Mayo, el mes que nos recuerda quiénes somos
En mayo inicia celebramos a San José Obrero nos da oportunidad de valorar el trabajo masculino
ABRIL SE MURIÓ Y NADIE –hasta donde yo sé- le lloró siquiera media lágrima; la ausencia de llanto ante la pérdida tan lamentable (sí, así escribimos los vivos cuando sabemos que ya no nos leen los muertos) la justifico por tres motivos: es un mes breve que se fue volando (junto con junio, septiembre y noviembre), sus parientes y amigos andaban afanados y distraídos en vacaciones, “puentes” próximos y compras de cuasi pánico, y –motivo mayor- mayo siempre llega a llenar y rebasar huecos “irreparables”… EN MAYO INICIAMOS en lo alto y con gusto, pues celebrar a San José Obrero nos da oportunidad de valorar el trabajo masculino (y no, no me tachen de machista ni de menos, por favor), en donde hemos de subrayar más la responsabilidad que la fuerza, más la atención a la familia que lo arduo de la faena, más la protección y la guía que el sudor y el cansancio… RÁPIDO TE DIRÉ que el “trabajo” femenino, propio y exclusivo de ellas, es la gestación y el parto, la cría y protección de la prole; dicho en otras palabras y con el gusto sabroso de la verdad: en San José y su trabajo celebramos la paternidad vivida en la responsabilidad y la entrega, en la protección y provisión, en la guía y dirección de la familia… Y TAMBIÉN MUY RÁPIDO estarás concluyendo que con María (y en todo mayo), celebramos la maternidad vivida en la ternura y la calidez, en el cuidado y preocupación (tanto de hijos como del marido), en la confianza y la comprensión que todos (-¡toditos!-) siempre buscamos en ellas… RECORDARÁS BIEN QUE Dios fue quien dictó a Adán diciendo: “con trabajo sacarás de la tierra el alimento todos los días de tu vida” (Gén 3,17) –de ahí que hasta la canción dice que Dios dio el trabajo como ¡castigo!-; también recordarás que antes (Gén 2,15) Dios mismo puso al hombre en el Edén para que lo cultivara y lo cuidara, es decir: como si San José viniera a cumplir cabalmente la responsabilidad dada a Adán… UN MUNDO HORRIBLE y no deseable para nadie, sería un mundo sin trabajo, en donde la ociosidad derivara en inutilidad, en donde la haraganería sería auténtico castigo, en donde el hombre –y la mujer también, por supuesto- no sirvieran sino de estorbo; ¡Dios nos libre de no trabajar, y San José nos enseñe siempre a trabajar lindo y bonito!…
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

