Iglesia en el mundo
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El encanto espiritual de Magdala, la tierra de María Magdalena

Se ha transformado en un centro para peregrinos fundado por el padre mexicano Juan Solana.
El Centro Magdala acoge a peregrinos de todo el mundo y de cualquier religión.
El Centro Magdala acoge a peregrinos de todo el mundo y de cualquier religión.

En 2005, el padre Juan Solana, originario de México y perteneciente a los Legionarios de Cristo, llegó a Tierra Santa para dirigir el Instituto Pontificio Notre Dame de Jerusalén, y en uno de sus primeros recorridos por la región pasó por Magdala, la tierra que vio nacer a María Magdalena. Quiso detenerse ahí, y mientras contemplaba el paisaje, sintió que Cristo le hacía la encomienda de construir un centro de retiro en Galilea.

Tras verdaderos esfuerzos por recaudar dinero para comprar los terrenos idóneos a la orilla del mar destinados a la obra -a la que denominaría Proyecto Magdala-, finalmente en 2009 pudo dar inicio a la construcción. Sin embargo, al hacer las excavaciones, los trabajadores encontraron los restos de una sinagoga del siglo I, así como diversos objetos pertenecientes a personas de aquellos tiempos.

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El proyecto original tuvo que modificarse, a fin de poder abrir ahí un parque arqueológico, mismo que hoy ofrece a los visitantes la oportunidad de tener una aproximación a la manera en que se desarrollaba la vida pública en aquel lugar y la vida religiosa en esa sinagoga, en la que seguramente Jesús predicó.

Desde 2005, una comunidad de consagradas del Regnum Cristi se puso al servicio del padre Juan Solana, de manera que el pasado 1 de enero cumplieron 15 años en Tierra Santa, apoyándolo en sus labores. A tres lustros de su llegada, dos de ellas, Johanna y Alessandra, hablan para Desde la fe sobre las experiencias en Magdala que han robustecido su espiritualidad e inflamado su amor a Jesús.

Una experiencia transformadora

Johanna es originaria de Alemania; para ella ha sido la providencia de Dios la que la llevó a colaborar en un proyecto tan importante como el de Magdala, y en los años que lleva ahí ha visto a personas, judías, cristianas, musulmanas y hasta no creyentes, involucrarse con todo su corazón en las labores.

Johanna, originaria de Alemania, considera que hay un mensaje divino en el Centro Magdala

“Es como si de pronto comenzaran a descubrir algo muy grande, tan grande que quedan profundamente tocadas por algo más allá de su entendimiento, como sólo sucede cuando se tiene un encuentro con Cristo”.

Ella cuenta la anécdota de un hombre que jamás había tenido un contacto con el cristianismo, quien pasaba por Magdala en compañía de dos de sus hijos, y quiso acercarse al Proyecto Magdala sólo por curiosidad. “Entró a la iglesia que se construyó para los peregrinos, llamada Duc In Altum, escuchó a un grupo de personas orar y sintió algo muy fuerte en su corazón; sólo dos meses después regresó; quería conocer del Evangelio, saber más de Cristo”.

Pero lo más significativo para Johanna es una idea que ha penetrado su corazón, en el sentido de que Dios quiere poner al mundo a María Magdalena como un nuevo ejemplo. “Ella fue una mujer restaurada por Jesús, con lo cual nos quiere decir que Él el puede transformar todas las situaciones de la vida, por más imposibles que parezcan, pues hoy en día hay muchas personas con profundas heridas interiores, gente que vive realidades muy difíciles, y en Jesús pueden encontrar la esperanza de un mañana distinto. ¡Eso es Magdala, una experiencia transformadora!”.

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Una vía para encontrarse con Cristo

Alessandra es originaria de Italia, y para ella una de las experiencias más significativas que ha vivido en la tierra de María Magdalena fue cuando iba entre un grupo de peregrinos, mismos que era guiados por una voluntaria sumamente joven.

Alessandra (izquierda), es originaria de Italia, y para ella Magdala es una vía de encuentro con Jesús

“La voluntaria nos comenzó a explicar algunos aspectos arqueológicos, que nos daban mucha idea de cómo era la vida en ese lugar, cómo eran las bancas de la sinagoga, los mosaicos, los frescos. Afuera de la sinagoga, nos señaló una vasija que jamás se movió de su lugar desde que fue encontrada, la cual, nos dijo, servía a los judíos del siglo I para la purificación de las manos. Para entonces, yo ya estaba conmovida, como si realmente estuviera viendo a Jesús salir del mercado, llegar a esa calle, lavarse las manos en la vasija, seguir unos pasos más, entrar a la sinagoga y ponerse a predicar”.

Alessandra comenta que para ella es verdaderamente hermoso estar en el interior del Duc In Altum y ver que se abre la puerta de vidrio, “porque lo que es seguro es que por ahí va a entrar una persona, va a mirar hacia el altar y va a suspirar de la emoción”.

Para Alessandra, las cosas que la gente vive en Magdala se deben en gran medida al padre Juan Solana, “quien desde el inicio ha seguido la inspiración del Espíritu Santo, y ha sido la pieza fundamental para el desarrollo de un proyecto tan extraordinario, que ha hecho de Magdala una vía para el encuentro con Cristo.

 

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