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Doxología Final, el momento más importante de la Misa que casi nadie entiende

La Doxología Final es el momento culminante de la Misa: una alabanza trinitaria que resume el sacrificio de Cristo y culmina con el “Gran Amén”.

POR  Jorge Reyes
6 mayo, 2026
Doxología Final, el momento más importante de la Misa que casi nadie entiende
Durante la Doxología Final, el sacerdote eleva el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ofreciendo el sacrificio al Padre y culminando la Plegaria Eucarística con el “Gran Amén” de los fieles. Foto Vatican Media.

La Santa Misa está llena de momentos profundamente simbólicos, pero pocos concentran tanto significado teológico como la Doxología Final, el solemne cierre de la Plegaria Eucarística. Se trata de una breve fórmula que, aunque puede pasar desapercibida, es en realidad el punto culminante de toda la celebración.

¿Qué es la Doxología Final?

La palabra “doxología” proviene del griego doxa (gloria) y logos (palabra), y significa literalmente “palabra de gloria” o alabanza a Dios.

En la Misa, la Doxología Final es la fórmula que el sacerdote proclama para terminar la Plegaria Eucarística:

“Por Cristo, con Él y en Él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos”.

Esta pequeña, pero potente oración es un himno trinitario con el que se glorifica al Padre, por Cristo, en la unidad del Espíritu Santo.

¿Qué significado tiene dentro de la Misa?

Contrario a lo que se pueda pensar, la Doxología Final no es un simple cierre, por el contrario es una poderosa oración que:

  • Resume toda la Plegaria Eucarística, ya que expresa que el sacrificio de Cristo se ofrece al Padre.
  • Manifiesta la fe trinitaria, porque toda la gloria se dirige al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.
  • Es la culminación del sacrificio eucarístico, con el que se corona el momento central de la Misa.

El libro “Comprender la Misa” publicado por el sitio web Liturgia Papal, indica que en la Plegaria Eucarística se hacen diversas intercesiones al Padre, ya que “por nosotros mismos, los ruegos no valen nada”, y por tanto hay que hacerlos en nombre de Jesús, porque “en la Última Cena Él mismo nos invitó a pedir en su nombre. Si así pedimos, se hará lo que pedimos, porque de esta manera se hará que sea glorificado el Padre en el Hijo (Jn 14, 13)”.

Una petición trinitaria

El texto refiere que “todas las plegarias eucarísticas terminan poniendo a Jesucristo como mediador de nuestra intercesión en una doxología, en una expresión de alabanza a toda la Trinidad”, por esa razón las palabras previas a la doxología hacen referencia al Hijo, que en latín inicia con Per ipsum, es decir, Por él, que en la versión castellana se ha cambiado a “Por Cristo, “quizá para que no haya confusión”.

Todo lo pedimos por Jesucristo. Pero no solo por él, sino que lo pedimos con Él, que en la cruz con gritos y lágrimas presentó súplicas y fue escuchado (Hb 5, 7). Nos unimos a su plegaria al Padre. Además, lo pedimos en Cristo. Por el bautismo nos incorporamos a Cristo (Rm 6, 5). Somos parte del Cristo total. Jesús dijo que nosotros estamos en él y él en nosotros (Jn 14, 20). Por eso no solo pedimos por y con Cristo, sin que lo hacemos formando parte Cristo, pedimos en Cristo”, explica.

“Todo”, agrega, “lo pedimos al Padre que todo lo puede, al omnipotente, a quien se le ha dirigido toda la Plegaria. Y lo hacemos en la unidad del Espíritu Santo (Ef 4, 3). Podemos pedírselo al Padre, porque así lo llamamos gracias al Espíritu (Rom 8, 15). Se lo podemos pedir por mediación de Cristo, del Ungido, porque el Espíritu es su Unción”.

¿Cuál es el rito del sacerdote que acompaña a la doxología?

Si bien, en el ofertorio el presbítero eleva la hostia en la patena para presentarla al Padre; y después de la consagración se eleva sin la patena, para mostrarla a los fieles, al momento en el que el sacerdote pronuncia la Plegaria Eucarística:

“Por Cristo, con Él y en Él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos”

“Debe pronunciar estas palabras mientras eleva el Cuerpo de Cristo en la patena y la Sangre de Cristo en el cáliz conjuntamente, y no de forma separada, como había sucedido antes. Ahora se eleva nuevamente en la patena porque no es para mostrarla a los fieles, sino para presentar al Padre a Jesucristo, con quien y en quien se ofrece el sacrifico. Y lo hace junto con el cáliz que contiene la Sangre Preciosa”, precisa.

El “Gran Amén”: la respuesta del pueblo

De acuerdo con el numeral 79, inciso h), de la Instrucción General del Misal Romano, con esta fórmula “se expresa la glorificación de Dios”, que es confirmada y concluida con la aclamación solemne del “Amén” de los fieles, conocida como el Gran Amén.

Cabe destacar que este gesto o respuesta de los fieles no es decorativo:

  • Es la ratificación de todo lo que el sacerdote ha orado.
  • Expresa que el pueblo hace suyo el sacrificio eucarístico.

“Al decir Amén hacemos un acto de fe, pues esa palabra significa tres cosas: ‘esto es así’, ‘esto lo creo’ y ‘esto me compromete’. Esta expresión, que puede ser cantada tres veces, recuerda que el pueblo de Israel respondía a las plegarias de los sacerdotes de la antigua alianza diciendo Amén (Dt 27,15-26; 1 Crón 16,36; Neh 8,6).

“Aunque todos los fieles se han ofrecido a sí mismos y se han unido al Sacrificio, lo han hecho en el interior de su corazón. Ahora, en voz alta, se unen a todo lo dicho por el sacerdote. Es, como decía san Agustín, como si firmaran la petición”, puntualiza el libro “Comprender la Misa”.

Desde los primeros siglos, este Amén era considerado uno de los actos más importantes de participación de los fieles en la liturgia.

¿Qué dice el Misal Romano?

La Instrucción General del Misal Romano establece claramente que la oración de la Doxología Final forma parte de la Plegaria Eucarística, que es pronunciada por el sacerdote celebrante (y eventualmente por concelebrantes) y que el pueblo no la recita, sino que solo responde con el Amén una vez que el párroco la pronunció.

¿Por qué sólo el sacerdote puede decirla?

La razón por la cual sólo el sacerdote puede pronunciar esa oración es profundamente teológica y litúrgica, ya que presbítero actúa “en la persona de Cristo” y en nombre de toda la Iglesia al dirigir la oración al Padre.

  • La Plegaria Eucarística es una oración presidencial, propia del sacerdote.
  • Él representa sacramentalmente a Cristo, quien ofrece el sacrificio al Padre.
  • La asamblea participa, pero de modo distinto: escucha, se une interiormente y responde con el Amén.

Por eso, la Iglesia ha sido clara en que los fieles no deben recitar la Doxología junto con el sacerdote.

¿Desde cuándo existe la Doxología Final?

La Doxología Final tiene raíces muy antiguas, pues se tienen referencias de que ya estaba presente en las primeras formas del Canon Romano (siglos III-IV), pues formaba parte de la conclusión de la gran oración eucarística en la Iglesia primitiva.

Con el paso del tiempo, se mantuvo como elemento estable e invariable de la liturgia y tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la Doxología se conservó intacta en el Misal Romano, con lo que se subrayó su importancia como culmen de la Plegaria Eucarística.

Un momento que no debe pasar desapercibido

Aunque breve, la Doxología Final es uno de los momentos más solemnes de la Misa porque en ella:

  • Cristo se ofrece al Padre
  • La Iglesia entera se une a esa ofrenda
  • Y los fieles responden con un Amén que sella el misterio celebrado

Por ello, entenderla permite vivir la Eucaristía con mayor profundidad y reconocer que, en ese instante, toda la creación se une para dar “todo honor y toda gloria” a Dios.



Autor

Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, con una trayectoria de más de 30 años como periodista en medios como Reforma, El Centro y Notimex, así como funcionario de comunicación social en dependencias de gobierno y legislativas. Actualmente trabaja como periodista especializado en temas de religión.