Qué necesita un buen maestro para formar a sus alumnos

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Qué necesita un buen maestro para formar a sus alumnos

Nuestros alumnos aprenden más con el ejemplo que con la palabra. Así podemos enseñarles.

15 mayo, 2026
Qué necesita un buen maestro para formar a sus alumnos
Los obispos señalaron que se debe invertir en la capacitación de los maestros y presentó 6 propuestas lograr una educación de calidad. Foto Especial
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Ser maestro, ser maestra, es una de las profesiones —o, mejor dicho, una de las vocaciones— más elevadas para el ser humano. 

Lo primero que debemos reconocer es que se trata precisamente de eso: de un llamado, de una misión de Dios para la construcción del bien común. Mi admiración por esta vocación tiene también origen con mi propia biografía personal: soy hijo de una maestra. Mi madre fue una buena maestra y, sobre todo, una maestra buena. Cuando yo regreso a visitar a mi pueblo natal, me llena de orgullo que me reconozcan con el título de “el hijo de la maestra”.

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Permítanme recomendar a los que ejercen tan hermosa profesión y vocación, una especie de tratamiento que le llamaré la  “vitamina C” del maestro: conocimiento, confianza, creatividad, comunicación, calma, constancia, y así nos podemos seguir. Haré una breve referencia a cada uno de ellos: 

  1. Conocimiento, un buen maestro conoce su disciplina, pero también a sus estudiantes. Los conoce a ellos y en el contexto que viven para entenderlos mejor. 
  2. Confianza, un maestro sabe confiar en sí mismo no desde la autocomplacencia, sino desde la seguridad en su vocación educativa.  En este punto también quiero señalar especialmente que un buen maestro confía en sus estudiantes, en sus capacidades, en lo que pueden hacer y sobre todo en lo que pueden llegar a ser. 
  3. Creatividad, el buen maestro rompe esquemas y busca nuevas maneras para educar. Especialmente en esta era digital, la creatividad es fundamental para despertar en el alumno el deseo de aprender. 
  4. Comunicación, un buen maestro sabe comunicar y transmitir, no solamente conocimiento, sino también el amor al estudio y por el aprendizaje. 

Nuestros alumnos aprenden más con el ejemplo que con la palabra; eso todos lo sabemos. Por tal razón, un buen maestro convence porque habla con seguridad, con alegría, pero sobre todo con convicción. 

San Agustín nos deja una frase que nos puede iluminar esta reflexión: “obedezcan más a los que les enseñen que a los que les manden”.

  • Calma y constancia, un buen maestro sabe esperar, tiene paciencia con sus estudiantes y sabe avanzar al ritmo de sus alumnos. Un buen maestro tiene paciencia con el indisciplinado, con el inconforme y con el que pregunta. Un buen maestro es dedicado, constante, y no se desanima, porque sabe la enorme responsabilidad que tiene. Carl Lewis decía: “la tarea del educador moderno no es talar árboles, sino regar desiertos”.

Claro que podríamos seguir añadiendo más virtudes con la letra C: cercano, cariñoso y cuidadoso…

Termino recordando al Papa Francisco en uno de sus últimos mensajes a los docentes: 

“El docente es como el Sol. Muchos no ven su trabajo constante, porque sus miras están en otras cosas, pero no deja de irradiar luz y calor a los educandos, aunque únicamente sabrán apreciarlo aquellos que se dignen «girarse» hacia su influjo.”

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