Guardianes de la vejez
La verdadera crisis de las personas adultas mayores no está en la fragilidad física, sino en la falta de acompañamiento
Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).
San Juan Pablo II ofreció al mundo una de las lecciones más profundas sobre la dignidad en el declive de la vida: el “atardecer de la existencia” no carece de luz, exige compromiso social inquebrantable para evitar la extinción de esa luz con el abandono.
Esa reflexión devela uno de los grandes pendientes. La verdadera crisis de las personas adultas mayores no está en la fragilidad física, sino en la falta de acompañamiento, lo cual les convierte en blancos vulnerables para el despojo, la extorsión o el fraude.
La estadística arroja una realidad que debería sacudir la conciencia pública: según los registros más recientes del INEGI, en México habitan más de 15 millones de personas de 60 años o más, de las cuales cerca de 1.7 millones viven solas. Esta cifra no es solo un indicador demográfico; es el censo del aislamiento.
Iniciativas como el sistema de cuidados propuesto por la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, abordan la urgencia de humanizar la metrópoli, pero el esfuerzo será insuficiente si la comunidad no se asume como guardiana de sus mayores. La seguridad de las y los ancianos comienza cuando el vecino conoce su nombre, les acompaña y da esperanza.
La delincuencia moderna ha evolucionado con una sofisticación no solo roba dinero, sino la confianza de quienes, ante la falta de conversación, encuentran en el teléfono su única ventana al mundo. Prevenir estos ataques no es solo una tarea de ciberseguridad, sino un ejercicio de proximidad y justicia social.
El acompañamiento debe ser una política pública y una práctica de fe que trascienda la entrega de una pensión económica; de poco sirve el apoyo financiero si este termina convertido en botín de un extorsionador que se aprovecha de la soledad del beneficiario.
Ignorar a las y los mayores equivale a eso llamado por el Papa Francisco la “eutanasia social”, una negligencia colectiva que deja espacios abiertos para la impunidad.
En la conmemoración del Día de la Carta a un Anciano tenemos la oportunidad de transitar de una caridad asistencialista a una solidaridad política y espiritual que sitúe a las personas adultas mayores en el centro de las decisiones, con acciones tan sencillas como recordarles y apuntarles números telefónicos de apoyo, entre ellos el 9-1-1 para emergencias, 089 de denuncia anónima, *765 en casos de violencia de género, el 555036 3301 de la Línea Antiextorsión o el 55 5533 5533 del Consejo Ciudadano para
asesoría jurídica o contención emocional.
Protegerles no se limita a seguir un manual de consejos, sino a ofrecer la mano que confirma presencia y pertenencia de los guardianes de la vejez.

