4 de febrero: la Iglesia celebra a santa Catalina de Ricci, la monja dominica que “cuidó” al Niño Dios

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4 de febrero: la Iglesia celebra a santa Catalina de Ricci, la monja dominica que “cuidó” al Niño Dios

Santa Catalina de Ricci vivió una profunda unión con Cristo a través de visiones, estigmas y su matrimonio espiritual con Cristo.

4 febrero, 2026
4 de febrero: la Iglesia celebra a santa Catalina de Ricci, la monja dominica que “cuidó” al Niño Dios
Santa Catalina de Ricci destacó por su oración, gobierno y experiencias místicas. Conoce su legado dentro de la Orden de Predicadores.

En el silencio del convento dominico de Prato, algunas religiosas comenzaron a inquietarse al ver que una joven monja parecía quedarse dormida durante el rezo del coro. No se trataba de cansancio ni distracción: estaba absorta en profundos éxtasis espirituales. Con el tiempo, aquella escena revelaría la intensidad de la vida interior de santa Catalina de Ricci, una de las místicas más importantes del siglo XVI y figura clave de la renovación espiritual de la Iglesia católica durante la Reforma impulsada por el Concilio de Trento.

Santa Catalina de Ricci es recordada como una monja dominica de profunda vida espiritual, a quien se atribuyen numerosos milagros y fenómenos místicos. Su testimonio se inscribe en un momento decisivo para la Iglesia, cuando la santidad personal y la vida contemplativa fueron pilares de la renovación eclesial promovida tras el Concilio de Trento.

¿Quién fue santa Catalina de Ricci?

Su nombre completo era Alessandra Lucrezia Romola de Ricci. Nació en Florencia el 23 de abril de 1522, hija de Pier Francesco de Ricci y Caterina Bonza, miembros de una de las familias más influyentes y acomodadas de la ciudad.

Desde muy pequeña inició su formación en el monasterio benedictino de Monticelli, donde su tía Luisa de Ricci era abadesa. A los siete años ya manifestaba una intensa vida espiritual, marcada especialmente por su devoción a la Pasión de Jesucristo.

A los doce años pasó algunos días con las religiosas de la Tercera Orden de Santo Domingo en el convento de San Vicente de Prato, experiencia decisiva para su vocación. Un año después solicitó ingresar formalmente a la Orden de Predicadores. Recibió el hábito dominico de manos de su tío, fray Timoteo Ricci, y al profesar sus votos solemnes cambió su nombre por Catalina, en honor a santa santa Catalina de Siena.

Experiencias místicas

Santa Catalina de Ricci
Santa Catalina de Ricci recibiendo el anillo nupcial por parte de Jesucristo. Foto: Especial

Los años de noviciado estuvieron marcados por grandes pruebas. Catalina de Ricci comenzó a experimentar intensos fenómenos místicos durante la oración, aunque también se manifestaban en medio de sus tareas cotidianas. Estas experiencias provocaron incomprensión entre algunas hermanas, quienes llegaron a dudar de su idoneidad para la vida religiosa.

En varias ocasiones parecía quedarse dormida durante el rezo comunitario; sin embargo, se encontraba sumida en profundos éxtasis. A pesar de estas dificultades, perseveró con humildad, obediencia y fidelidad a la oración, hasta que con el tiempo su comunidad reconoció la autenticidad de su vida interior.

A los treinta años fue nombrada superiora del monasterio, cargo que desempeñó hasta su muerte. Además de su intensa vida contemplativa, destacó por su prudencia, capacidad de gobierno y equilibrio humano.

Apariciones y participación en la Pasión

Con el paso del tiempo, sus experiencias espirituales continuaron. Relató apariciones del Niño Jesús, a quien cuidaba con ternura, y visiones de Cristo en su Pasión, acompañándolo en distintos momentos de su sufrimiento. En una de sus revelaciones más conmovedoras, la Virgen María le permitió participar del dolor vivido al contemplar a su Hijo crucificado.

El don de los estigmas

Deseosa de unirse plenamente al misterio de la Pasión de Cristo, santa Catalina de Ricci recibió el don de los estigmas, acompañados de sangrados espontáneos. Durante la oración profunda aparecía en uno de sus dedos un anillo de coral, signo visible de su matrimonio místico con Cristo.

Amistad con san Felipe Neri

Santa Catalina mantuvo una estrecha relación espiritual con san Felipe Neri, con quien sostuvo correspondencia. El santo dio testimonio de que Catalina se le apareció milagrosamente mientras él se encontraba en Roma y ella en Prato, separados por varios kilómetros de distancia.

Santa Catalina de Ricci falleció el 2 de febrero de 1590, a los 68 años, tras una larga y dolorosa enfermedad. La tradición señala que, durante su agonía, se escucharon cantos celestiales que decían: “Veni, electa mea” (“Ven, mi elegida”).

Fue canonizada por el papa Benedicto XIV en 1746. Es patrona de los enfermos, de los religiosos y de la ciudad de Prato. Su cuerpo se conserva incorrupto en la basílica menor de San Vicente Ferrer, en Italia.



Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. Actualmente es editora en la Diócesis de Azcapotzalco y es reportera en Desde la Fe.