Editorial

Por la sublime causa de la misión

La primera dimensión del mandato cuando Cristo resucitó de entre los muertos es universal, les dijo: ‘Vayan y enseñen a toda la gente’ (Mt 28,19)”.

Una vez más el Papa Francisco al convocar el Mes Misionero Extraordinario para este año, no quiere perder la ocasión para proclamar la necesidad de la conversión pastoral que requiere discípulos misioneros, que viven su vocación desde el encuentro personal con Jesucristo; constantemente nos está llamando a un estado permanente de conversión y de misión.

El lema “Bautizados y enviados” como estilo de vida, no sólo es para este mes, tiene raíces muy profundas en el mandato misionero del Resucitado que confía a sus discípulos una tarea universal. Todos los bautizados somos enviados y llamados a la misión. La universalidad viene especificada por la dirección “a toda la gente” (ad gentes).

Pero, ¿qué ocurre hoy con la misión ad gentes? ¿por qué es cada vez menos visible e importante toda la actividad misionera “más allá de las fronteras” en los llamados territorios de misión? Son muy pocas las Iglesias locales que promueven la vocación misionera ad gentes entre sus agentes de pastoral, la expresión “para qué ir tan lejos si aquí tenemos muchas necesidades” es muy común. El Papa San Juan Pablo II ya había señalado que una iglesia misionera “sabe dar desde su pobreza”. Y, por otro lado, la missio ad gentes, siempre necesaria en la Iglesia, contribuye así de manera fundamental al proceso de conversión permanente de todos los cristianos (JMM, 2019).

Se puede decir que no encontramos el mismo entusiasmo. Parece que el espíritu de la nueva evangelización ha arropado a la misión ad gentes. Da la impresión que todo es nueva evangelización que, en lugar de una modalidad o situación, sea el nuevo nombre de la misión, absorbiendo el primer anuncio y la acción pastoral ordinaria.

Muchas iniciativas pastorales nos hacen pensar que no hay confines claros entre los ámbitos o modalidades de la misión, pues la movilidad humana y los cambios sociales hacen que las fronteras dejen de ser geográficas para ser humanas y culturales.

Sin embargo, la primera dimensión del mandato cuando Cristo resucitó de entre los muertos es universal, les dijo: ‘Vayan y enseñen a todas las gentes’ (Mt 28,19)”. Los destinatarios de la misión son todos los pueblos, naciones, etnias, gentes.

Dejemos en nuestro corazón la invitación del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones: También hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que, en virtud de su Bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local. Ellos son enviados a las gentes en el mundo que aún no está transfigurado por los sacramentos de Jesucristo y de su santa Iglesia.

Que el fruto de la Megamisión en nuestra Arquidiócesis nos recuerde una vez más que nuestro objetivo es la evangelización de las culturas de la Ciudad de México, desde una pastoral de encarnación, de testimonio y de diálogo; y nos proyecte a pensar en la posibilidad de ser agentes de pastoral “fidei donum” para el mundo.

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