El derecho a posicionarse por el bien común

¿Implica una violación al Estado laico el que la Iglesia realice posicionamientos sobre temas públicos? La respuesta es no.
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Foto: www.gob.mx

Estamos en época electoral en México, y es recurrente que surjan las preguntas de cuál es el papel que puede jugar la Iglesia Católica en las elecciones.

En este país, especialmente, el vínculo de política e Iglesia ha sido muy delicado, pues las relaciones Iglesia-Estado han provocado por lo menos dos grandes guerras internas: la llamada de Reforma, en 1857, y la Cristera, 69 años después de la primera.

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En el contexto legal actual, la Constitución Mexicana protege el derecho de las personas a profesar la fe que elijan, a través del artículo 24 Constitucional. Este es un derecho humano de las personas, no de instituciones. Las personas son las que pueden elegir su fe y organizarse en torno a esa fe, con una doctrina, reglas y estatutos propios.

El mismo artículo de la Constitución prohíbe que las reuniones de las asociaciones religiosas con motivo de culto sean usadas para proselitismo político; esto es, realizar esfuerzos varios para convencer a los fieles de adoptar una posición a favor o en contra de una opción política, mientras que la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público prohíbe a los ministros de culto asociarse con motivos políticos y realizar proselitismo.

Entonces, ¿Implica una violación al Estado laico el que la Iglesia realice posicionamientos sobre temas públicos?

La respuesta es no. La Iglesia tiene la libertad y el derecho de propagar su Doctrina, siempre y cuando no se asocie con una opción política o realice proselitismo a favor o en contra de alguna opción en especial. Los temas de importancia de la sociedad, que implican parte esencial de la Doctrina Cristiana, como el combate a la pobreza y el desarrollo económico (el cuidado del prójimo), la seguridad pública (evitar la violencia, el robo, el asesinato), el cuidado de la vida, el cuidado y protección de la familia (orden natural y social), la búsqueda de gobiernos honestos y eficientes (verdad y justicia) no solo pueden, sino que deben acompañar el discernimiento diario y los actos de los fieles cristianos en nuestro país.

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También es importante recordar que la Iglesia la formamos todos, los ministros de culto con el Orden Sacerdotal, y los fieles laicos. Mientras que la labor del sacerdote, en materia pública, consiste en ayudar a iluminar la conciencia del fiel para que el discernimiento pueda ayudar a construir el bien común; corresponde al fiel laico participar activamente en la construcción de toda opción política que busque dar mejores gobiernos y resultados a este país.

Exhortamos así a los fieles laicos, hoy y siempre, a que pidan discernimiento a Nuestro Señor, para separar las necesidades reales de los ofrecimientos fáciles, los derechos humanos de las ideologías, y busquen la mejor opción, más allá de la mercadotecnia y los ataques entre candidatos. Y exhortamos a los candidatos a que pongan como su primer objetivo bien común y los problemas cruciales, antes que sus objetivos personales.

Recordemos las palabras de S.S. Benedicto XVI: “Cuando las iglesias o las comunidades eclesiales intervienen en el debate público, expresando reservas o recordando ciertos principios, esto no constituye una forma de intolerancia o de interferencia, puesto que tales intervenciones solo están destinadas a iluminar las conciencias, permitiéndoles actuar libre y responsablemente de acuerdo con las verdaderas exigencias de justicia, aunque esto pueda entrar en conflicto con situaciones de poder o intereses personales.”

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