Editorial

Nuestros niños nos necesitan

El futuro de la sociedad no sólo está en las decisiones que tomen en algunos años quienes hoy son niños, también tiene como base lo que les enseñamos hoy.
El futuro depende de la vulnerabilidad en la que dejamos a nuestros niños.
El futuro depende de la vulnerabilidad en la que dejamos a nuestros niños.

Hace una semana, el Cardenal Carlos Aguiar Retes hizo una pregunta de gran relevancia en su homilía dominical: “¿Hemos aprendido en qué consiste la misión de ser hijos de Dios, discípulos de Jesús?”

No basta –explicó el Arzobispo– ni debemos quedarnos contentos con decir: “Ya soy Hijo de Dios, sólo por el hecho de ser bautizados. Debemos edificar la familia de Dios”.

Lee: Cardenal Aguiar urge a trabajar por la familia, la seguridad y los pobres

Nuestra sociedad pasa por momentos difíciles, retos que exigen nuestra atención, y crisis que nos deben impulsar a actuar de forma urgente.

De nada sirve hablar de violencia, si no fomentamos en nuestra familia los valores fundamentales; de nada sirve hablar de corrupción, si no somos ejemplo de rectitud cada día; de nada sirve hablar de inequidad, si no somos justos desde el rol social que tenemos.

México nos necesita, nuestros hijos nos necesitan. El futuro de nuestra sociedad no está sólo en las decisiones que tomen en algunos años quienes hoy son niños, adolescentes o jóvenes. El futuro también tiene como base lo que nosotros les estamos enseñando hoy, la atención y escucha que les ponemos.

Lee: 4 maneras de desarrollar virtudes en los niños

El futuro de nuestra sociedad también depende de la vulnerabilidad en la que estamos dejando a nuestros hijos. Una vulnerabilidad a las adicciones, a la violencia, a la codicia, a la corrupción y al simple deseo de los bienes materiales.

Hemos recibido duras y dolorosas lecciones que no podemos desatender. Evitemos las reacciones tardías y trabajemos en la construcción de la familia de Dios; que nuestro Padre pueda decir en cada uno de nosotros: “Este es mi hijo amado”.

Fortalezcamos nuestros lazos familiares, no sólo entre padres e hijos, sino también entre hermanos; fortalezcamos los valores; fortalezcamos nuestra educación y formación cristianas; y fortalezcamos la relación que cada uno de nosotros tiene con Dios.

Si no actuamos en consecuencia, estaremos dejando a nuestra sociedad en una absoluta indefensión.