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Más de 200 sacerdotes secuestrados: ¿qué está pasando con los cristianos en Nigeria?

La violencia en Nigeria golpea especialmente a comunidades cristianas, víctimas de ataques, secuestros y desplazamientos.

17 agosto, 2026
Más de 200 sacerdotes secuestrados: ¿qué está pasando con los cristianos en Nigeria?
Poblaciones que pierden sus casas, cultivos y tierras después de los ataques. Foto: ACN
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La violencia que sacude Nigeria tiene distintos rostros. En el norte, una de las regiones donde el islam se vive de manera más fundamentalista, operan Boko Haram y otros grupos yihadistas. En el Cinturón Medio, comunidades cristianas son atacadas y expulsadas de sus pueblos por grupos armados que terminan apoderándose de sus tierras. A ello se suman bandas dedicadas al secuestro y milicias fulani armadas que han extendido su presencia a otras zonas del país.

Marcela Szymanski, especialista en libertad religiosa y responsable de incidencia internacional de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), advierte que reducir la crisis a una disputa entre agricultores y pastores oculta una realidad más grave: poblaciones que pierden sus casas, cultivos y tierras después de los ataques.

Comunidades prácticamente indefensas

“No existe una resistencia”, explica Szymanski. En numerosos pueblos cristianos la población no dispone de armas para defenderse. Frente a grupos que llegan con fusiles y armamento de guerra, los habitantes cuentan, en el mejor de los casos, con herramientas o palos. Los agresores entran de noche, queman viviendas y cosechas y obligan a las familias a huir.

Szymanski señala también que en los estados del norte donde rige la sharía su influencia rebasa el ámbito judicial y alcanza distintos aspectos de la vida cotidiana, desde la educación hasta las normas sociales y alimentarias. A su juicio, esta realidad ha contribuido a reducir progresivamente el espacio económico, civil y político de las comunidades cristianas.

Las cifras disponibles tampoco muestran, advierte, toda la dimensión del desplazamiento. La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) calcula que 5.9 millones de personas afrontan necesidades severas o extremas en Borno, Adamawa y Yobe, los tres estados del noreste más golpeados por la insurgencia. Szymanski recalca que ese balance se concentra en el noreste y no incorpora a todos los desplazados de otros estados afectados por la violencia.

Sacerdotes y fieles, en la mira

Un estudio de la Conferencia Episcopal de Nigeria compartido con ACN documentó al menos 212 sacerdotes secuestrados entre 2015 y 2025 en 41 de las 59 diócesis y arquidiócesis del país. Doce fueron asesinados y otros tres murieron posteriormente por las heridas o los traumatismos sufridos durante el cautiverio.

María Lozano, directora de prensa internacional de ACN, identifica tres factores que suelen entrecruzarse: odio religioso, secuestro como negocio y control territorial. “La impunidad favorece la repetición de la violencia; la indiferencia hace invisible el sufrimiento”, señala.

La amenaza tampoco se limita al norte. El 2 de agosto, hombres fuertemente armados irrumpieron en la iglesia católica de St. Joseph, en Affa, estado de Enugu, al sureste del país, y secuestraron al seminarista Lawrence Igbo y al fiel Emmanuel Onwudi. Tras siete días de cautiverio, ambos relataron que fueron golpeados, amenazados de muerte y privados de comida y agua durante tres días mientras sus captores exigían un rescate.

Después de su liberación, una operación de las fuerzas de seguridad localizó en el escondite de la banda cuatro fusiles AK-47, siete cargadores y 133 cartuchos. El Ejército confirmó la detención de tres sospechosos. Una fuente citada por Truth Nigeria los identificó como fulani; el propio medio señala además que pastores fulani colaboraron con las autoridades en la búsqueda, una distinción necesaria para no identificar a toda esa comunidad étnica con los grupos armados.

La presión internacional

La situación ha llegado a la agenda internacional. Donald Trump volvió a designar a Nigeria como “país de particular preocupación” por violaciones a la libertad religiosa y afirmó que los cristianos afrontan una “amenaza existencial”. El Parlamento Europeo aprobó el 9 de julio una resolución que reclama investigaciones, protección de civiles, sistemas de alerta temprana y medidas contra la impunidad.

León XIV también ha pedido atención para Nigeria. Tras la masacre de Yelwata, en Benue, rezó especialmente por “las comunidades cristianas rurales” víctimas de una violencia incesante y pidió que prevalezcan la seguridad, la justicia y la paz.

Para Lozano, sin embargo, la historia no termina en la persecución: “A pesar del miedo y de las enormes dificultades, siguen llenando las iglesias y dando testimonio de una fe extraordinariamente viva. Son testigos de esperanza”.

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Autor

Periodista independiente especializada en la fuente religiosa. Ha colaborado con Agencia Fides, ACI Prensa, Zenit y el Observador de la Actualidad. Es Lic. Publicidad y Relaciones Públicas por la Complutense de Madrid, con maestría en neuromarketing por la Universidad Internacional de La Rioja y cuenta con estudios en Teología por la Universidad Católica Lumen Gentium.