¿Dónde están las flores que el Papa Francisco le regaló a la Virgen de Guadalupe?
Las rosas amarillas que el Papa Francisco dejó ante la Virgen de Guadalupe durante su visita a México fueron sometidas a un tratamiento especial y hoy se conservan en una urna de cristal en el Museo de la Basílica.
Con andar lento y actitud reflexiva, el Papa Francisco se encaminó hacia el camarín de la Basílica de Guadalupe. Era el 13 de febrero de 2016 y estaba a punto de encontrarse, por primera vez, con la imagen de la Virgen, ante la que millones de peregrinos habían rezado durante siglos.
Las crónicas de ese entonces destacan que el recorrido del Santo Padre estuvo marcado por el silencio y la solemnidad. Al llegar al camarín, unas niñas le entregaron un arreglo de rosas amarillas, que Francisco recibió antes de acercarse a la imagen de la Virgen de Guadalupe.
El Papa colocó las flores a los pies de la Morenita del Tepeyac, se persignó y después tomó asiento frente a ella. Durante alrededor de 20 minutos permaneció en oración y silencio, contemplando la tilma donde quedó grabada la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Aquel momento tenía un significado especial para Francisco, quien había expresado su deseo de poder rezar a solas ante la Virgen. Sin discursos ni ceremonias, simplemente se sentó frente a ella, como un peregrino más, y permaneció allí durante varios minutos antes de despedirse.
Pero, ¿qué ocurrió con aquellas flores después de la visita del Papa? Las rosas no se desecharon ni quedaron como un recuerdo privado. Las flores fueron sometidas a un proceso especial de conservación y actualmente pueden contemplarse en una urna de cristal en el Museo de la Basílica de Guadalupe.
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Así fueron conservadas las flores del Papa Francisco
De acuerdo con la Mtra. Nydia Rodríguez Alatorre, directora del Museo de la Basílica de Guadalupe, las flores recibieron un tratamiento de deshidratación mediante gel de sílice, un material utilizado para retirar la humedad de manera controlada.
“El procedimiento permite conservar las flores manteniendo, en la medida de lo posible, su volumen, forma y estructura, evitando que se encojan o deformen como ocurre con algunos métodos tradicionales de secado”, comenta a Desde la fe.
Para realizarlo, los capullos se colocan cuidadosamente dentro de un recipiente hermético y se cubren con los cristales de gel de sílice durante un periodo de varios días. El material absorbe la humedad de las flores y contribuye a conservar también buena parte de su pigmentación original.
Una vez terminado el proceso, las flores adquieren una textura rígida y delicada, por lo que requieren condiciones especiales para evitar que la humedad ambiental afecte su conservación.
Por ello, después de la deshidratación fueron colocadas dentro de un contenedor hermético de vidrio, que permite protegerlas del polvo y, sobre todo, de la humedad.
De esta manera, el arreglo floral que el Papa Francisco ofreció a la Virgen de Guadalupe quedó resguardado en una urna de cristal, donde permanece como testimonio material de aquella visita al Tepeyac, ocurrida hace una década.
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¿Cuál es el significado de las flores?
Las flores ocupan un lugar especial en la tradición guadalupana. De acuerdo con el relato de las apariciones, Juan Diego llevó ante el obispo Zumárraga un conjunto de rosas de Castilla que había recogido en el Tepeyac como señal de lo que la Virgen le había pedido. Al abrir su tilma, las flores cayeron al suelo y en ella quedó impresa la imagen de Santa María de Guadalupe.
En este contexto, las rosas que el Papa Francisco ofreció ante la imagen adquieren un significado particular. Casi cinco siglos después del acontecimiento narrado en las apariciones, otras flores llegaban al Tepeyac como expresión de veneración a la Virgen.
Su conservación permite mantener vivo un recuerdo concreto de aquella visita papal y, al mismo tiempo, establece un vínculo simbólico con una de las imágenes más importantes de la tradición guadalupana: las flores como signo de un encuentro con Santa María de Guadalupe.
Así, el arreglo que Francisco dejó ante la Virgen no sólo permanece como recuerdo de un viaje papal, sino como parte de la historia reciente del Tepeyac, resguardado para que las nuevas generaciones puedan conocer un pequeño fragmento de aquel 13 de febrero de 2016.
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Puedes visitar el Museo de la Basílica de Guadalupe, de martes a domingo, 10:00 a 17:00 horas. Ubicado en Fray Juan de Zumárraga No. 2, Villa Gustavo A. Madero, CDMX. Entrada: donativo de $10 pesos.

