Lecturas de la Misa y Evangelio del 17 de mayo del 2026
La Ascensión nos confronta con una pregunta ineludible: si Cristo reina y camina con nosotros, ¿qué estamos haciendo con la misión que nos confió?
Fue ordenado sacerdote en la Basílica de Guadalupe el año 2022. Actualmente colabora en la Pastoral Juvenil Vocacional de la Arquidiócesis Primada de México y acompaña a los jóvenes que quieren ser sacerdotes. Asimismo, da formación a laicos comprometidos en el Instituto de Formación Espíritu y Palabra.
Lecturas y Evangelio del 17 de mayo de 2026
- Primera Lectura: Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 1, 1-11
- Salmo: Salmo 46
- Segunda Lectura: De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 1, 17-23
- Evangelio del día: Del santo Evangelio según san Mateo: 28, 16-20
- Comentario al Evangelio
Primera lectura
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 1, 1-11
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.
Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó: “No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.
Los ahí reunidos le preguntaban: “Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?”. Jesús les contestó: “A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra”.
Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.
Palabra de Dios.
Salmo
/R/ Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Aplaudan, pueblos todos;
aclamen al Señor, de gozo llenos;
que el Señor, el Altísimo, es terrible
y de toda la tierra, rey supremo. /R/
Entre voces de júbilo y trompetas,
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios,
al rey honremos y cantemos todos. /R/
Porque Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones
desde su trono santo. /R/
Segunda lectura
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 1, 17-23
Hermanos: Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo. Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.
Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual sino también del futuro.
Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.
Palabra de Dios.
Evangelio
Del santo Evangelio según san Mateo: 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.
Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
La Ascensión del Señor no es una despedida nostálgica, sino un momento decisivo. Jesús resucitado se encuentra con sus discípulos en el monte, el lugar bíblico del encuentro con Dios. Algunos lo adoran, otros todavía dudan. Este detalle es profundamente humano: incluso frente al Resucitado, la fe convive con la fragilidad. Y es precisamente a estos discípulos, frágiles y limitados, a quienes Jesús confía su misión más grande.
“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Con estas palabras, Jesús afirma que su victoria es total. La cruz no fue un fracaso, la Resurrección no fue un final aislado, y la Ascensión no es una huida del mundo. Al contrario, es la proclamación de que Cristo reina y de que su presencia ya no estará limitada por el espacio o el tiempo. Él asciende para estar más cerca, para habitar en el corazón de quienes creen.
El mandato es claro y exigente: “Vayan y hagan discípulos”. No dice “esperen”, ni “acomódense”, ni “guarden la fe para ustedes”. La Ascensión nos saca de la pasividad y nos coloca en salida. Ser cristiano no es solo creer, sino vivir de tal manera que otros puedan descubrir a Cristo a través de nosotros. Enseñar, bautizar, acompañar, amar: esa es la misión confiada a la Iglesia.
San Gregorio Magno afirmaba: “La fe se fortalece cuando se anuncia”. Cuando el cristiano se encierra, la fe se debilita; cuando se comparte, crece. El Evangelio no se transmite solo con palabras, sino con una vida coherente, con gestos concretos de misericordia, justicia y esperanza en medio del mundo.
Jesús concluye con una promesa que sostiene la misión: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. No estamos solos. La Ascensión no nos deja huérfanos, nos deja responsables. Cristo confía en nosotros más de lo que nosotros confiamos en Él.
La Ascensión nos confronta con una pregunta ineludible: si Cristo reina y camina con nosotros, ¿qué estamos haciendo con la misión que nos confió? Porque no creer, no anunciar o no vivir el Evangelio no es neutralidad; es una respuesta. Y hoy el Señor nos pide decidir si seremos espectadores del cielo o testigos vivos en la tierra.


