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COLUMNA

Historias ciudadanas

Francisco en Teotihuacán

Al conmemorarse el aniversario de su muerte, el legado del Papa Francisco reaparece como un exhorto a caminar en comunidad hacia la reconstrucción de la cohesión del tejido social.

24 abril, 2026
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Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX). 

Aquel 14 de febrero de 2016, en el cielo del Valle de México se dibujó una escena cargada de profundo simbolismo. El Papa Francisco sobrevolaba en helicóptero la zona arqueológica de Teotihuacán durante su trayecto de la Ciudad de México hacia Ecatepec.

Desde las alturas contempló las monumentales pirámides del Sol y de la Luna. En tierra, fieles y visitantes alzaron la vista y agitaron sus manos para saludar a quien encarnaba un llamado ético contra la desigualdad y la violencia.

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El pontificado de Francisco siempre insistió en una acción pastoral firmemente centrada en la defensa irrestricta de la dignidad humana, manifestando un enérgico rechazo a aquello llamado por él mismo como la cultura del descarte. Su mirada siempre buscó impulsar una Iglesia preocupada por las heridas sociales y decidida a proponer una sólida ética del encuentro frente a comunidades fragmentadas e indiferentes.

Ahora, al conmemorarse el aniversario de su muerte, el legado del Papa Francisco reaparece como un exhorto a caminar en comunidad hacia la reconstrucción de la cohesión del tejido social.

Aquella estampa aérea del año 2016 adquiere un matiz doloroso y distinto cuando la contrastamos con los hechos de violencia ocurridos el 20 de abril en la Pirámide de la Luna, donde un hombre armado atacó a turistas.

La reacción del Obispo de Teotihuacán, Monseñor Guillermo Francisco Escobar Galicia, quien expresó públicamente su hondo dolor de pastor y llamó con firmeza a retomar los valores cristianos, conecta directamente con una preocupación del Papa Francisco denunciada persistentemente en su magisterio.

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La simple apelación a los valores morales no basta si no se traduce en prácticas cotidianas y estructuras sociales restitutivas garantes del pleno reconocimiento del prójimo. Zygmunt Bauman, en su obra Amor Líquido, ha señalado como el principal peligro de las sociedades contemporáneas la fragilidad de los lazos humanos bajo una lógica de consumo y desecho.

Para contrarrestar esa fragilidad, la Iglesia invita a redescubrir el significado de la fraternidad. El Papa León XIV recuerda constantemente que la paz exige un compromiso más allá de la ausencia de conflictos armados o gritos en las calles, y esta semana al recordar a su antecesor resaltó el énfasis que hacía en “un auténtico respeto por todos los hombres y mujeres, en este espíritu de fraternidad entre todos”.

La verdadera paz requiere voluntad compartida sin dejar a nadie atrás. Es momento de transformar la fe en acciones.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


Autor

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).