Cuando San Francisco de Asís, el “Juglar de Dios”, recorría las colinas de Umbría, su canto inspiraba a la fraternidad como alternativa al colapso de la civilización medieval. En pleno siglo XXI, esa juglaría reclama una nueva partitura donde la tecnología se transforme en aliado de la justicia. La seguridad, entendida como el derecho primordial a habitar el mundo sin miedo, requiere de una arquitectura que combine la mirada vigilante de la técnica con la observación compasiva del encuentro humano.
La videovigilancia se presenta así como una herramienta ciudadana para dar certidumbre de la capacidad institucional de atención. San Francisco de Asís comprendió que la paz es un ejercicio de visibilidad. Su “Cántico de las Criaturas” es un inventario de la realidad donde todo tiene un lugar y una dignidad. En esa misma lógica, el concepto Territorios de Paz en la Ciudad de México busca visibilizar lo que la violencia intenta ocultar.
La implementación masiva de dispositivos tecnológicos, como los del programa del C5 Ojos que Te Cuidan, al alcanzar más de 113 mil cámaras, convierten el espacio público en un bien común custodiado. La tecnología actúa como el juglar que inhibe.
Sin embargo, la construcción de la paz en México enfrenta desafíos que requieren un diagnóstico crudo y sin concesiones. El trabajo de la Iglesia católica ha sido fundamental en este proceso de escucha y diagnóstico. A través de los Diálogos Nacionales por la Paz, se ha consolidado una metodología de tres tiempos: mirar, interpretar y actuar.
Esta mirada no es ingenua. El Centro Católico Multimedial (CCM) ha documentado con precisión la vulnerabilidad de quienes sostienen el tejido social en las zonas más conflictivas. Su reporte anual evidencia una realidad compleja donde sacerdotes, laicos y comunidades religiosas enfrentan extorsiones, robos y la presión constante del crimen.
Ante este panorama, la estrategia de seguridad debe ser robusta y multidimensional. La incorporación de 15 mil 200 nuevos tótems de vigilancia es una inversión en la recuperación del derecho a la ciudad. Es aquí donde la propuesta técnica del gobierno de Clara Brugada y la propuesta ética de la Iglesia convergen: ambas buscan que la seguridad sea un bien público accesible para todos, especialmente para los más vulnerables.
La figura del juglar de la paz es necesaria en la esfera pública. San Francisco de Asís era pacificador que se atrevió a cruzar las líneas de batalla para dialogar con el Sultán en medio de las Cruzadas. Esa audacia inspira a proponer que la seguridad se construya desde la base, con la participación de la sociedad civil y el uso inteligente de la tecnología.

