefacio (Acción de gracias)
La Plegaria Eucarística comienza con el diálogo que se establece entre el sacerdote y el pueblo a partir de la siguiente fórmula:
“El Señor esté con ustedes… Levantemos el corazón… Demos gracias al Señor, nuestro Dios…”.
A continuación, el sacerdote proclama el Prefacio, una oración de alabanza en la que la Iglesia da gracias a Dios por la obra de la salvación, por la creación, por la redención realizada en Cristo y por los innumerables dones recibidos.
En el Prefacio, señala el Misal Romano, “la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras , por la creación, la redención y la santificación”.
¿Por qué es importante?
Porque recuerda que la Eucaristía es, ante todo, una acción de gracias. De hecho, la palabra “eucaristía” proviene del griego eucharistia, que significa precisamente “acción de gracias”. De esta manera, la Iglesia reconoce que todo bien procede de Dios y le responde con gratitud.
Aclamación del Santo (Sanctus)
Después del Prefacio, toda la asamblea hace una Aclamación, con la que se une a la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos, cantan a Dios tres veces santo.
“Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo…”.
Estas palabras están inspiradas en la visión del profeta Isaías y en la aclamación de la multitud que recibió a Jesús en Jerusalén.
¿Por qué es importante?
La Aclamación de El Santo une la liturgia de la tierra con la liturgia del cielo. La Iglesia enseña que, en ese momento, los fieles se unen a los ángeles y a todos los santos para glorificar a Dios. Es una proclamación de la santidad divina y una preparación espiritual para entrar en el gran misterio de la consagración.
Epíclesis
En la Epíclesis, señala el Catecismo en su numeral 1353, “la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (o el poder de su bendición) sobre el pan y el vino, para que se conviertan por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y que quienes toman parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu” y, añade el Misal Romano en el numeral 79, para que quien reciba la Comunión le sirva para su salvación.
La palabra “epíclesis” significa “invocación”, así en esta parte, el sacerdote extiende las manos sobre las ofrendas y pide al Padre que envíe el Espíritu Santo sobre el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
¿Por qué es importante?
La Epíclesis recuerda que la Eucaristía es una obra de la Santísima Trinidad y que la transformación de las ofrendas no es una acción humana, sino una acción de Dios realizada por el poder del Espíritu Santo.
Narración de la institución y consagración
La Narración del episodio de la institución y consagración representa el momento más solemne de la Plegaria Eucarística y, por ende, de la Santa Misa. El Catecismo de la Iglesia Católica señala que “en el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes, bajo las especies de pan y de vino, su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre”.
En este tenor, el Misal Romano indica que en la Narración, “por las palabras y por las acciones de Cristo, se lleva a cabo el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando ofreció su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino, y los dio a los Apóstoles para que comieran y bebieran, dejándoles el mandato de perpetuar el mismo misterio”.
A partir de lo anterior, el sacerdote repite las palabras y los gestos que Jesús realizó en la Última Cena:
“Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo…”.
“Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre…”.
La Iglesia enseña que, por la eficacia de las palabras de Cristo y la acción del Espíritu Santo, ocurre la transubstanciación: el pan y el vino dejan de serlo en su sustancia y se convierten verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
¿Por qué es importante?
Porque en este momento Cristo se hace real y sacramentalmente presente en medio de su pueblo. La Misa no es solamente un recuerdo simbólico de la Última Cena, sino la actualización sacramental del único sacrificio redentor de Cristo.
Anámnesis o memorial
Después de la Consagración, sigue la Anámnesis, que significa “Memorial”, por medio de la cual, señala el Catecismo, “la Iglesia hace memoria de la Pasión, de la Resurrección y del retorno glorioso de Cristo Jesús; presenta al Padre la ofrenda de su Hijo que nos reconcilia con Él”.
El Misal Romano añade que por medio de la Anámnesis “la Iglesia, al cumplir el mandato que recibió de Cristo por medio de los Apóstoles, realiza el memorial del mismo Cristo, renovando principalmente su bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y su ascensión al cielo”.
A partir de ello, el pueblo proclama el misterio de la fe:
“Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!”.
¿Por qué es importante?
En la Biblia, el Memorial no es simplemente recordar un acontecimiento pasado, sino hacerlo presente. Por ello, la Iglesia participa sacramentalmente en el misterio pascual de Cristo y recibe sus frutos de salvación.
Oblación u Ofrenda
La Instrucción General del Misal Romano señala que por medio de la Oblación, en este mismo memorial, la Iglesia, principalmente la que se encuentra congregada, ofrece al Padre en el Espíritu Santo la Víctima inmaculada y, unidad a Cristo, también se ofrece a sí misma.
“La Iglesia, por su parte, pretende que los fieles, no sólo ofrezcan la Víctima inmaculada, sino que también aprendan a ofrecerse a sí mismos, y día a día se perfeccionen, por la mediación de Cristo, en la unidad con Dios y entre ellos, para que finalmente, Dios sea todo en todos”, agrega el Misal Romano.
Por lo tanto, la Oblación no se trata únicamente de contemplar el sacrificio de Jesús, sino de entrar en él, presentando la propia vida, las alegrías, el trabajo, el sufrimiento y las esperanzas.
¿Por qué es importante?
La Eucaristía enseña a los cristianos a vivir una existencia de entrega. Cada Misa invita a los fieles a convertirse en ofrenda agradable a Dios y a unirse más profundamente a Cristo.
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Intercesiones
La intercesión es una oración de petición a favor de los demás. Consiste en acudir a Dios en representación de otros, buscando el bien del prójimo e imitando a Cristo, quien es el único mediador y el intercesor supremo ante el Padre.
“En las intercesiones”, señala el numeral 1354 del Catecismo, “la Iglesia expresa que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia del cielo y de la tierra, de los vivos y de los difuntos, y en comunión con los pastores de la Iglesia, el Papa, el obispo de la diócesis, su presbiterio y sus diáconos y todos los obispos del mundo entero con sus Iglesias”.
Por su parte, el Misal Romano subraya que “la Oblación se ofrece por ella (la Iglesia) misma y por todos sus miembros, vivos y difuntos, llamados a participar de la redención y de la salvación adquiridas por el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.
¿Por qué es importante?
Las intercesiones manifiestan que la Eucaristía nunca es un acto privado. Toda la Iglesia, peregrina en la tierra y gloriosa en el cielo, participa en el mismo sacrificio de Cristo. La Misa expresa la comunión universal del Pueblo de Dios.
Doxología final
La Plegaria Eucarística concluye con la gran alabanza, llamada Doxología Final, por medio de la cual se expresa la glorificación de Dios, que es afirmada y concluida con la gran aclamación “Amén” del pueblo.
La palabra “doxología” proviene del griego doxa (gloria) y logos (palabra), y significa literalmente “palabra de gloria” o alabanza a Dios.
En la Misa, la Doxología Final es la fórmula que el sacerdote proclama para terminar la Plegaria Eucarística:
“Por Cristo, con Él y en Él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria,
por los siglos de los siglos”.
Esta pequeña, pero potente oración es un himno trinitario con el que se glorifica al Padre, por Cristo, en la unidad del Espíritu Santo.
¿Por qué es importante?
La doxología resume toda la Plegaria Eucarística. Todo se dirige al Padre, por medio de Cristo y en la unidad del Espíritu Santo. El Gran “Amén” de la asamblea es la adhesión de fe de todo el pueblo a cuanto se ha celebrado.
El corazón de la Santa Misa
Cada parte de la Plegaria Eucarística conduce a un mismo misterio: Cristo que se ofrece al Padre y se entrega a su Iglesia como alimento de vida eterna.
Por eso, la Iglesia considera esta oración como el corazón mismo de la Misa. En ella se unen la acción de gracias, la alabanza, la memoria de la Pascua de Cristo, la invocación del Espíritu Santo, la comunión de los santos y la ofrenda de toda la Iglesia.
Participar consciente y devotamente en la Plegaria Eucarística significa entrar en el misterio más grande de la fe cristiana: el sacrificio de Cristo, que se hace presente para la salvación del mundo.






