25 de enero: La Iglesia celebra la Conversión de san Pablo
La Conversión de San Pablo es un momento clave del cristianismo. Saulo, perseguidor de los cristianos, se encontró con Cristo resucitado y transformó su vida para convertirse en el Apóstol de los gentiles.
El 25 de enero los fieles celebramos la Conversión de San Pablo, que es uno de los grandes acontecimientos de la Iglesia primitiva. Saulo, su nombre anterior, se había dedicado a perseguir a los cristianos, hasta el día de su conversión, cuando de camino a Damasco se le apareció Cristo en Su gloria resucitada. A partir de ese momento, se convertiría en Pablo, el “Apóstol de los gentiles“.
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¿Por qué la Iglesia celebra la Conversión de San Pablo?
Saulo fue uno de los primeros en perseguir a los cristianos. Uno de los casos más relevantes fue el de la lapidación de san Esteban, de la cual dice el Libro de los Hechos: Y Saulo estaba allí, dando su aprobación a la muerte de Esteban (8, 1).
La persecución de Saulo está referida en el Libro de los Hechos (9; 1-19):
Saulo no dejaba de amenazar de muerte a los creyentes e el Señor. Por eso, se le presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas de autorización para ir a las sinagogas de Damasco, a buscar a los que seguían el nuevo camino. Pero cuando ya se encontraba cerca de la ciudad de Damasco, una luz que venía del cielo brillo de repente a su alrededor. Saulo cayó al suelo y oyó una voz que le decía: ‘Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?’
Saulo preguntó ‘¿Quién eres, Señor?’ La voz le contestó: ‘Yo soy Jesús, el mismo a quien estas persiguiendo, levántate y entra en la ciudad, allí te dirán qué debes hacer’.
Posteriormente se narra como Saulo se levantó del suelo, pero cuando abrió los ojos, no podía ver. Así que lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver.
En Damasco vivía un hombre de fe de nombre Ananías, a quien el Señor se le presentó en una visión, y le dijo que fuera a una casa en donde se encontraba Saulo y pusiera las manos sobre su cabeza. Entonces, Saulo volvió a ver.
Luego el Señor le dijo: he escogido a ese hombre para que hable de mí a la gente de otras naciones, y a sus reyes, y también a los israelitas. Yo le mostraré lo mucho que tiene que sufrir por mi causa.
Ananías le dijo a Saulo: Jesús, el que se te apareció en el camino me ha mandado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo. Al momento cayeron de los ojos de Saulo una especie de escamas, y recobró la vista. En ese instante cayeron de los ojos de Saulo una especie de escamas y recobró la vista. Entonces se levantó y fue bautizado.
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La Basílica San Pablo Extramuros se levantó en el lugar en que murió
Saulo regresó a Jerusalén de donde tuvo que huir, y posteriormente realizó cuatro largos y pesados viajes. Primero estuvo en Antioquía, Salamina, Pafos, Perge, Iconio, y Derbe.
En su segundo viaje estuvo en Jerusalén, Éfeso, Atenas, Corinto, Macedonia, Fílipos, Samotracia, Listra, Antioquía.
En el tercero, volvió a visitar algunas de estas ciudades, pero además estuvo en Tiro, Rodas; y finalmente, en el cuarto, fue a la Isla de Malta y Sicilia.
Su último destino fue Roma, donde llegó encadenado y pidiendo audiencia con el Emperador para que él lo juzgara por ser ciudadano romano, para luego ser decapitado.
En el lugar donde murió San Pablo se levantó la Basílica de San Pablo Extramuros, llamada así porque estaba fuera de las murallas de Roma y, gracias a su testimonio de conversión, se convirtió en un lugar idóneo para encuentros interreligiosos.
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