¿Quién fue el mexicano que murió en el Titanic tras ceder su lugar en un bote a una mujer?
Manuel Uruchurtu pudo salvarse del Titanic, pero cedió su lugar en un bote a una mujer. Su historia, entre la verdad y la leyenda, recuerda valores de honor y sacrificio.
Cuando el Titanic chocó contra un iceberg el 14 de abril de 1912, el mexicano Manuel Uruchurtu tenía la vida asegurada.
El legislador originario del estado de Sonora, México, viajaba en primera clase y, por lo tanto, tenía un lugar seguro en los pocos botes salvavidas que tenía la embarcación, en caso de que se presentara una emergencia en el majestuoso trasatlántico británico de la compañía White Star Line.
¿Quién fue Manuel Uruchurtu?
Manuel Uruchurtu Ramírez nació en Hermosillo, Sonora, 27 de junio de 1872 y fue un abogado, jurista y político mexicano. Cuando abordó el Titanic era diputado y, por aquellos tiempos, se estaba postulando para una senaduría por el estado de Sonora.
De hecho, según los relatos de la familia y amigos, no tenía pensado viajar en el Titanic, pero cedió a la oportunidad de poder viajar en el transatlántico más grande jamás construido por el hombre en esa época.
Manuel Uruchurtu tenía 42 años de edad cuando subió la embarcación y su vida la había dedicado a la política, gracias a lo cual fue diputado en cuatro ocasiones, además de funcionario en el gobierno del presidente Porfirio Díaz.
¿Por qué abordó el Titanic?
De acuerdo con sus descendientes, Uruchurtu viajó a Europa para visitar a sus compañeros y conocer las Cortes Españolas, además de que señalan que su travesía al viejo continente fue modesta, con pocos recursos, e incluso su viaje de regreso sería en un barco normal. Sin embargo, antes de zarpar, en abril de 1912, un amigo cercano le cambió su pasaje por un boleto de primera clase en el Titanic.
De acuerdo con los relatos, Manuel viajó a Francia para visitar a su amigo Ramón Corral; luego de haber cumplido con su cometido, adquirió un boleto para viajar el 10 de abril en el Trasatlántico París, de Cherburgo, Francia, al puerto de Veracruz, México.
Cuentan que a finales de marzo o principios de abril Uruchurtu, hospedado en el Hotel París, en Francia, recibió la visita de Guillermo Obregón, yerno de Ramón Corral y presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados de México, quien le hizo una propuesta que el sonorense aceptó.
Obregón había pagado un poco más de 27 Libras esterlinas por un boleto de primera clase para viajar en el lujoso trasatlántico RMS Titanic en su viaje inaugural hacia el puerto de Nueva York, Estados Unidos, pero había cambiado de parecer y deseaba intercambiar boletos, a lo que Uruchurtu accedió.
La tragedia y la “leyenda”
Al viajar en primera clase, don Manuel tenía un lugar seguro en los pocos botes salvavidas que tenía la embarcación. Así, cuando el Titanic comenzó a hundirse subió a uno de ellos, pero cuando estaba arriba una una mujer se acercó y rogó por un lugar, alegando que su esposo y su hijo la esperaban en Nueva York, Estados Unidos, pero la tripulación del Titanic se negó a que subiera.
Entonces, Uruchurtu sin dudarlo le cedió su lugar a aquella señora, solo a cambio de la promesa de que ella viajara a México para contar a su familia lo que había sucedido.
“Siempre fue una historia de familia, de esas que vienes arrastrando generación tras generación pero que no salen de tu casa, se quedan en la sobremesa”, contó su sobrino bisnieto, Antonio Uruchurtu, en entrevista con el periódico Chicago Tribune.
“Su historia sirve para rescatar valores. Cuando padres y abuelos eran unos caballeros la valentía, el respeto a la mujer y la lealtad estaban por encima de su vida, todos los valores que la sociedad actual está urgida de recuperar”, aseguró.
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Promesa cumplida
De acuerdo con el relato de los familiares de Manuel Uruchurtu, la mujer a la que le cedió su lugar en bote salvavidas se llamaba Elizabeth Ramell Nye, de nacionalidad inglesa, y luego de que pasaron 12 años de la tragedia del Titanic viajó a Sonora, México, para cumplier su promesa e informar a su familia lo que ocurrió el 14 de abril de 1912.
A partir de aquí existen dos versiones: una que asegura que la señora Ramell decía la verdad y otra más afirma que en aquel viaje a México ella reconoció que en realidad no estaba casada ni tenía hijos.
Toda esta historia está envuelta en polémica, pues la familia de Uruchurtu defiende su veracidad, aunque no existen documentos que sostengan sus dichos.
“Cuando me puse a investigar me di cuenta que no había pruebas fehacientes, no pude apoyarme en ningún documento”, dijo por su parte la escritora mexicana Guadalupe Loaeza, quien escribió el libro “El caballero del Titanic”, una biografía novelada sobre la vida de Uruchurtu.
Verdad o leyenda, la historia de Manuel Uruchurtu es una historia que rescata los valores de caballerosidad.
*Con información de Jorge Reyes
**Esta nota se actualizó el 8 de abril de 2026




