Historias de Fe
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Maurilio Suárez soñaba con grandes escenarios; halló algo aún mejor

Esta es la historia de como el cantante puso su voz al servicio de Dios.
El músico católico Maurilio Suárez. Foto: Cortesía.
El músico católico Maurilio Suárez. Foto: Cortesía.

Maurilio Suárez es ingeniero en Cibernética, licenciado en Teología y maestro en Educación; pero sobre todo, es un talentoso músico e intérprete de canciones católicas. Pero, ¿qué lo llevó a querer seguir a Cristo, cuando era un joven que no tenía más objetivos en la vida que el éxito profesional y económico?

Hijo de don Antonio, un ferviente católico de los Altos de Jalisco, y doña Susana, quien no tenía ninguna formación religiosa, Maurilio creció, como él mismo lo dice, “con un catolicismo light, descafeinado y deslactosado; es decir, sin azúcar, sin café y sin leche”, ya que su vivencia de la religión no incluía lo más importante: a Jesús, explica en entrevista.

“De pequeño iba a Misa -dice-, pero más que por el gusto de ir, era porque de ahí nos pasábamos a comer con la familia de mi papá. Eso era en realidad lo que me gustaba”, expresa.

Su gran pasión, el punto de partida

Desde los 10 años comenzó a tocar guitarra; y si bien su madre no creció formada en la fe católica -tan es así que hizo su Primera Comunión para poder casarse con don Antonio-, era una gran mujer, así como una muy buena cantante, quien lo acompañaba con su voz mientras él hacía sonar las cuerdas.

“Yo pensaba que no tenía habilidades para el canto -refiere Maurilio Suárez-, y por eso sólo tocaba. Hasta que en la secundaria hubo un concurso de villancicos y el maestro se dio a la tarea de buscar un solista. Me probó y vi que el canto no me salía mal”, recuerda.

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Al entrar a la preparatoria, se inscribió en la Estudiantina de Lasalle, que era entonces la encargada de cantarle al Papa Juan Pablo II cuando venía a México. “Me convertí en el vocalista. Y entonces se me metió la idea de llegar a ser famoso, de abrirme camino en las disqueras”.

Además, en esa época Maurilio comenzó a trabajar, y el éxito laboral lo alcanzó a la edad de 19 años en una empresa transnacional. Corría entonces el año 1994, y un amigo lo invitó a un retiro; pero, con tantas ocupaciones, Maurilio no tenía tiempo para asistir, y mucho menos ganas de ir.

Seis años tardaría su amigo en convencerlo. En todo ese tiempo, él le estuvo poniendo pretextos, incluso que tenía que ir a vacunar a su perro, cuando ni siquiera tenía perro. Y es que su pensamiento era éste: “Si yo le he cantado al Papa, qué me pueden enseñar de religión en un retiro”. Pero finalmente en el año 2000 accedió, y se llevó una grata sorpresa.

“El día domingo -refiere-, al final del retiro, estaba yo emocionado. Y de pronto el predicador dijo: ‘Pídanle a Dios lo que quieran, pero tengan cuidado porque Él cumple’. Yo le dije a Dios: ‘Déjame servirte a través de lo que más amo: la música’… Y así sería, me lo concedería, pero no como yo imaginaba”.

La fugaz expectativa

“Un año antes del retiro había cantado yo en el Encuentro de las Generaciones en el Estadio Azteca, en la penúltima visita del Papa Juan Pablo II. Así que cuando le pedí a Dios que me dejara servirle a través de la música, me imaginaba algo similar: el estadio repleto, reflectores, aplausos, y yo cantando para todos”.

El lunes siguiente al retiro, mientras se hallaba en la Universidad -pues entonces también impartía clases-, se acercó a él un capellán. “¡Tú eres el que canta! -le dijo-, necesito a alguien que dirija un coro de niños para cantar en Misa de nueve”.

El cantante durante una interpretación en el teatro Metropolitan. Foto: Cortesía.

El cantante durante una interpretación en el teatro Metropolitan. Foto: Cortesía.

En ese momento, Maurilio le reclamó a Dios: ‘¡Cómo que un coro de niños!’. Pero por algo no pudo decirle ‘no’ al capellán.  Poco después, un amigo le llamó para informarle que se mudaría a Morelia, y andaba en busca de alguien que lo supliera al frente de la Estudiantina de la Asociación Pro Personas con Parálisis Cerebral (APAC). Maurilio Suárez aceptó, honrado de poder servir a Dios, pero sepultando con ello sus sueños de volver a brillar un día en un escenario como el Estadio Azteca”.

La divina realidad

Mientras dirigía el coro de niños y la estudiantina de APAC, se propuso aprender más sobre Jesús, así que ingresó al grupo juvenil de su parroquia y a la carrera de Teología.

“En eso estaba, cuando me hablaron de la Fundación Teletón cierto día de diciembre de 2002, para que participara con mis chavos de APAC. Dije que sí. Imaginaba que sería en un horario de madrugada en un foro de Televisa. Cuando me van informando que sería en el horario estelar de las 21:00 hrs. y en el Estadio Azteca”.

La noche del Azteca fue para Maurilio Suárez una experiencia mágica, una “apoteosis”: 100 mil personas en las gradas, 50 mil en la cancha: un sueño para un artista. “

Mis chavos rifándose como si hubiera sido su primera y su última tocada; la gente entregada a ellos. ¿Y yo?…  Yo viendo el rostro de Jesús en cada persona, y entendiendo algo muy hermoso: que así era servir a Dios con la música: estar presente, pero sin volver a ser el protagonista”.

 

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