¿Por qué el amor en el Matrimonio se parece a una vasija de barro?

Este Año de la Familia 'Amoris Laetitia' es una oportunidad de reflexionar en la belleza de este Sacramento.

El 19 de marzo de 2021, fiesta de san José, el Papa Francisco comenzó un Año de la Familia para impulsar una relectura y profundización de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, que habla sobre el amor en la familia.  Ya pasaron cinco años de su promulgación y por ello el Papa consideró importante invitarnos a profundizar en su mensaje.

Al dar inicio a este Año de la Familia, el Papa Francisco nos compartió el punto central de la exhortación: “La intención principal del documento es comunicar, en un tiempo y una cultura profundamente cambiados, que hoy es necesaria una nueva mirada a la familia por parte de la Iglesia: no basta con reiterar el valor y la importancia de la doctrina, si no nos convertimos en custodios de la belleza de la familia y si no cuidamos con compasión su fragilidad y sus heridas”.

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La belleza del Matrimonio, según el Papa Francisco.

La belleza del Matrimonio, según el Papa Francisco.

El Matrimonio pasará por pruebas que lo pueden resquebrajar

La experiencia de cada familia comienza por la belleza del amor que unos novios experimentan entre sí. Es esta belleza, expresada en los más variados signos, es la que seduce el corazón y hace soñar a una pareja la posibilidad de vivir toda una vida juntos para construir una comunidad de amor. Por ello, aunque frágil y delicada, la belleza del amor esponsal se muestra fuerte y capaz de construir una familia.

Sin embargo, esta belleza del amor esponsal se lleva en “vasijas de barro”; no solo por la fragilidad humana de cada miembro de una familia, sino por las pruebas que la vida impone, las cuales, de no ser bien asumidas, pueden resquebrajar o destruir el amor que un día transformó sus vidas.

Por ello, el Papa Francisco, en la exhortación apostólica Amoris Laetitia, nos llama a caminar cercanos a todas las familias, para iluminarlas, fortalecerlas y acompañarlas, conociendo sus problemas, sus sufrimientos, todas esas pequeñas y grandes situaciones que pesan y a veces obstaculizan su camino.

No podemos anunciar un Evangelio “desde afuera y desde arriba”, como si fuera éste una doctrina caída de lo alto que no asume la fragilidad de la vida cotidiana. Es en las relaciones de todos los días donde se fortalecen o se disuelven las relaciones esenciales de la familia; por ello, es ahí dónde el Evangelio de Cristo está llamado a penetrar los corazones para hacer posible el milagro del Amor perpetuo y fecundo.

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El Sacramento del Matrimonio. Foto: Cathopic

El Sacramento del Matrimonio. Foto: Cathopic

La gracia de Dios ayuda a superar obstáculos

Cuando la Iglesia pide a los esposos amarse “para toda la vida”, no lo pide porque crea que el amor humano sea perfecto; lo propone, conociendo la fragilidad del amor humano, pero confiando en el poder de la Gracia de Dios que ayuda a superar todo obstáculo cuando se está dispuesto a ponerse en sus brazos como familia. En pocas palabras, es el amor de Dios, su Gracia, y no nuestro voluntarismo el que hace posible el misterio del amor esponsal.

El amor esponsal se vive entre la fuerza de su belleza y la delicadeza de nuestras fragilidades; sin duda, llevamos nuestro amor más importante en vasijas de barro. A esto se unen todas las amenazas externas que hoy estamos viviendo.

Aprovechemos este Año de la Familia para profundizar en el mensaje que la Iglesia nos regaló en la exhortación aspotólica Amoris Laetitia. Estoy seguro que no será tiempo perdido y sí, una buena oportunidad de solidificar el amor esponsal que dio inicio a cada familia.

 

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