Britta Curl-Salemme, oro olímpico y fe: la base de su vida y carrera
La medallista de oro en Invierno 2026 afirma que la fe le da orden, identidad y fortaleza en su carrera deportiva
Ver brillar a una atleta en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, con su medalla de oro, como Britta Curl-Salemme, integrante del equipo femenino de hockey de Estados Unidos, da alegría. Su disciplina entusiasma y se vuelve un espejo para tantos jóvenes. Pero detrás del hielo, la adrenalina y el entrenamiento hay algo más profundo: una fe que ella no esconde y que sostiene su vida. Britta lo dice con sencillez: “sin la fe, la vida se volvería caótica y estresante”. Por eso, al iniciar el día, vuelve a lo primero: la Biblia. No es un gesto romántico; es su manera de recuperar centro, perspectiva y fuerza interior.
La fe como integración, no como obstáculo en el alto rendimiento
Para Britta, vivir y expresar su fe no le «quita», «frena» o «complica» la vida; la ordena. Le da sentido, le devuelve la medida y la ayuda a recordar quién es cuando todo alrededor exige rendimiento. En su historia aparece un detalle concreto y contracultural: la fidelidad a la Misa dominical, incluso cuando la agenda exige viajes, torneos y cambios de ciudad.
Sus padres se aseguraban de que la familia no la perdiera, y esa coherencia se convirtió en una brújula interior. Ir a Misa no es “cumplir”, es volver al origen y recordar que hay una verdad más grande que cualquier medalla.
El deporte de equipo como formación del carácter
Hay una frase suya que debe hacernos pensar. Britta ve el hockey como uno de sus «caminos para ser santa». Y explica por qué: un equipo te educa donde más cuesta, en el trato diario con personas distintas, en la disciplina compartida, en la humildad de aceptar correcciones, en la renuncia a acaparar protagonismo.
Como deporte de equipo, a veces te prueba hasta «morir» al ego y poner al otro —y al equipo— por delante. Eso es vida cristiana en acción: el carácter se forma en lo pequeño, en los roces cotidianos, en los límites, en la fidelidad humilde.
Influencia espiritual de Santa Teresita de Lisieux
Fuera del hielo, su referencia es una mujer “sin casco”, pero con un corazón inmenso: Santa Teresa de Lisieux. Britta cuenta que un libro inspirado en su espiritualidad (I Believe in Love) le cambió la mirada: le abrió un modo nuevo de comprender la humildad, ver la vida y de rezar.
Teresita enseña algo que hoy urge recuperar: la santidad no es una vida extraordinaria para unos pocos; es una vida ordinaria vivida con amor. Y eso convierte entrenamiento, estudio, familia y trabajo en terreno real de gracia.
Milán-Cortina deja el brillo del hielo y el peso del oro. Pero el testimonio de Britta deja algo más increíble, y más necesario, una estabilidad que no se compra con victorias. La Palabra de Dios da vida como el Cuerpo y la Sangre de Cristo cada domingo. Una santa que enseña a amar en lo pequeño. Y un equipo que obliga a salir del yo.
Tal vez por eso su frase resulta tan luminosa: vivir así convierte el deporte, y cualquier vida, en un “pequeño entrenamiento para el cielo”. El oro pasa. Lo que queda es el corazón que aprendió a pertenecer… y a amar.


