San Ricardo: el rey que dejó el poder para morir como peregrino
San Ricardo renunció al poder para emprender una peregrinación de fe. La Iglesia lo recuerda cada 7 de febrero como patrono de los peregrinos.
La primavera apenas comenzaba cuando un hombre de alta alcurnia emprendió el camino con sandalias gastadas, un bastón y una fe inquebrantable. Había dejado atrás comodidades, honores y poder. Su destino era Roma y, después, Tierra Santa. No viajaba como rey, sino como peregrino. Aquel hombre era san Ricardo, a quien la Iglesia recuerda cada 7 de febrero como patrono de los peregrinos.
Aunque la tradición lo presenta como san Ricardo, rey de los ingleses (sanctus Richardus rex Anglorum), su memoria no está ligada a conquistas ni a decisiones políticas, sino a un gesto radical de fe: renunciar a todo para ponerse en camino confiando únicamente en Dios.
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¿Quién fue san Ricardo el Peregrino?
San Ricardo nació en Wessex, Inglaterra, hacia la segunda mitad del siglo VII. Las fuentes lo describen como un hombre profundamente creyente, esposo fiel y padre ejemplar, que formó a su familia en el amor a Dios. Este testimonio se refleja en un dato singular: todos los miembros de su familia son venerados como santos.
Su esposa, Wunna, posiblemente hermana de san Bonifacio, y sus hijos Winebaldo, Wilibaldo y Walpurga, siguieron caminos de santidad y evangelización que marcaron la historia cristiana de Europa.
Aunque es conocido como rey, diversos estudios históricos sugieren que san Ricardo pudo haber sido un noble inglés que decidió renunciar a su título y a sus bienes para vivir como peregrino, en un acto de desprendimiento total y abandono confiado en la providencia de Dios.
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Una peregrinación que marcó su legado
En la primavera del año 720, san Ricardo emprendió una peregrinación rumbo a Roma, con el deseo de venerar las reliquias de los apóstoles y encontrarse con el papa san Gregorio II. Tras esa visita, su intención era continuar hacia Tierra Santa, acompañado por sus dos hijos varones.
El viaje, sin embargo, no llegó a su destino final. Durante una escala en la ciudad italiana de Lucca, san Ricardo enfermó gravemente y murió de manera inesperada. Fue sepultado en la iglesia de san Frediano, donde, según la tradición, comenzaron a registrarse numerosos milagros junto a su tumba.
Sus hijos continuaron la peregrinación iniciada por su padre y, con el tiempo, se convirtieron en grandes evangelizadores, lo que contribuyó a difundir la devoción a san Ricardo en distintos lugares de Europa.
La Iglesia reconoció oficialmente su santidad en el siglo XII. Su fiesta litúrgica se celebra el 7 de febrero, y es venerado como patrono de los peregrinos, caminantes y montañeses.
San Ricardo recuerda que la santidad no depende del poder ni de los títulos, sino de la capacidad de dejarlo todo para seguir a Cristo con un corazón libre.



