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5 inspiradoras reflexiones de un sacerdote mexicano desde Tierra Santa

El padre Juan Solana, director del Proyecto Magdala, habla de cómo se vive la ‘Semana Santa del coronavirus’ desde la tierra de nuestro Señor Jesucristo.
Atardecer al lado del Mar de Galilea
Atardecer al lado del Mar de Galilea

Durante varios años, Desde la fe ha dado seguimiento al Proyecto Magdala; un hermoso complejo arquitectónico a las orillas del Mar de Galilea en Tierra Santa, que es dirigido por el mexicano Juan María Solana, un sacerdote originario del estado de Puebla, quien hoy comparte para nuestros lectores algunas reflexiones para entender, desde una óptica de fe, la crisis humanitaria que se vive a nivel mundial a causa de la pandemia del coronavirus COVID-19. A continuación, la entrevista íntegra:

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Iglesia Duc In Altum

Iglesia Duc In Altum

1. Padre Juan Solana, si bien usted se encuentra en Magdala, seguramente en este tiempo de aislamiento se ha trasladado a la ciudad de Jerusalén. ¿Qué pasa por su mente al ver las calles vacías de la ciudad, el Santo Sepulcro cerrado y una Semana Santa como nunca antes se había visto?


-Tengo que confesarles que la ciudad de Jerusalén completamente vacía tiene un encanto muy especial. Aquí en Israel, todos los años el pueblo judío celebra la fiesta del Yom Kipur, la fiesta del perdón, y es más o menos como un día de aislamiento, pues nadie circula y todo está cerrado, incluso el aeropuerto. Esto ocurre sólo un día al año, y la fecha es variable, más o menos entre finales de septiembre e inicios de octubre. Entonces, lo que estamos viendo es como si esta experiencia memorable de la fiesta judía se prolongara por días, por semanas, y no sabemos por cuánto tiempo más.

La ciudad vacía tiene su encanto; todo está en silencio y podemos escuchar los pájaros, no hay prisas, no hay ese frenetismo de todos los días, de tanta gente que se mueve para hacer cosas, gente que sale corriendo y que llena las calles. Este vacío nos ha dado una dimensión nueva de la existencia. No sé por cuánto tiempo más lo podremos hacer de modo voluntario, pero es hermoso.

Yo he pensado que cuando esto se acabe y volvamos a la vida ordinaria, vamos a echar de menos tanta paz, tanto recogimiento, tanto tiempo para pensar, para soñar. Es verdad que debemos tomar conciencia de las necesidades que en su momentos vamos a tener que solucionar, pero por lo pronto, esto tiene su belleza, y creo que debemos aprovechar esa parte positiva de encuentro con nosotros mismos y de encuentro con Dios. Hoy, un pequeño virus nos dice: ‘Puedes parar, no se va a caer el mundo’.

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El Proyecto Magdala se encuentra a las orillas del Mar de Galilea, en Tierra Santa.

El Proyecto Magdala se encuentra a las orillas del Mar de Galilea, en Tierra Santa.

2. Desde una perspectiva de fe, sabemos que Dios nos está diciendo algo en este momento, sobre todo en este tiempo de gracia que es la Semana Santa y la Pascua. ¿Cómo lo interpreta usted?

-En el mundo cristiano, empezando por el Papa Francisco, de algún modo nos hemos planteado este tiempo del coronavirus como un gran retiro espiritual. Recordando la historia antigua del pueblo de Israel, es como una especie de éxodo. No cabe duda que el mundo ha cambiado, y no hay marcha atrás. Todavía no sabemos cuántas cosas van a permanecer y cuántas van a quedar en el camino después del coronavirus, pero lo que es un hecho, es que nuestra vida va a cambiar.

El hecho de estar ahora aislados, pero con las redes sociales, con el internet y con el teléfono, es abismalmente diferente respecto a lo que vivieron nuestros abuelos cuando la famosa pandemia de la gripe española, entre 1919 y 1920. Ahora el mundo es otro, y probablemente esta experiencia nos haga descubrir nuevas formas de vivir, de convivir, de trabajar, de pensar, de actuar. Creo que no todo viene para hacernos mal, o como dicen en México, “No hay mal que por bien no venga”, y Dios nuestro Señor nos puede ayudar a sacar bienes de todo esto. Pero hay que abrir el corazón y la mente, y pensar que no hay mejor inteligencia que la que tiene necesidad.

Pienso que si no tuviéramos este coronavirus, quizás no pondríamos tantos recursos económicos y humanos para buscar una solución, una vacuna, una medicina. De la misma manera, tenemos que solucionar estos nuevos retos, nuevos compromisos, nuevas dificultades, pero estoy seguro de que el espíritu de los seres humanos, nuestra inteligencia, nuestra creatividad, va a inventar cosas maravillosas que antes ni siquiera podíamos imaginar.

A mí me gusta mucho comparar este periodo de crisis con las podas de los árboles. Cuando uno poda un árbol tiene que cortarlo, dañarlo, hacerlo sufrir, pero sabemos que eso es necesario para que dé fruto. Vamos a tomar este periodo de tanta dificultad como una poda que el Señor ha permitido para nuestro bien.

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Zona Arqueológica de Magdala

Zona Arqueológica de Magdala

3. Usted vive en la tierra de María Magdalena. A la luz de los evangelios, ¿qué tendríamos que aprender de ella en este momento tan difícil que estamos viviendo a causa de la pandemia?

-Se me viene a la mente una cosa: el Evangelio de San Juan, después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo, nos dice que María Magdalena se estuvo quieta en su casa; así debemos estar nosotros en este momento. Pero también nos dice que al día siguiente, al alba, María Magdalena salió a buscar el cuerpo de Jesús. Ella no sabía que Jesús había resucitado, pero sí tenía claro lo que debía hacer: madrugar y salir corriendo a buscar el cuerpo de Jesús.

¿Qué quiero decir con esto? Que ahora estamos guardados en nuestras casas, estamos confinados, distanciados, pero no tenemos que estar distraídos, sino prepararnos y, en cuanto podamos volver a la vida, al trabajo, al estudio, a las relaciones humanas, hay que hacerlo presurosos; como María Magdalena, al alba, en cuanto apareció el nuevo día.

Por otra parte, María Magdalena era una persona que no se quedaba de brazos cruzados; aparece en los Evangelios con mucho liderazgo; era una persona que entendía, observaba, reflexionaba y daba seguimiento a las cosas. Veamos sus actitudes durante la Pasión: estaba ahí, mirando, atenta, cercana. Luego ayudó a colocar el cuerpo de Jesús en el sepulcro; luego fue y compró ungüentos y perfumes para volver después del Gran Sábado; no era una persona que se dejaba desanimar y no pensaba en el futuro, sino todo lo contrario, estaba pensando en cómo mejorar, en cómo salir adelante, en cómo proceder. Que eso nos enseñe ahora María Magdalena.

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Mosaico de una de las capillas

Mosaico de una de las capillas

4. De manera personal, padre Juan, ¿qué le ha dejado este tiempo de aislamiento al lado del Mar de Galilea?

-En este sentido, quiero compartirles dos reflexiones: una general, de Galilea, y otra personal, de Magdala. La primera es que Dios nuestro Señor nos ha regalado en estos días una Galilea como nunca la había visto. Galilea está en primavera, toda llena de pájaros, incluso de animales salvajes; hay peces en el lago que, por cierto, está a su máximo nivel desde hace 17 años. Es una belleza, y todo está en silencio, porque no hay tráfico; es hermosísimo. He visto una Galilea como la debió haber visto Jesús con sus propios ojos, y eso me ha llenado de mucho consuelo, me ha alegrado el corazón, me ha ayudado a meditar el Evangelio y a pensar en muchas de las parábolas que Jesús enseñaba.

Eso me ha tocado vivir a mí, pero estoy seguro también que en cualquier parte del mundo, en la casa más humilde, hay algunas flores; en la casa más humilde, se ve el amanecer y el atardecer; en la casa más humilde, se escuchan los pájaros; y en la casa más humilde, si hay amor, si hay cariño y si hay comprensión, las cosas pueden sobrellevarse mejor.

En cuanto a mi reflexión personal, tengo que decir que trabajamos muy fuerte durante 15 años para construir este Centro de Peregrinos que se llama Magdala, y finalmente logramos abrir la casa en noviembre del año pasado; fue una fiesta linda que celebró el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo Primado de México, quien nos honró con su presencia, con su afecto y con sus palabras.

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El Centro de Peregrinaciones empezó a trabajar; llegaron multitudes de peregrinos, y esto era algo maravilloso, como un enjambre de abejas; pero de repente, llegó el coronavirus, y en una semana o dos, el centro se quedó completamente vacío, desolado, y obviamente con compromisos laborales muy serios y dificultosos. A mí se me fue el alma a los pies, tengo que confesarlo. Me dio mucha tristeza y mucha preocupación, pero me hizo pensar una cosa:

¿Qué sentirá Dios cuando Él, desde toda la eternidad, nos ha pensado, amado y creado a cada uno; pero nosotros no le hemos dejado a Él el espacio que le corresponde? O peor tantito, ¿qué pensará de que nos hemos apartado de Él y hemos dejado que en nuestra vida entre el pecado, el demonio, el egoísmo, la vanidad?. Si yo, que tengo un corazón humano, me entristezco de ver que esos planes tan hermosos han quedado de momento frustrados, ¿qué pensará Dios, que tiene su corazón lleno de amor eterno por nosotros? Eso me ha hecho reflexionar mucho, y le he dado muchas vueltas para poner las cosas en la debida proporción.

También nosotros, con esto del coronavirus, debemos poner las cosas en su debida proporción, pues no se va a acabar el mundo; vamos a confiar en Dios, a seguir adelante, y las limitaciones y penalidades que tengamos que pasar ahora, hay que tratar de sobrellevarlas con amor, con austeridad, con solidaridad con los que están peor que nosotros, y seguir adelante.

5. Padre, en las últimas semanas se le ha visto muy activo en las redes sociales para acercar la Santa Misa desde Magdala a tanta gente que necesita el alimento espiritual, ¿cómo ha vivido esta experiencia digital y qué le ha dejado?

El padre Juan Solana, director de Proyecto Magdala.

El padre Juan Solana, director de Proyecto Magdala.

-Tengo que confesar que nunca he sido muy bueno para las redes sociales. Las uso de modo muy informal, pero comprendo su necesidad e importancia. A veces me da fastidio cuando las usamos desmedidamente, y sólo para matar el tiempo. Me parece que es una tristeza matar de esa manera el tiempo, que es un don precioso de Dios. Pero ahora que he visto la potencialidad tan grande que tienen las redes sociales para llevar el mensaje de Dios, para hacernos presentes, pienso con ilusión en el progreso que habrá en estas tecnologías en los próximos 10, 15 o 20 años, y que nos darán toda una gama de nuevas posibilidades para estar en el mundo. Ojalá que las aprovechemos, que sean para bien.

Por otro lado, he leído también, con mucha tristeza, que en estos días de aislamiento mucha gente ha consumido pornografía o se ha conectado a cosas malas que le dañan su alma y corazón, y de ahí viene la violencia doméstica y tantos problemas muy graves y tristes. Aprovechemos esta nueva posibilidad que ha creado el ingenio del hombre, con la bendición de Dios, para hacer el bien. Hagamos el bien, transmitamos el bien y la verdad; transmitamos la belleza. Pero apoyémonos también; así como yo intento apoyar a mucha gente a través de mis transmisiones, también mucha gente nos apoya. Creo que es un vínculo humano, personal y libre que, si permanece así, nos puede hacer mucho bien.

Les deseo una feliz Pascua, y pido a María Magdalena que los acerque a Cristo resucitado, como ella lo vio. Que Dios bendiga a México.

Si quieres seguir la Santa Misa del padre Juan María Solana, suscríbete al canal de YouTube Experience Magdala; en Facebook @Magdala Español y en Instagram Experience Magdala.

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