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¿Por qué mirar a los niños, niñas y adolescentes con ternura puede cambiar el mundo?

En México, millones de niños, niñas y adolescentes sufren violencia. La Iglesia llama a educar con ternura, dignidad y fe para transformar su presente y futuro.

POR  Jorge Reyes
5 mayo, 2026
¿Por qué mirar a los niños, niñas y adolescentes con ternura puede cambiar el mundo?
La ternura y el acompañamiento amoroso son fundamentales para el desarrollo pleno de los niños y niñas, y la construcción de una sociedad más humana. Foto Especial.

De acuerdo con datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en México residen más de 38 millones de niñas, niños y adolescentes, de los cuales el 63% sufre agresiones físicas y psicológicas como parte de su formación.

“La violencia contra niños, niñas y adolescentes muchas veces encuentra formas tan simples como un manotazo, una nalgada o un grito, y se justifica como una forma normal de disciplina, pero no lo es; cada una de estas manifestaciones tiene un impacto negativo en el desarrollo y la autoestima de los menores”, asevera la Unicef.

De la misma manera, añade el organismo, tanto en México como en el mundo esa población se encuentran expuestas a diversas formas de violencia de manera diferenciada a lo largo de su vida y en los múltiples contextos en los que se desenvuelven: escuela, comunidad, instituciones de cuidado, incluso en el hogar.

Las agresiones contra menores no se denuncian

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) establece que en nuestro país los casos de agresión en contra de los menores son difícilmente denunciados, ya sea por temor al agresor, exposición pública, estigmatización, desconfianza en las autoridades, desconocimiento de sus derechos o por la ausencia de mecanismos disponibles y accesibles para reportar y pedir ayuda.

Carmen Gabriela Ruiz Serrano, académica de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), indica que el abuso infantil se refiere a aquellas acciones que se cometen en contra de menores de edad y que pueden ser perpetradas en distintos escenarios.

“Puede tipificarse como abuso físico, psicológico, sexual, omisión de cuidados y negligencia. Usualmente en estos conceptos existe una relación con sus contextos más cercanos, es decir, la familia o la escuela. Ese tipo de abusos afecta su desarrollo biopsicosociocultural”, expuso en un entrevista publicada por la Gaceta de la UNAM.

Niñas, niños y adolescente merecen que se respete su dignidad

Ante este escenario, Adrián Rodríguez González, director de la Comisión para la Protección de Menores y Personas Vulnerables de la Arquidiócesis Primada de México, ofreció una profunda reflexión sobre la visión integral que debe tenerse de la infancia desde la fe cristiana enmarcada siempre en el buen trato y el respeto pleno a su dignidad.

Esta visión integral, aseveró en el marco de la Semana del Buen Trato, parte de un principio fundamental, que la dignidad de los niños, niñas y adolescentes es inherente e inquebrantable, ya que proviene de su condición de ser creados a imagen y semejanza de Dios.

Por lo tanto, esta dignidad no depende de circunstancias externas, ni puede perderse, incluso en contextos adversos como la violencia o el abandono, aseveró al participar en la conferencia “Niñas y niños: Identidad, dignidad y mirada de Dios”.

“Nuestra dignidad parte desde el momento en que Dios nos crea y nos llama a la vida como hijos e hijas de Dios. Entonces nosotros al poner en un niño, niña y adolescente esa mirada de Dios debemos darnos cuenta de que este ser humano que Dios me ha regalado, para que yo acompañe como papá, como catequista, como maestro, ya es digno de Dios y es digno también de la sociedad, porque es una imagen y semejanza de este Dios creador de la vida”, indicó.

El acompañamiento fundamental en la visión integral de la infancia

Rodríguez González subrayó que mirar a la infancia desde la fe implica reconocer que cada niño es un ser profundamente valioso desde su origen, por lo tanto nuestra labor no se trata solo de protegerlos físicamente, sino de acompañarlos en todas sus dimensiones: emocional, espiritual, social y afectiva.

“Desde el momento en que Dios llama a la vida, cada niño ya es digno”, explicó, destacando que esta visión transforma la manera en que padres, educadores y formadores deben relacionarse con ellos.

Durante su participación en la conferencia que se transmitió a través de las redes sociales de la Arquidiócesis de México, el especialista señaló que la responsabilidad de los padres de familia y adultos de acompañar a la infancia debe sustentarse en varios pilares fundamentales:

  • Reconocimiento de su dignidad: ver al niño como un sujeto de valor absoluto.
  • Amor y cuidado constante: garantizar entornos seguros y afectivos.
  • Escucha y cercanía: atender sus emociones, inquietudes y necesidades.
  • Formación integral: nutrir su desarrollo humano y espiritual.
  • Ejemplo de vida: educar más con acciones que con palabras.

Para ilustrar esto, Rodríguez González utilizó la imagen del árbol: así como una semilla necesita agua, luz y nutrientes para crecer, los niños, niñas y adolescentes requieren acompañamiento, amor y guía para desarrollarse plenamente.

La Sagrada Familia, modelo educativo

El director de la Comisión para la Protección de Menores y Personas Vulnerables propuso a los padres tomar como modelo ideal para la formación y acompañamiento de sus hijos a la Sagrada Familia, ya que en ella se pueden encontrar tres elementos esenciales para fortalecer su educación:

  • Jesús fue puesto al centro de la vida familiar
  • Hubo escucha, acompañamiento y cuidado
  • Se vivió el amor incluso en momentos de dificultad

Este ejemplo invita a las familias actuales a construir lo que se conoce como “Iglesia doméstica”, donde el hogar se convierte en el primer espacio de formación en la fe y en valores.

“Si nosotros queremos que ese árbol que comienza a crecer, que se nutre a través de las raíces, dé un fruto grande, dé una sombra grande, pueda oxigenar y limpiar nuestra atmósfera, necesita tener buenos nutrientes. José y María fueron muy buenos nutrientes para Jesús, que también fue discerniendo, fue sabiendo lo que Dios Padre Creador quería para él y entonces hace una propuesta de amor, que no solamente se la queda, la comparte”, explicó.

La ternura: clave en el trato a los niños

Uno de los conceptos más relevantes de la charla fue cuando Rodríguez González habló sobre la importancia de ofrecer a los niños, niñas y adolescente, la ternura, no entendida como debilidad, sino una forma profunda de reconocer la dignidad del otro, pero sobre todo la de ellos mismos, porque es la herramienta fundamental para evitar que se sientan vulnerables.

“¿Cómo quiero yo que ellos no sientan esta vulnerabilidad, sino que se sientan con esta dignidad de Dios? Necesito verlo con ternura. El Papa Francisco nos habló mucho de la ternura y la ternura tiene que ver con esta mirada amorosa que es cálida y con la que nos damos cuenta que, como seres humanos, todos somos iguales, todos somos vulnerables y todos, desde una ternura, podemos acogernos, cuidarnos y desde ahí respetarnos”, dijo.

En este tenor, explicó que, así como un adulto sostiene con cuidado a un recién nacido, esa misma actitud debería mantenerse a lo largo de toda la vida del niño, ya que la ternura implica:

  • Mirar con amor
  • Tratar con respeto
  • Acompañar con paciencia
  • Corregir sin violencia

Los efectos de este trato, subrayó, son determinantes: niños que crecen en ambientes de ternura desarrollan mayor seguridad, autoestima y capacidad de amar, lo que repercute directamente en la construcción de sociedades más humanas.

“Cuando nosotros como familia logramos transmitir esto a nuestros hijos, en medio de nuestras realidades humanas, nuestros niños, niñas y adolescentes se sienten amados, se sienten dignos merecedores de un amor que no te exige nada más que simplemente dejarte amar, y con ello estamos formando sociedades más amorosas”, insistió.

Responder a sus necesidades para un desarrollo pleno

Finalmente, el especialista enfatizó que los niños, niñas y adolescentes tienen necesidades específicas en cada etapa de su crecimiento, y que ignorarlas puede afectar su desarrollo integral en todos los ámbitos en que se van involucrando a lo largo de su vida.

Estas necesidades no son solo materiales, sino también afectivas y emocionales:

  • Sentirse amados
  • Ser escuchados
  • Recibir guía
  • Contar con protección

Además, destacó la importancia de que los adultos aprendan a mirar el mundo desde la perspectiva del niño, la niña y los adolescentes comprendiendo su etapa y su forma de ver la realidad.

Rodríguez concluyó recordando que el cuidado de la infancia no debe limitarse a fechas conmemorativas, sino asumirse como una misión constante. “Cuidar a los niños es cuidar el futuro de la sociedad”, afirmó.

Desde la visión cristiana, puntualizó, este compromiso implica reconocer en cada niño, niña y adolescente el rostro de Dios, acompañarlo con amor y ayudarlo a crecer en plenitud, para que también él sea capaz de amar y transformar el mundo.



Autor

Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, con una trayectoria de más de 30 años como periodista en medios como Reforma, El Centro y Notimex, así como funcionario de comunicación social en dependencias de gobierno y legislativas. Actualmente trabaja como periodista especializado en temas de religión.