¿Por qué no basta con ir a Misa cada domingo? Esto dice el Papa León XIV
León XIV pide formar en liturgia a todo el Pueblo de Dios y propone seis claves para vivir la Eucaristía con mayor conciencia y fe.
El Papa León XIV llamó al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a buscar caminos concretos para que la formación litúrgica llegue a todos los fieles y subrayó que los sacerdotes deben asumir el papel “mistagogos” a fin de acompañar a las comunidades en el conocimiento de los misterios de la fe.
En una carta dirigida al cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio, con motivo de la Conferencia Litúrgica que se celebra en la Abadía de Mount Angel, en Oregón, el Santo Padre destacó que la formación litúrgica debe involucrar “a todos los niveles del Cuerpo de Cristo“, tanto a los ministros ordenados como a los fieles laicos, a fin de que esta tarea no quede reservada a especialistas, académicos o agentes pastorales.
En la carta, fechada en el Vaticano el 29 de junio de 2026, León XIV retoma una de las preocupaciones centrales de la Carta Apostólica Desiderio desideravi, publicada por el Papa Francisco en 2022: que los católicos no se limiten a conocer exteriormente los ritos, sino que aprendan a participar en ellos de manera consciente, plena y fructuosa.
La formación litúrgica no es para unos cuantos expertos
León XIV recordó que Francisco había insistido en que la formación litúrgica “no es una especialización para unos pocos expertos, sino una disposición interior de todo el Pueblo de Dios”.
Por ello, el Papa invitó al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a explorar propuestas concretas que permitan llevar esta formación a todos los ámbitos de la vida eclesial.
La perspectiva coincide con lo señalado por Desiderio desideravi: es necesario difundir el conocimiento de la liturgia fuera de los ambientes académicos y hacerlo accesible para que todos los creyentes puedan crecer en la comprensión de su sentido teológico, de los textos, de los signos y de los dinamismos rituales.
Esto supone, en la práctica, superar la idea de que la formación litúrgica consiste únicamente en preparar a sacerdotes, seminaristas, religiosos, ministros o integrantes de equipos parroquiales, ya que “el destinatario es todo el Pueblo de Dios”.
Los sacerdotes tienen una responsabilidad especial
El llamado del Papa, sin embargo, no significa dejar de lado la preparación de quienes presiden y sirven en las celebraciones, pues subrayó que debe mantenerse una prioridad en la formación de quienes reciben el sacramento del Orden, porque están llamados a desempeñar una función de “mistagogos”: personas que toman de la mano a los fieles y los acompañan en el conocimiento y la vivencia de los santos misterios.
De esta manera, el sacerdote no aparece simplemente como quien “ejecuta” correctamente un rito, sino como quien ayuda a la comunidad a entrar cada vez más profundamente en el misterio que celebra.
La propia Carta Apostólica Desiderio desideravi señala que el conocimiento adquirido mediante el estudio es apenas un primer paso y que quienes presiden la asamblea necesitan también una experiencia viva de la fe y de la celebración para poder acompañar a sus comunidades.
¿En qué debe basarse la formación litúrgica?
En la carta que envió a los participantes en la Conferencia Litúrgica que se realiza Oregón, Estados Unidos, el Papa León XIV planteó que los primeros pasos para la formación litúrgica se presentan en la práctica habitual de participar en la Eucaristía que se celebra cada domingo, ya que estas celebraciones se enmarcan en el ritmo anual del año litúrgico que tiene al Misterio Pascual como centro.
“Por ello, es fundamental que sean profundamente formativas, promoviendo una comprensión cada vez más profunda del arte de celebrar, expresado no solo por quien celebra la liturgia, sino también por toda la asamblea. De este modo, mediante una educación adecuada y una liturgia reverente, los católicos se formarán tanto para la liturgia como por la liturgia”, propuso.
De la misma manera, continuó el Santo Padre, para promover la celebración digna de los sagrados misterios es fundamental enfatizar la necesidad de apegarse con fidelidad a los textos e instrucciones aprobados por la Iglesia católica.
“En mis recientes catequesis sobre la Constitución de la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, he llamado la atención sobre el respeto que todos aquellos llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, y los sacerdotes en particular, deben mostrar hacia los ritos promulgados por el Papa San Pablo VI y el Papa San Juan Pablo II”, apuntó.
El Pontífice subrayó que es vital que este respeto “nazca de una actitud interior de apertura y confianza en Dios, manifestando humildad ante su grandeza y sincera fidelidad a la comunión eclesial”.
A partir de lo anterior, León XIV planteó seis aspectos en los que se debe basar la formación litúrgica:
- La Eucaristía dominical debe ser la primera escuela de liturgia.
- Formarse para la liturgia y por medio de la liturgia.
- Comprender el sentido teológico de la liturgia.
- Cuidar el “arte de celebrar” de toda la asamblea.
- Mantener la fidelidad a los libros y normas litúrgicas.
- Tener una formación permanente que conduzca a la vida cristiana
Una tarea para toda la Iglesia
El mensaje de León XIV coloca así la formación litúrgica ante un horizonte amplio: no formar únicamente a quienes tienen responsabilidades específicas en la celebración, sino formar a todo el Pueblo de Dios para vivir la liturgia y dejarse formar por ella.
De esta manera, la tarea que el Pontífice encomienda al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos consiste precisamente en encontrar los caminos para hacer realidad este objetivo.
La clave para ello, de acuerdo a lo que señala en su carta el Papa, no está en multiplicar especialistas, sino en conseguir que la celebración dominical, el año litúrgico y la vida sacramental sean auténticos espacios de formación cristiana.
En ese proceso, los sacerdotes tienen una responsabilidad particular como mistagogos, pero la meta alcanza a toda la comunidad: que cada bautizado pueda comprender más profundamente lo que celebra, participar con mayor conciencia y permitir que la liturgia transforme su vida.

