¿Gritar educa? Especialistas responden a una práctica común en México

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¿Gritar educa? Especialistas responden a una práctica común en México

Muchos padres quieren educar sin gritos, pero no saben cómo. Expertos explican cómo lograrlo sin perder autoridad.

7 mayo, 2026
¿Gritar educa? Especialistas responden a una práctica común en México
Educar sin violencia implica poner límites con amor y sin recurrir al miedo o al castigo. Foto Desde la fe IA

Durante generaciones, frases como “un manazo a tiempo corrige” han marcado la forma de educar a los hijos en México. Estas ideas, profundamente arraigadas, han servido para justificar prácticas violentas en la crianza. Sin embargo, en un contexto donde el país enfrenta múltiples formas de violencia, cada vez más especialistas advierten que educar desde el miedo no forma, deja huella.

La violencia en la educación sigue normalizada, mientras muchos padres enfrentan otra dificultad creciente, la de poner límites sin recurrir al miedo o al castigo. Entonces surge una pregunta clave: ¿Es posible educar sin violencia sin perder la autoridad?

faltas de respeto en la familia
Es necesario transformar la manera en la que se educa a niñas, niños y adolescentes. Foto: Especial

Un llamado a repensar la crianza

En medio de este contexto, especialistas han comenzado a insistir en la necesidad de transformar la forma en que se educa a niñas, niños y adolescentes. En el marco de la Semana del Buen Trato, organizada por la Comisión para la Protección de Menores de la Arquidiócesis Primada de México, la psicóloga clínica Adriana Zúñiga explicó que educar sin violencia no implica la ausencia de límites, sino aprender a ejercer una autoridad basada en el respeto, la conciencia y el vínculo con los hijos.

La violencia no siempre se ve

De acuerdo con la especialista, la violencia no se limita a golpes o agresiones visibles. “La violencia es toda acción u omisión que daña la dignidad del otro”. Esto incluye prácticas que muchas veces se consideran normales:

  • gritos
  • humillaciones
  • comparaciones
  • burlas
  • ignorar o aplicar la “ley del hielo”

Se trata de formas más sutiles, pero con un impacto real en el desarrollo emocional de niños y adolescentes. En México, estas prácticas suelen justificarse como parte de la crianza tradicional, lo que contribuye a que se repitan de generación en generación.

Este problema no es menor. De acuerdo con datos de UNICEF, en México 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes han sido educados con métodos de disciplina violentos, ya sea en el hogar, la escuela o su entorno cercano.

Además, al menos la mitad ha experimentado agresiones psicológicas, como gritos, humillaciones o comparaciones, formas de violencia que suelen pasar desapercibidas, pero que impactan profundamente su desarrollo emocional.

Lejos de ser casos aislados, estas prácticas continúan normalizándose en la vida cotidiana, lo que dificulta reconocerlas y transformarlas.

Entre el control y la permisividad

Hoy, muchos padres viven una tensión constante. Buscan evitar la violencia, pero al mismo tiempo temen perder autoridad si no corrigen con firmeza y, en ese intento por encontrar equilibrio, es frecuente que la crianza se vuelva inconsistente, alternando entre momentos de control rígido y otros de permisividad.

En este contexto, la psicóloga Adriana Zúñiga advierte que la forma en que los adultos responden tiene un impacto directo en el desarrollo emocional de niñas, niños y adolescentes. Cuando los mensajes no son claros o las reacciones cambian constantemente, se afecta la manera en que los menores comprenden los límites y se relacionan con los demás.

De acuerdo con especialistas en desarrollo infantil, crecer en entornos con límites poco consistentes puede generar confusión, inseguridad y dificultades para regular emociones, además de afectar la forma en que los niños aprenden a convivir y respetar normas.

Entre el autoritarismo y la ausencia de límites, muchos niños crecen sin referentes claros, lo que impacta su desarrollo emocional y su manera de vincularse con los demás.

¿Por qué se sigue educando con violencia?

Zúñiga explica que este fenómeno responde a distintos factores:

  • Herencia cultural. La idea de “así me educaron y estoy bien” sigue justificando prácticas violentas.
  • Falta de herramientas. No es falta de amor, sino de recursos para manejar emociones y conflictos.
  • Búsqueda de resultados inmediatos. Gritar o castigar funciona rápido, pero no educa a largo plazo.
Los gritos dañan la seguridad de los niños. Foto: iStock
Los gritos dañan la seguridad de los niños. Foto: iStock

El impacto en los hijos

Las consecuencias no siempre son visibles de inmediato, pero sí profundas. “Todo tipo de violencia deja huella, aunque no haya sido la intención”.

De acuerdo con organismos internacionales como UNICEF, la exposición constante a la violencia, incluso en formas consideradas “leves” como gritos o humillaciones, puede generar estrés tóxico, una condición que mantiene al niño en estado de alerta permanente y afecta su desarrollo cerebral.

Este tipo de experiencias no solo impacta en el momento, sino que puede tener efectos a largo plazo. Entre los más frecuentes se encuentran:

  • ansiedad y depresión
  • estrés constante o dificultad para sentirse en calma
  • problemas para regular emociones
  • baja autoestima
  • dificultades en el aprendizaje
  • problemas para relacionarse con otros

Además, la evidencia muestra que la violencia en la infancia puede alterar el desarrollo del sistema nervioso y del cerebro, afectando la capacidad de concentración, la toma de decisiones y el control de impulsos.

En muchos casos, los niños crecen en un estado de hipervigilancia, es decir, atentos constantemente al entorno para anticipar una amenaza. Esto se traduce en miedo, inseguridad y una forma de relacionarse basada en la defensa más que en la confianza.

De acuerdo con la UNICEF, esta experiencia a largo plazo también puede perpetuar ciclos de violencia, ya que quienes crecen en estos entornos tienen mayor riesgo de reproducir esas mismas dinámicas en la vida adulta.

Los niños no se regulan solos

Uno de los errores más comunes es exigir a los niños que se controlen cuando aún no tienen la capacidad de hacerlo. Cuando un niño hace un berrinche, no está siendo “malcriado”, está desregulado emocionalmente. En ese estado, su cerebro entra en modo alerta y se desconecta de las áreas encargadas del razonamiento y el autocontrol.

Por eso, intentar corregir en ese momento suele ser poco efectivo. Primero necesita recuperar la calma. Al respecto, Zúñiga explicó que los niños requieren de un adulto que les ayude a regularse, ya que no cuentan aún con las herramientas para hacerlo por sí mismos.

Especialistas en desarrollo infantil coinciden en que esta capacidad de autorregulación, se desarrolla progresivamente y depende en gran medida del acompañamiento del adulto. Cuando esto no ocurre, el niño puede permanecer en estados de estrés o frustración sin aprender a gestionarlos.

¿Cómo educar sin violencia?

El cambio no ocurre de un día para otro, pero sí puede comenzar con pasos concretos.

Revisarse como adulto

Zúñiga subraya que todo empieza por el propio estado emocional, “no puedes regular a un niño si tú como adulto y como padre o madre estás desbordado”. El estrés, el cansancio y la sobrecarga influyen directamente en la forma de educar. Un adulto saturado difícilmente podrá acompañar con calma.

Tener claro qué se quiere enseñar

Muchas veces los padres buscan transmitir valores como el respeto, la empatía o el autocontrol, pero las formas utilizadas contradicen ese objetivo.

Como advierte la especialista, es importante preguntarse constantemente: ¿lo que hago realmente enseña lo que quiero enseñar?

Hacer cambios pequeños pero constantes

La transformación no requiere perfección inmediata, sino conciencia cotidiana. Pequeños ajustes sostenidos pueden generar cambios significativos en la relación con los hijos, por ejemplo:

  • evitar insultos
  • no comparar
  • corregir sin humillar

Reparar cuando hay errores

Educar sin violencia no significa no equivocarse, sino saber reparar. Pedir perdón, reconocer errores y reconstruir el vínculo enseña a los niños que las relaciones también se fortalecen desde la humildad y la responsabilidad emocional.

Educar mejor empieza con conciencia

Educar sin violencia no significa hacerlo perfecto, sino hacerlo consciente. Implica cuestionarse constantemente:

¿Qué necesita mi hijo para sentirse amado, seguro y acompañado?

En un contexto donde la violencia y la permisividad conviven, encontrar ese equilibrio se vuelve uno de los mayores retos, y también una de las tareas más urgentes, para las familias hoy, concluye la especialista.



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.