Los cartujos: la misteriosa orden que vive en silencio absoluto desde hace casi mil años
Viven aislados, hablan lo mínimo y dedican toda su existencia a buscar a Dios. Así es la sorprendente vida de los cartujos, una de las órdenes más desconocidas del mundo.
Durante casi mil años, la Orden de los Cartujos (Ordo Cartusiensis, O.Cart.) ha sido considerada una de las expresiones más radicales de la vida contemplativa en la Iglesia católica.
Lejos de las grandes ciudades, del trabajo pastoral ordinario y de la actividad apostólica visible, los monjes y monjas cartujos dedican toda su existencia a la búsqueda de Dios mediante el silencio, la oración, la soledad y la contemplación.
Su lema resume perfectamente su misión: Stat Crux dum volvitur orbis (“La Cruz permanece firme mientras el mundo gira”).
Aunque son una de las órdenes religiosas menos numerosas del mundo, la Iglesia considera que su vida constituye un testimonio permanente de que Dios ocupa el primer lugar y que la oración sostiene espiritualmente a toda la humanidad, hecho que se reconoce en los Estatutos de la Orden y en la doctrina de la Iglesia sobre la vida contemplativa.
Te recomendamos: ¿Qué es la Vida Contemplativa y cómo la viven las monjas?
El origen: ¿quién fundó la orden de los cartujos?
La Orden de los Cartujosb nació en 1084, cuando San Bruno de Colonia, acompañado por seis discípulos, buscó retirarse a una región montañosa y despoblada cerca de Grenoble, en Francia.
El entonces obispo de Grenoble, san Hugo (Hugo de Châteauneuf), les ofreció unas tierras ubicadas en un lugar conocido como Chartreuse (Cartuja), donde fundaron el primer monasterio, la Gran Cartuja, que desde entonces permanece como la casa madre de la Orden.
“Tras construir siete cabañas, al estilo de las de los leñadores y pastores de la zona, iniciaron la vida eremítica el día de San Juan, 24 de junio, del 1084. Con una estructura muy parecida a la de las lauras orientales, un largo porche relacionaba las cabañas entre ellas y conducía a la iglesia central”, señala en su sitio web la Cartuja de Santa María de Montalegre.
De la misma manera, explica, que en la Iglesia “se reunían tres veces al día: para la vigilia nocturna, para la misa y para las vísperas; el resto de la jornada, solos y en silencio, cada uno se dedicaba a la vida eremítica en su celda, en ella meditaban, rezaban, trabajaban en la copia de manuscritos, comían o ayunaban”.
“Esta soledad sólo era interrumpida el domingo, cuando se reunían después de nona para hablar, y el lunes por la tarde, para pasear por las sendas y senderos de aquellas espléndidas y luminosas montañas. Así empezaba, sin ninguna regla ni connotación jurídica, un estilo de vida que ha durado siglos: una vida eremítica en compañía, que ha garantizado la continuidad”, indica la Cartuja de Santa María de Montalegre.
¿Quién fue san Bruno?
San Bruno nació hacia 1030 en Colonia, Alemania. Dotado de gran inteligencia, fue nombrado, en edad temprana todavía, canónigo de la colegiata de San Cuniberto y enviado a profundizar sus estudios a la catedral de Reims. Fue uno de los maestros más prestigiosos de la escuela catedralicia de Reims y llegó a ocupar importantes responsabilidades eclesiásticas.
Sin embargo, después de experimentar la corrupción y las tensiones políticas de su tiempo, sintió un profundo llamado a abandonar todo para dedicarse únicamente a Dios.
Cabe destacar que curiosamente, san Bruno nunca pretendió fundar una orden religiosa ni redactó una regla propia, ya que su deseo era simplemente vivir el Evangelio en una existencia totalmente orientada hacia Dios.
Fue después de la muerte de san Bruno que el modo de vida que le transmitió a sus seguidores fue organizado por Guigo I, quinto prior de la Gran Cartuja, y a partir de ello redactó las Consuetudines (Costumbres), que son el origen de los actuales Estatutos cartujanos.
San Bruno murió en Calabria, Italia, en 1101, donde había fundado otro eremitorio por invitación del Papa Urbano II, quien había sido su antiguo discípulo. La Iglesia lo recuerda como el padre espiritual de una familia religiosa cuya influencia ha permanecido prácticamente inalterada durante casi un milenio.
Te recomendamos: ¿Quiénes son los ermitaños de la Iglesia católica y cómo viven su vocación de soledad y oración?
¿Cuál es el carisma de los cartujos?
El carisma cartujano puede resumirse en una frase:
“Buscar únicamente a Dios mediante una vida totalmente contemplativa”.
Los Estatutos de la Orden afirman que Cristo conduce a algunos hombres “a la soledad para unirlos consigo en íntimo amor”. Esa vocación consiste en una existencia marcada por:
- Silencio casi permanente
- Soledad
- Oración continua
- Penitencia
- Pobreza
- Vida fraterna muy sobria
- Trabajo manual e intelectual.
A diferencia de otras órdenes religiosas, los cartujos no desarrollan ministerios parroquiales, escuelas, hospitales, universidades ni obras sociales permanentes. Su principal servicio a la Iglesia consiste precisamente en orar por el mundo entero.
La propia Orden señala que la Iglesia ha reconocido siempre su carácter de instituto puramente contemplativo, libre de actividades apostólicas externas incompatibles con ese estilo de vida.
“Nuestro fin, glorificar a Dios”
De acuerdo con lo asentado por la comunidad de Montalegre, los cartujos son ermitaños que viven en comunidad para buscar lo único que creen que es necesario: Dios. “Nuestro fin principal es glorificar a Dios, amarlo y darle gracias. A ello consagramos enteramente nuestra vida. Queremos vivir en Dios y para Dios”.
Asimismo, se definen como hombres y mujeres libres, sencillos, de diversas clases sociales, procedencia y cultura, que, “por la gracia del Espíritu, hemos acudido a la llamada de Dios y optado por la radicalidad del Evangelio”.
“Llevamos una vida apartada del mundo, sencilla, anónima y austera, dedicada a la búsqueda de la perfección en Cristo, de la pureza del corazón, que nos permita unirnos a Dios en la contemplación. Al igual que Jesús nos retiramos para orar en silencio y encontrarnos con el Padre por la gracia de su Santo Espíritu”, indica.
“Nos alejamos del mundo, del interés por las cosas materiales, del poder y las vanidades”, añaden, “porque sentimos que Dios es lo único necesario, lo único importante y, en consecuencia, porque queremos amar a Dios lo más intensamente posible y a través de Él a toda la humanidad. Nos hacemos solitarios porque queremos ser solidarios”.
Te recomendamos: Órdenes Mendicantes: qué son, cómo surgen y cuáles son sus características
¿Cómo es la vida de los cartujos?
La vida cartujana combina dos tradiciones del monacato cristiano:
- La vida eremítica (como ermitaños).
- La vida cenobítica (como comunidad).
Cada monje vive la mayor parte del tiempo en una celda individual, la cual consideran como el santuario personal en el que viven su relación con el Señor de manera particular. El preciso destacar que el término de “celda” no debe inducir a un error, porque en realidad es una pequeña ermita o casita, que cuenta con su habitación, un taller y un jardín.
“En este eremitorio, la ausencia de ruidos del mundo exterior invita a la interioridad y a la soledad, a la escucha de la Palabra de Dios. Es el marco habitual de sus ocupaciones diarias: allí el monje reza, trabaja, come, duerme. Sólo sale para las actividades comunes previstas por la regla: la oración litúrgica en la iglesia, la recreación y el paseo semanales”, precisa en su sitio web el Monasterio de la Grande Chartreuse.
De la misma manera, subraya, en su celda el monje debe encontrar su equilibrio, y para lograrlo puede realizar diferentes trabajos manuales, según sus capacidades e intereses. Puede aprender encuadernación, tornear madera, nociones básicas de carpintería, etc. Pero debe permanecer disponible para los trabajos útiles al bien común que se le puedan pedir.
Así, esta pequeña vivienda cuenta con:
- Dormitorio
- Oratorio
- Espacio para estudiar
- Taller de trabajo
- Pequeño jardín.
En general, los cartujos pasan la mayor parte del día en ese sitio evitando contactos innecesarios para favorecer el silencio y solo se reúnen para la realización de los oficios litúrgicos, la Eucaristía conventual, determinadas comidas festivas y la caminata comunitaria semanal. El resto del tiempo permanece dedicado a la contemplación.
¿Cómo transcurre un día en una cartuja?
Aunque existen variaciones entre monasterios, la jornada de los monjes y monjas cartujas normalmente incluye:
La noche: el gran oficio nocturno
- 23:30: Levantarse. Maitines de la Virgen María. Oración personal en la celda.
- 00:15: En la iglesia, oficio de Maitines seguido de Laudes. Ángelus.
- 02:15 a 03:15: Regreso a la celda y acostarse después de recitar Laudes de la Santísima Virgen.
La mañana: santa misa, lectio divina, estudio
- 06:30 a 06:45: Levantarse.
- 07:00: Oficio de Prima, seguido del Ángelus. Oración o lectura preparando las de la misa.
- 08:00: Misa conventual en la iglesia. Después, para los padres, celebración de la misa en soledad, en una capilla. Para los hermanos, oración y luego comienzo del trabajo.
- 10:00: Oficio de Tercia, en la celda. Después ‘lectio divina’, estudio.
Mediodía y tarde: comida, recreación, trabajo manual
- 12:00: Ángelus. Oficio de Sexta. Comida.
Después de la comida sigue un tiempo llamado “recreación”, que se puede utilizar libremente. - 14:00: Oficio de Nona. Para los padres normalmente sigue un tiempo de trabajo manual en la celda. Los hermanos conversos vuelven a su trabajo en las obediencias.
Fin de la jornada
- 16:00: La campana indica el final de las actividades. Vísperas de la Virgen María en la celda.
- 16:15: Vísperas en la iglesia y a continuación regreso a la celda.
- 17:00: Lectura espiritual. Oración.
- Entre 18:00 y 18:30: Colación.
- 18:45: Ángelus y oficio de Completas.
- Entre 19:30 y 20:00: Acostarse.
Te recomendamos: Órdenes Redentoras: ¿Qué son y cuál es la misión de estas congregaciones religiosas?
Una vocación en dos modalidades
Desde los orígenes, precisa el Monasterio de la Grande Chartreuse, la vocación cartujana comprende en su estructura a sacerdotes y hermanos, esto debido a que san Bruno llegó al desierto de Cartuja con seis compañeros, entre ellos cuatro clérigos y dos hermanos conversos, encargados sobre todo de los trabajos para el mantenimiento de la comunidad que los padres en sus celdas no podían realizar.
En Calabria, al momento de la muerte del fundador, dicha fórmula estaba bien consolidada: una comunión de padres y hermanos, viviendo ambos, bajo modalidades diversas, la vocación contemplativa cartujana.
De esta manera, los monjes que viven en el claustro son todos sacerdotes o destinados a serlo. Están encargados en particular de la celebración de la liturgia, que ocupa un lugar importante en la vida cartujana, por lo que la responsabilidad de los oficios litúrgicos recae sobre ellos, y para tal fin deben ser capaces de cantar. Los estudios eclesiásticos se realizan en el monasterio.
Los monjes hermanos llevan también una intensa vida de oración, pero más simplificada. Tienen a cargo los múltiples servicios necesarios para el buen funcionamiento de la casa: cocina, huerta, costura, diversas tareas de mantenimiento, etc. No son sacerdotes, pero participan sin embargo en la liturgia comunitaria.
También tienen su propia celda, pero más pequeña, ya que trabajan una buena parte del día fuera de ella en los diferentes servicios. Su marco de vida es el recinto del monasterio. Siguen una formación doctrinal y monástica adaptada.
Cabe precisar que en el modo de vida de los hermanos existen dos opciones posibles:
- Los hermanos conversos: hacen los mismos votos religiosos que los padres, por lo que su compromiso, sus derechos y deberes religiosos son los mismos.
- Los hermanos donados: no hacen votos, sino que por amor a Dios se entregan al servicio de la Orden mediante un compromiso recíproco. Tienen costumbres propias y están sujetos a menos observancias, realizando a menudo tareas más difícilmente compatibles con las obligaciones de los conversos. Esta forma de vida es una posibilidad para quienes, por alguna razón, no pueden abrazar la vida de hermano converso.
¿Cuál es el proceso para ingresar a la Orden de los Cartujos?
Quienes desean ingresar a la Orden de los Cartujos deben pasan por un largo proceso de discernimiento y formación que detalla la Grande Chartreuse en su sitio web.
Los Padres
- Postulantado: Primero hay un tiempo inicial de adaptación. Luego el candidato entra al postulantado: recibe una capa negra que lleva sobre sus ropas ordinarias y toma parte en todos los oficios conventuales. Recibe su lugar en el coro de los monjes en la iglesia y en el refectorio. El postulantado dura entre tres y doce meses.
- Noviciado: Si el postulante es recibido por la comunidad, éste toma el hábito de novicio, con una capa negra, en un rito significativo por el que se le instala en la celda. Recibe la responsabilidad de algunos pequeños servicios. El novicio de claustro comienza sus estudios eclesiásticos a partir del segundo año de noviciado, los cuales continuarán durante varios años.
- Primera profesión temporal: Si el noviciado ha pasado satisfactoriamente, luego del voto de la comunidad, el novicio emite su primera profesión religiosa, verdadera consagración a Dios, por tres años. Se compromete en la Orden con los votos de estabilidad, obediencia y conversión de costumbres (que incluye pobreza y castidad). El joven profeso deja su capa negra, y viste una cogulla larga con bandas laterales de la misma tela, que son el signo distintivo de los profesos. Permanece aún en el noviciado bajo la guía del padre maestro para proseguir su formación religiosa. El joven profeso puede recibir los ministerios de Lector y Acólito.
- Segunda profesión temporal: Una vez completado el período de su primera profesión, el joven profeso la renovará por dos años. A partir de ese momento sale del noviciado, deja de estar bajo la dirección del padre maestro y pasa a vivir con los profesos de votos solemnes. Comienza entonces una vida más solitaria, la que llevará el resto de su existencia.
- Profesión solemne: Si el joven profeso persevera en su propósito, tras el voto de la comunidad y la aceptación del Ministro General de la Orden, hace su profesión solemne o perpetua, que lo une para siempre a Dios con un vínculo indisoluble. Habrán transcurrido poco más de siete años antes de tomar esta decisión capital que lo compromete para toda la vida.
- Ordenación diaconal y luego sacerdotal: Habiendo finalizado sus estudios, y una vez alcanzada una madurez humana y espiritual suficiente, el monje recibe primero la ordenación diaconal y luego la ordenación sacerdotal, ejerciendo en adelante las funciones litúrgicas asociadas, pero sin apostolado externo.
Los Hermanos Conversos
- Postulantado: Primero hay un tiempo inicial de adaptación. Luego el candidato entra al postulantado: recibe una capa negra que lleva sobre sus ropas habituales y toma parte en los oficios conventuales correspondientes a los hermanos. Recibe su lugar en la iglesia y en el refectorio. Los candidatos que entran para hermanos comienzan desde el principio su vida de trabajo y de oración. El postulantado de los Hermanos dura entre tres y doce meses.
- Noviciado: Al final del postulantado, el joven hermano es presentado a la comunidad para la entrada al noviciado. En esta instancia se procede a una votación para decidir la admisión, como en cada una de las etapas posteriores. Recibe el hábito cartujano: túnica, cogulla corta sin bandas, con una capa negra para los oficios litúrgicos. El noviciado dura dos años. Antes del segundo año, el joven hermano elegirá entre la vida de converso y la de donado. El hermano novicio comienza sus estudios doctrinales, adaptados a sus posibilidades, a partir del segundo año del noviciado.
- Primera profesión temporal: Luego del noviciado, si es aceptado por el voto de la comunidad, el hermano se consagra a Dios mediante la profesión de los votos de obediencia, conversión de costumbres (que incluye pobreza y castidad) y perseverancia en el monasterio, por un período de tres años. Deja la capa y recibe una cogulla con bandas laterales, que son el signo de la profesión.
- Segunda profesión temporal: Al término de esos tres años, renueva sus votos por dos años más. Permanece en la formación del noviciado hasta la finalización de ese período.
- Profesión solemne: Poco más de siete años después de su entrada, el hermano hace sus votos definitivos, que lo unen para siempre a Dios en la Orden Cartujana.
Los Hermanos Donados
El novicio hermano puede optar por ser donado. Este estado de vida permite adaptaciones de la observancia según las necesidades personales. El donado no hace votos religiosos, sino solamente una promesa de servir a Dios con todo su corazón en la Orden cartujana según el contenido de los Estatutos, sellada por un contrato recíproco.
Después del noviciado, si es aceptado por la comunidad, el hermano hace su donación por tres años, deja la capa negra y recibe una cogulla larga sin bandas. Al término de ese período, renueva su donación por otros dos años.
Luego, finalizadas la probación y la formación, puede elegir entre la donación perpetua, que lo compromete para siempre con la Orden, y la donación bajo régimen trienal, es decir, que en el futuro renovará su donación cada tres años.
Te recomendamos: ¿Quiénes son los Agustinos, la Orden a la que pertenece el Papa León XIV?
¿Dónde viven los cartujos?
Los cartujos habitan en monasterios conocidos como cartujas, construidos normalmente en lugares apartados como:
- Montañas
- Bosques
- Valles
- Zonas rurales.
El aislamiento no busca despreciar el mundo, sino favorecer la unión permanente con Dios mediante el recogimiento. Cada cartuja posee amplios espacios de clausura y pequeñas casas individuales para los monjes.
“La verdadera razón de ser de los miembros de la Cartuja, no se halla ni en su santificación personal, ni en su misión apostólica oculta, sino que reside únicamente en Dios. El monje cartujo, la monja cartuja, al retirarse del mundo como los primeros Padres del Desierto, lo hace para glorificar a Dios. Su retirada no significa en ningún caso, desprecio o despecho de los hombres. Es fruto del amor de Dios, de su llamada”, indica la comunidad de Montalegre.
¿Cuál es su presencia en el mundo?
Actualmente la Orden Cartujana cuenta con veintiún casas distribuidas por el mundo, dieciséis de monjes y cinco de monjas.
Los monasterios masculinos se encuentran en Francia, Italia, España, Suiza, Eslovenia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos de América, Brasil, Argentina y Corea del Sur.
Por lo que respecta a los monasterios femeninos, estos se ubican dos en Francia, uno en Italia, uno en Corea del Sur y uno en España.
“La existencia ininterrumpida de nuestra Orden por más de nueve siglos, a través de las vicisitudes de la historia, es un signo de la solicitud de Dios para con ella, de su equilibrio de vida y de su lugar y misión particulares en la Iglesia”, subraya el Monasterio en un mensaje publicado en su sitio web.
Cabe destacar que aunque el número de miembros es reducido en comparación con otras familias religiosas, la Orden continúa recibiendo vocaciones y conserva prácticamente intacta la forma de vida heredada desde el siglo XI.
Te recomendamos: 500 años de la presencia de los Dominicos en México: ¿Quiénes son y cuál es su legado?
¿Cuál es la finalidad de la Orden Cartuja?
La finalidad última de la Orden de los Cartujos no consiste en realizar obras visibles, sino en vivir una unión permanente con Dios en favor de toda la Iglesia.
Los Estatutos expresan que el cartujo responde a una llamada especial de Cristo para dedicar toda su existencia a la contemplación, convirtiéndose en un testimonio silencioso de que Dios basta.
“En la soledad y el silencio, que le proporciona el monasterio, y con la ayuda de la Gracia, el monje y monja cartujo, alcanza una más íntima unión con Dios y, a través de Él, con toda la humanidad. Y, en esa unión, en la contemplación, adora a Dios, lo alaba, le da gracias, se deja seducir por Él y se entrega a Él en nombre de todos los hombres. Cumple así la misión que le ha encargado la Iglesia de que sea, en nombre de todos, en solidaridad fraterna con todos, un alma en continua oración.
“Los cartujos, como otros monjes dedicados a la contemplación, cumplen también la función de intercesión ante Dios rezando, por vivos y difuntos, cada día, en todos los oficios litúrgicos y en la Eucaristía. Al mismo tiempo, por la contemplación, por el encuentro y la íntima unión con Dios, los monjes y monjas cartujos son y dan, al mundo, testimonio de que Dios existe y que puede llenar el corazón del ser humano”, puntualiza la Orden.
Por ello, la Iglesia considera que esta vocación posee un profundo valor eclesial porque recuerda continuamente que toda acción apostólica encuentra su fuerza en la oración y en la comunión con Dios. Como enseñan los propios cartujos, desde el silencio de sus celdas sostienen espiritualmente la misión evangelizadora de toda la Iglesia.

