¿Qué pasa con los bebés que nadie reclama? La asociación que les devuelve la dignidad hasta el último adiós

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¿Qué pasa con los bebés que nadie reclama? La asociación que les devuelve la dignidad hasta el último adiós

Desde hace 18 años, la asociación Inocentes de María recupera cuerpos de bebés y niños no reclamados en Jalisco para ofrecerles una sepultura digna y acompañar a mujeres en situación de vulnerabilidad.

27 julio, 2026
¿Qué pasa con los bebés que nadie reclama? La asociación que les devuelve la dignidad hasta el último adiós
Pequeños féretros preparados por la asociación Inocentes de María para dar sepultura digna a bebés y niños no reclamados. Cada uno es identificado conforme a los protocolos legales y acompañado con flores como signo de respeto por su dignidad humana. Foto: Cortesía Inocentes de María
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Mientras miles de familias en México recorren fiscalías, hospitales o fosas clandestinas buscando a un hijo desaparecido, existen otros pequeños cuyos cuerpos nunca son reclamados. Algunos fueron encontrados en alcantarillas, en la basura, lotes baldíos, baños públicos o en la calle. Otros permanecieron durante meses en la morgue, incluso años, en espera de que algún familiar acudiera por ellos, pero nadie llegó y su historia parecía destinada al anonimato.

De no ser por la intervención de la Asociación Civil Inocentes de María, muchos de estos cuerpos terminarían en una fosa común o permanecerían sepultados bajo un expediente ministerial que difícilmente volvería a abrirse. Sin embargo, desde hace 18 años, cuando el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses concluye los procedimientos legales y los cuerpos de bebés o niños permanecen sin ser reclamados, son recibidos por un grupo de voluntarios que les brinda una sepultura cristiana, individualizada y digna.

Detrás de cada pequeño féretro hay una historia que nació de una constante inquietud: ¿dónde acaban los cuerpecitos de los niños? Encontrar la respuesta llevó a Brenda Lourdes del Río Machín, fundadora de Inocentes de María y activista provida, a emprender una misión que desde hace casi dos décadas procura ofrecer una despedida digna a los bebés no reclamados.

“Nosotros vimos a través de los medios de comunicación que cada vez más aparecían niños, cuerpos de bebés tanto no natos como recién nacidos, en vía pública. Eran hallazgos en alcantarillas, en lotes baldíos o en baños públicos. Entonces dijimos: ‘Bueno, ¿dónde acabarán estos chiquitos?'”, recuerda para Desde la fe.

Cada bebé recibe una bolsa mortuoria elaborada a su medida, una cobija tejida por voluntarias y un registro individual que garantiza su identificación antes de recibir una sepultura digna. Foto: Los Inocentes de María A.C.

Los bebés de nadie

Aquella pregunta llevó a Brenda y a un grupo de colaboradores a tocar las puertas de distintas autoridades. Necesitaban saber quién era responsable de esos cuerpos y qué ocurría con ellos cuando nadie los reclamaba.

Fue así como descubrieron que, en Jalisco, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses era la institución encargada de su resguardo. Pero conocer su paradero no era suficiente; había que encontrar una forma de brindarles la dignidad que, en vida y en muerte, les había sido negada.

Después de diversas gestiones, la asociación logró establecer un acuerdo con el gobierno estatal. El 12 de marzo de 2008, durante la administración de Emilio González Márquez, Inocentes de María firmó su primer convenio con la Fiscalía de Jalisco, mediante el cual se autorizó la entrega de los cuerpos de menores no reclamados para ofrecerles una sepultura digna.

Poco tiempo después llegó la primera entrega de 35 pequeños cuerpos que nadie había reclamado. Para Brenda, aquel momento marcó el verdadero inicio de una misión que continúa hasta hoy.

Con el paso de los años, el convenio ha sido renovado por distintas administraciones estatales. En 2018, durante el gobierno de Aristóteles Sandoval; en 2020, con Enrique Alfaro; y nuevamente en 2025, lo que ha permitido dar continuidad a esta labor.

Para Brenda, esa continuidad demuestra que el trabajo de la asociación ha trascendido los cambios políticos. “La verdad sí nos ha facilitado mucho las cosas. Hemos encontrado funcionarios públicos muy buenos, de muy buen corazón; sobre todo con ganas de querer hacer las cosas”, afirma.

Esta colaboración institucional ha permitido que cientos de bebés que de otro modo habrían permanecido en el anonimato reciban finalmente una despedida digna y un lugar donde descansar.

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Los cuerpos son entregados por las autoridades forenses en bolsas mortuorias adaptadas a su tamaño, con un registro individual que garantiza su identificación y la cadena de custodia antes de la sepultura. Foto: Los Inocentes de María A.C.

“Ya los tengo, ¿ahora qué sigue?”

Si la historia de Inocentes de María comenzó con una pregunta, muy pronto apareció otra que pondría a prueba los límites de la asociación que apenas comenzaba. ¿Cómo ofrecer una despedida digna a un bebé cuando ni siquiera existían bolsas mortuorias de su tamaño, ataúdes adecuados o un lugar donde pudiera recibir sepultura conforme a la ley?

La primera vez que Brenda cruzó las puertas del Forense lo hizo con más miedo que experiencia. Hasta ese momento había evitado cualquier contacto con la muerte.

“Yo tenía miedo de ver un muerto. Es más, ni siquiera había querido ver a mi abuelita ni a ningún otro familiar fallecido; era algo que no concebía”, recuerda.

Sin embargo, después de cumplir durante meses con todos los trámites y requisitos legales, llegó el día en que debía recoger los cuerpos de 35 bebés. El olor dulzón putrefacto y penetrante, característico de la descomposición humana, se percibía incluso antes de cruzar la puerta del edificio.

En aquellos años, el SEMEFO de Jalisco enfrentaba una grave saturación por el elevado número de cuerpos que recibía. La capacidad de resguardo estaba rebasada y, como medida extraordinaria, se alquilaron cajas de tráileres refrigeradas para conservar los cadáveres.

“Tempranito hice mis oraciones. Me encomendé a Dios y a la Virgen… y me dije: ‘Haz de cuenta que te ponen unos tirantes de gracia desde el cielo y te sostienen’. Con todo y el miedo, con todo el sentimiento que me embargaba, fui a recogerlos. Lo que más me sorprendió fue que estaba tranquila, como si fuera otra persona la que estuviera recogiendo los cuerpos de los bebés“, relata.

Recogerlos era apenas el comienzo, el verdadero desafío llegaría después.

Cada bolsa mortuoria fue diseñada por la asociación para adaptarse al tamaño de los bebés y garantizar un manejo digno de los cuerpos durante su preparación para la inhumación. Foto: Los Inocentes de María A.C.

“No existían bolsas para ellos”

Cuando el personal forense entregaba los cuerpos, lo hacía en bolsas para residuos biológicos. No era un acto de indiferencia; simplemente no existían bolsas mortuorias para cuerpos tan pequeños, explica la activista.

“Les preguntamos por qué y nos dijeron: ‘Nada más hay bolsas de cadáver grandes, de adulto'”, recuerda.

Asegura que, desde que comenzó la labor de Inocentes de María, la Virgen siempre le ha ido mostrando el camino. Le pidió que la iluminara y la respuesta llegó desde una habilidad que, en apariencia, nada tenía que ver con la medicina forense.

Antes de dedicarse de lleno a esta misión, había estudiado Diseño de Modas, por lo que dominaba el patronaje y la sastrería. “Nunca me imaginé que mi carrera me iba a ayudar en esta misión”.

Con esos conocimientos diseñó los patrones para fabricar bolsas mortuorias adaptadas al tamaño de los bebés, adecuadas para distintas etapas de gestación -de 12, 16, 18 o 20 semanas– e incluso para recién nacidos.

“Ya tenía los patrones, pero ¿qué material utilizaría?, ¿cómo haría tantas? La Virgen me siguió resolviendo las cosas y poniendo a la gente adecuada en mi camino. Entre nuestros amigos y voluntarios hay una joven que confeccionaba, y lo sigue haciendo, cubiertas para automóviles de alta gama. Un día le comenté que necesitábamos bolsas mortuorias para los bebés y, sin dudarlo, se ofreció a hacerlas. Le entregué los patrones y, gracias a ello, hoy podemos dar un trato más digno a los cuerpos de los bebés”.

Cada bolsa se prepara con esmero y cariño; antes de recibir al bebé, las voluntarias colocan en su interior toallas sanitarias para absorber los líquidos corporales, cuidando cada detalle con el mismo respeto que dedicarían a cualquier otra persona.

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Voluntarios preparan a mano cada pequeño ataúd antes de la ceremonia de inhumación. Cada detalle, desde el acomodo de las flores hasta el cierre del féretro, busca ofrecer una despedida digna a los bebés y niños no reclamados. Foto: Los Inocentes de María A.C.

Ataúdes hechos a mano

Pero los desafíos para Brenda no terminaron ahí. Los ataúdes tradicionales eran demasiado grandes para cuerpos que, en algunos casos, apenas medían unos cuantos centímetros, por lo que fue necesario fabricar féretros acordes con el tamaño de cada bebé.

Con el apoyo de voluntarios y de un grupo de arquitectos de Guadalajara, la asociación comenzó a elaborarlos en madera, adaptándolos a cada etapa del desarrollo prenatal.

Todo ha sido obra de la providencia de la Virgen. Ella nos ha llevado de la mano y, literalmente, todo está hecho a mano. Quisimos que los cuerpos fueran arropados con una cobijita, también confeccionada a su medida y tejida por voluntarias de distintos lugares. Algunas son rosas, otras azules, todas llenas de color. Cada puntada es un gesto silencioso de cariño hacia un niño que nunca pudo ser abrazado por su familia“.

Las cobijas tejidas por voluntarias y el cuidado en cada detalle forman parte de la despedida que la asociación prepara para los bebés y niños no reclamados. Foto: Los Inocentes de María A.C.

Así es la despedida

Al recibir los cuerpos, Brenda los unge con perfume de nardo, una fragancia que para ella simboliza la eternidad. Enseguida pronuncia una oración que llama “bautismo de deseo”.

“Yo pido al Señor: ‘Que antes de morir este bebé tú lo hayas bautizado… Lo acojo a tu misericordia, que es más grande que la muerte'”, relata.

Posteriormente colocan alrededor de la cintura del bebé la placa de identificación forense donde quedan registrados la carpeta de investigación, el número de identificación (ID), el sexo, la edad estimada y la fecha de inhumación.

Posteriormente el cuerpecito es luego se envuelve en su cobijita, después es colocado con mucho cuidado en la bolsa mortuoria y se pone dentro del pequeño ataúd; las voluntarias fijan la tapa con tornillos desde la parte inferior del féretro.

Ya cerrado, colocan en el exterior del féretro otra placa con esos mismos datos para conservar la trazabilidad del cuerpo conforme a los protocolos establecidos por las autoridades. Al final añaden el nombre del bebé, el que los voluntarios le han dado, y es con el que será despedido durante la ceremonia de inhumación.

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La imagen de Nuestra Señora de la Paz viaja en la camioneta de la asociación durante cada traslado al cementerio, donde los bebés y niños no reclamados reciben una sepultura digna. Foto: Los Inocentes de María A.C.

El último viaje

Con los pequeños ataúdes ya cerrados, se colocan en la camioneta, rumbo al cementerio, cuyo trayecto siempre es acompañado por una imagen de Nuestra Señora de la Paz, de alrededor de 80 centímetros de altura..

“Va la Virgen junto con nosotros… va por los niños. La gente ya nos reconoce por ella; es conmovedor ver cómo, al verla pasar, algunos se detienen para persignarse y dedicar una oración por los niños en su último viaje”, relata Brenda.

Los cuerpos son sepultados en el cementerio Paraíso Eterno Valle de los Cipreses, donde la asociación dispone actualmente de espacios funerarios. Sin embargo, conseguir y adaptar estos lugares no fue sencillo, ya que por tratarse de cuerpos sujetos a investigaciones ministeriales, la legislación exige que cada uno sea identificado y sepultado de forma individual.

En un principio, la asociación contaba únicamente con dos espacios funerarios diseñados para albergar cuatro sarcófagos de adulto, por lo que parecía imposible cumplir con la normativa. La solución fue construir, dentro del espacio disponible, una estructura similar a un sistema de gavetas perfectamente identificadas.

“Hicimos como un rack para que cupieran las cajitas. Todo estaba mapeadísimo: A1, B1, C1… Invitamos a la Comisión de Derechos Humanos para que lo revisara y dijeron que reunía todas las características que se necesitaban”, explica Brenda

La propuesta fue aprobada y permitió continuar con las inhumaciones conforme a la legislación vigente. Con el tiempo, el municipio de San Pedro Tlaquepaque otorgó a la asociación un terreno en comodato con capacidad para albergar hasta 2,000 cuerpos.

No obstante, el proyecto permanece inconcluso. “Necesitamos construir todo el proyecto que cuesta diez millones de pesos. No tenemos para hacerlo”, reconoce Brenda.

Aun así, la asociación continúa realizando cada funeral con el mismo cuidado que aquel primero, convencida de que la dignidad de una persona no depende del tiempo que vivió ni de que alguien haya acudido a reclamarla.

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INHUMACIÓN SEMEFO
El proceso de preparación de cada cuerpo se realiza con cuidado y respeto: desde su identificación y resguardo hasta el momento de arroparlo con una cobija tejida a mano antes de la inhumación. Foto: Los Inocentes de María A.C.

Un fenómeno que cambió con los años

Después de casi dos décadas de trabajo, Inocentes de María ha recuperado 326 cuerpos de bebés y niños no reclamados. Sin embargo, Brenda del Río asegura que el perfil de los menores ha cambiado de manera significativa.

“Antes, de cada quince niños que recogíamos, a lo mejor dos eran recién nacidos. Ahora casi la mitad de los niños que recogemos son recién nacidos”, explica.

A partir de esa experiencia, la fundadora de la asociación sostiene que existe una relación entre la promoción del aborto y el incremento del maltrato infantil en menores de dos años. Esa interpretación forma parte de la visión con la que trabaja Inocentes de María y orienta buena parte de sus acciones de prevención.

Fue precisamente esa realidad la que llevó a la asociación a mirar más allá de la recuperación de los cuerpos. Si quería evitar que más niños llegaran al cementerio, era necesario acompañar a las mujeres antes de que la violencia marcara una nueva historia.

Nantli busca romper los ciclos de violencia mediante el acompañamiento emocional y la formación de mujeres en edad fértil. Foto: Los Inocentes de María A.C.

Sanar antes de que sea demasiado tarde

La labor de Inocentes de María no termina en el cementerio. Aunque acompaña a los bebés que murieron antes de nacer, está convencida de que la verdadera solución comienza antes, en la prevención.

Con esa convicción impulsó Nantli, palabra náhuatl que significa “mujer que se convierte en madre”. El programa acompaña a mujeres en edad fértil que viven en contextos de violencia o marginación, con la certeza de que sanar las heridas de una madre también puede transformar la historia de sus hijos.

Durante cerca de cinco horas, las participantes reflexionan sobre el origen de la vida humana, la maternidad, el papel del padre, la educación emocional y las heridas que muchas arrastran desde la infancia. El taller combina pasajes bíblicos, elementos de filosofía y conocimientos científicos sobre el desarrollo del bebé desde el vientre materno.

Pero el momento más significativo llega hacia el final. Las asistentes cubren su cabeza con lienzos color coral para recrear la luz que un bebé percibe dentro del vientre materno. Mientras suena música de fondo, Brenda las guía en una meditación que las invita a regresar al comienzo de su propia vida.

Después del taller, las participantes reciben acompañamiento emocional y psicológico, cuando es necesario, la asociación mantiene el seguimiento para ayudarlas a romper los círculos de violencia que marcaron su propia infancia.

Para Brenda, evitar que un niño sea abandonado o maltratado siempre será una victoria mayor que tener que despedirlo años después. Por eso, cuando le preguntan cómo le gustaría que algún día fuera recordada Inocentes de María, no habla de los cientos de pequeños a los que ha dado sepultura, sino del sueño que ha guiado su labor desde el principio.

“Yo no quiero ser recordada por la mujer que sepultaba a los niños, ni esta institución quiere ser recordada por eso, sino por aquellos que lograron que miles de niños mexicanos sobrevivieran y que miles de niños ya no fueran más maltratados, sino tomados como un tesoro”.

“Mi mayor anhelo es que llegue el día en que ya no haya niños que despedir”.

Brenda del Río (segunda de derecha a izquierda), fundadora de Inocentes de María, junto a voluntarias que participan en el taller Nantli. Foto: Los Inocentes de María A.C.

El Jardín de María

Para las mujeres que han vivido un aborto o la pérdida de un hijo, la asociación creó el Jardín de María, un espacio de reconciliación y sanación.

En este taller, cada participante escribe una carta dirigida a su hijo. Después, ese mensaje se plasma en una placa transparente que permanece colgada junto a una imagen de la Virgen María.

“Se dejan sanar por Dios, se dejan abrazar por Dios. Se reconcilian con sus niños… Tenemos actualmente casi 200 plaquitas aquí en el Jardín de María”, señala Brenda.

Además del acompañamiento espiritual, Inocentes de María brinda atención psicológica, apoyo alimentario y seguimiento a mujeres en situación de vulnerabilidad. De acuerdo con datos de la asociación, cada año acompañan directamente a alrededor de 400 mujeres, mientras que sus programas y actividades benefician a más de 5 mil personas.

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Romper la cadena de la violencia

Después de casi dos décadas de trabajo, Brenda del Río está convencida de que la violencia contra la infancia puede prevenirse si las mujeres reciben acompañamiento y logran sanar sus propias heridas emocionales.

“Si de cada cien mujeres que invitamos al taller una deja de agredir severamente a su bebé y empieza a tratarlo con ternura, ya ganamos. La cadena de la violencia se puede romper”, afirma.

De hecho, en México, seis de cada 10 niñas, niños y adolescentes han experimentado algún método de disciplina violenta en sus hogares, de acuerdo con UNICEF. Frente a esa realidad, Inocentes de María ha orientado parte de su labor hacia la prevención y el acompañamiento de mujeres para romper los ciclos de violencia.

Esa convicción resume también la misión de Inocentes de María. Para su fundadora, cada niño representa una oportunidad para transformar el futuro del país.

“Los niños son renglones en blanco sobre los que podemos trazar un nuevo proyecto de nación, pues ellos le devuelven a la sociedad lo que han recibido de ella”.

Antes de recibir sepultura, los pequeños son encomendados a Dios durante una Misa de cuerpo presente celebrada en la capilla del cementerio. Foto: Los Inocentes de María A.C.

Un modelo que espera cruzar fronteras

La experiencia desarrollada por Inocentes de María en Jalisco ha despertado el interés de organizaciones de otros estados e incluso de países de América Latina. Sin embargo, replicar este modelo no ha sido posible.

Según Brenda del Río, el principal obstáculo no es la falta de voluntarios, sino los requisitos legales que implica la recuperación y sepultura de cuerpos sujetos a investigación ministerial.

“Todo se requiere de voluntad política. Nosotros sabemos hacerlo y lo podemos hacer en cualquier estado de la República”.

Después de casi dos décadas de trabajo, la organización asegura contar con los protocolos necesarios para garantizar la cadena de custodia, el registro individualizado de cada cuerpo y el cumplimiento de la legislación vigente. Por ello, mantiene abiertas sus puertas para compartir su experiencia con quienes deseen emprender una labor similar.

Cada pequeño ataúd representa el compromiso de ofrecer una despedida digna a quienes nadie reclamó. Foto: Los Inocentes de María A.C.

Todo comenzó con una pregunta

La activista, pero también madre de familia, reconoce que todavía hay imágenes imposibles de olvidar. Recuerda a bebés cuyos cuerpos permanecieron durante años bajo resguardo porque algún familiar prometió reclamarlos y nunca regresó. También los casos en los que el estado de conservación hacía imposible distinguir si se trataba de un niño o de una niña.

“Son cosas muy pesadas que no se las deseo a nadie”, confiesa. Aun así, cada vez que regresa al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses para recibir un nuevo cuerpo, lo hace con la misma convicción que la llevó a tocar sus puertas en 2008.

Todo comenzó con una pregunta que, casi dos décadas después, sigue acompañándola, ¿qué pasa con los niños que nadie reclama?

Desde entonces, esa inquietud dio origen a una red de voluntarios que confecciona pequeños ataúdes, cose bolsas mortuorias, teje cobijas, acompaña a madres heridas y reza por quienes partieron demasiado pronto. Una labor silenciosa que busca devolver dignidad a quienes volvió a buscar.

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Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.