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¿Quién fue San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia?

San Agustín es uno de los filósofos y teólogos más importantes de la historia. ¿Conoces la historia de su conversión?
San Agustín de Hipona. Foto: Cathopic.
San Agustín de Hipona. Foto: Cathopic.

San Agustín de Hipona encabeza la lista de los 36 Doctores de la Iglesia, y no sólo por “el derecho de antigüedad”, ya que nació en el año 354 y murió en el 430, sino por la relevancia de su obra que ha trascendido los siglos, y es leído y estudiado en universidades de todo el mundo, sin importar si el lector es creyente o no.

San Agustín está en el corazón del cristianismo europeo de la Edad Media y su influencia duró hasta el Renacimiento; fue estudiado por personajes de la talla de San Gregorio Magno, Isidoro de Sevilla, San Anselmo y a Abelardo. Él representa la culminación de todos los esfuerzos por conciliar la fe y la razón, y gran parte de su conocimiento se lo debió a San Ambrosio, Obispo de Milán, quien influyó en su conversión y en la de san Jerónimo, el primer traductor de la Biblia.


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San Agustín fue autor de piezas monumentales para la literatura religiosa y filosófica, como: Confesiones, La Ciudad de Dios, Acerca de la Trinidad, Acerca del libre albedrío, acerca de la verdadera religión, pero además se conocen más de 500 sermones y unas 218 epístolas suyas.

En su libro Confesiones se advierten algunos rasgos biográficos que incluso, abarcan momentos en los que él estaba en el vientre materno, y  prosigue con sus memorias de la niñez y así, comienza hablando de la grandeza y misericordia de Dios y el pecado original: “Dios hizo al hombre, pero no a su pecado…”

San Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en la actual Argelia, en África, siendo su padre, Patricio, un hombre pagano y su madre, Santa Mónica, una ferviente cristiana que, al paso de los años, no dejó de rezar por la conversión de su hijo.

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Comenzó a estudiar en Tagaste y para el año 371 adquirió una sólida formación literaria y latina, y en su vida personal, mantuvo relaciones con una concubina de donde nació su hijo Adeodato, quien morirá a los 17 años de edad.

Conversión al cristianismo

La lectura de Hortensius, de Cicerón, despertó su interés por la filosofía y se adhirió al maniqueísmo que se caracteriza por creer en la existencia de dos principios contrarios y eternos que luchan entre sí, el bien y el mal.

En el año 374 enseñó retórica en Tagaste y un año después se estableció en Cartago, donde abrió una escuela de esta disciplina, misma que abandonará en el año 374 luego de conocer a la principal figura de esta religión en África: Fausto de Milevo. Tras esta decepción, se trasladó a Roma, y de allí fue a Milán donde escuchó los sermones de San Ambrosio, el segundo en la lista de los Doctores de la Iglesia.

Para el año 386, Agustín descubrió la filosofía neoplatónica, leyó las epístolas de San Pablo y finalmente se convirtió al cristianismo. Luego, se estableció con su madre en Casiciaco, y allí escribió sus primeras epístolas; después tomó la decisión de dedicar su vida al ascetismo y la castidad, con lo que dio inicio su vida religiosa.

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En 24 o 25 de abril del año 387, en la Vigilia Pascual, recibió el bautismo en Milán; murió su madre Santa Mónica en la ciudad de Ostia, cercana a Roma, donde permaneció un año.

Luego volvió a África donde fundó un primer monasterio en Tagaste y comenzó a escribir sus grandes obras. En el año 391 fue consagrado sacerdote por Valerio, obispo de Hipona, ciudad donde funda un segundo monasterio, y 5 años después, fue nombrado obispo auxiliar de Hipona; tomó parte en el Concilio de Cartago y, a la muerte de Valerio, se conviertió en obispo titular.

En su vida destaca su lucha contra las herejías de los maniqueos, los donatistas y el pelagianismo, pero también abordó otros temas de interés, como el tiempo, la eternidad y su medición.

San Agustín falleció el 28 de agosto del año 430, mientras la ciudad era sitiada por vándalos de Genserico; es representado con atuendo episcopal, un libro en la mano y un corazón flameante. Es venerado por la Iglesia católica, la ortodoxa y las iglesias orientales, la luterana y la anglicana. Su título de Doctor de la Iglesia fue promovido el 19 de septiembre de 1295, por el Papa Bonifacio VIII.

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