¡Reconstrucción YA!

Son varios millones de pesos los que se han destinado, pero no se ven reflejados en obras.
La Parroquia de San Bernabé Apóstol es considerada patrimonio histórico y se encuentra dañada desde septiembre de 2017. Foto: Alejandro García
La Parroquia de San Bernabé Apóstol es considerada patrimonio histórico y se encuentra dañada desde septiembre de 2017. Foto: Alejandro García

A un año y ocho meses del sismo registrado en la Ciudad de México en septiembre de 2017, volvemos la mirada hacia nuestras iglesias dañadas: unas 160, de las cuales 60 presentan daños severos, y 25 tuvieron que cerrar sus puertas, la mayoría ubicadas en la Alcaldía de Xochimilco, incluida la Parroquia de San Bernardino de Siena, considerada como una propuesta para ser la Catedral de la Diócesis de Xochimilco en caso de que el Papa Francisco apruebe la reestructuración arquidiocesana.

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Los pueblos originarios de dicha alcaldía, en particular, están preocupados por sus templos, pues temen que se les deje en el olvido y no funcionen más para el culto. Pero, ¿qué hemos hecho como Iglesia y qué han hecho las autoridades gubernamentales para rescatarlos?


Todos podríamos hacer algo: como Iglesia, nuestro papel es animar a los sacerdotes de los templos dañados a salir y atender a sus comunidades más allá de los muros; a los fieles corresponde mantener vivas sus comunidades; a las comunidades de parroquias no afectadas, ser solidarias y caritativas; a todos, salir de la indiferencia, pues si un miembro del cuerpo sufre, todo el cuerpo sufre.

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Más allá de que los templos sean patrimonio histórico, cultural o artístico de la nación, son lugares de encuentro y casas de oración, razón por la cual los fieles desean no sólo que sean levantados, sino colaborar con las autoridades en la reconstrucción. Como Iglesia, pedimos al Señor que las autoridades puedan ya concretar los proyectos por tanto tiempo anunciados.

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La Iglesia tiene límites en esta labor por dos razones: una, los templos dañados son propiedad federal y no es lícita su intervención por la vía libre, y dos, la intervención de un templo es muy costosa. Quienes deben encargarse de esta labor son instancias federales y locales, como la Secretaría de Cultura, el INAH y otras.

Se habla de que son varios millones de pesos los que el Fondo Nacional de Desastres Naturales y un seguro han destinado para esta tarea; pero el dinero no se aplica ni se ve reflejado en obras.

¡Queremos ver nuevamente abiertas las puertas de todas las iglesias! ¡Queremos ver ya acciones concretas!

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