La paz también empieza por nuestros gobernantes

Los buenos tiempos para nuestra patria sólo podrán surgir si vivimos conforme a valores auténticos y profundos, como los valores del Evangelio.
La paz también empieza por nuestros gobernantes. Foto: Especial.
La paz también empieza por nuestros gobernantes. Foto: Especial.

Nuestras cámaras de representantes, por ser entes clave para el desarrollo del país, deberían ser instituciones de gran prestigio moral, cuyos integrantes, en lugar de estar enfocados en objetivos partidistas, tendrían que tener siempre altura de miras para poder observar con objetividad lo que el pueblo necesita.

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En este sentido, es preciso señalar que, frente a la polarización social que actualmente vivimos, más allá de reformas -que desde luego son necesarias para el país-, lo primero que el pueblo necesita es paz social, una paz que no se puede alcanzar por decreto, pero sí impulsar con el ejemplo, ya que la paz es un tema moral antes que de leyes.


En días recientes, los medios de comunicación han dado cobertura a las discusiones de los legisladores que se han caracterizado más por las descalificaciones que por un debate mesurado que lleve a consensos. Incluso, en el Congreso local del Estado de México, dos diputados de bancadas distintas se enfrentaron verbalmente y hasta amenazaron con llegar a los golpes.

No debemos olvidar que la polarización social que hoy se vive en todo el país, es en gran medida reflejo de lo que ocurre “arriba” con la clase política, cuyos relatos, líneas de pensamiento, dogmas y enfrentamientos crean eco a lo largo y ancho de la nación.

Por tal motivo, la Arquidiócesis Primada de México -como Iglesia siempre comprometida con la cultura de la paz y el entendimiento- hace un llamado a quienes integran la clase política a asumir la responsabilidad moral que les confieren sus cargos, y ser tolerantes ante la diversidad de opiniones y posturas, como camino hacia el encuentro, y en favor del bien común.

Los buenos tiempos para nuestra patria sólo podrán surgir si vivimos conforme a valores auténticos y profundos, como los valores del Evangelio, que en este domingo nos llama a actuar de forma distinta a la lógica del mundo, lo cual debería ser un principio fundamental en la esfera política: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman”.