En nuestra fragilidad se muestra la fuerza de Dios

Desde la fe podemos ver que en nuestra fragilidad se manifiesta fuerte la presencia de Dios. Él nos ayuda a no caer derrotados en esta pandemia.
Oración ante el Santísimo
Oración ante el Santísimo

El Apóstol Pablo pasó por varias dificultades a lo largo de su vida. Muchas veces tuvo que experimentar toda serie de sufrimientos para realizar la obra de evangelización que Jesús le encomendó. Todos estos momentos los vivió con fe y con esperanza. En el capítulo cuarto de la Segunda Carta a los Corintios, reflexiona sobre la debilidad y el dolor, así como sobre la fortaleza y la salvación que provienen de Dios: “Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; nos ponen en aprietos, mas no desesperamos de encontrar salida; somos acosados, mas no aniquilados; derribados, pero no perdidos; llevamos siempre en nosotros por todas partes los sufrimientos mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros”.

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En este tiempo de emergencia sanitaria por el COVID-19 nos sentimos abrumados. Nos agobia el encierro, la difícil situación económica, la enfermedad, el riesgo de contraer el virus. A veces pareciera que nos encontramos en un callejón sin salida, pues no alcanzamos a vislumbrar con claridad cuándo disminuirá el peligro y cuándo podremos recuperar nuestro ritmo de vida, lo mejor que se pueda.


En nuestra fragilidad se manifiesta fuerte la presencia de Dios en nosotros. Él nos ayuda a no desesperarnos ni a caer derrotados. Con la confianza de que él nos acompaña en los momentos de agobio, es importante que perseveremos en cuidarnos y en cuidar a los demás, tomando todas las medidas de prevención que estén a nuestro alcance. Debemos resguardarnos hasta donde sea posible. Es muy importante que seamos precavidos al máximo.

El levantamiento gradual de la cuarentena no significa que la pandemia haya terminado. Con Dios a nuestro lado, sabemos que esta ardua prueba no nos aplastará. No desesperamos, ya que, tarde o temprano, se solucionará todo y encontraremos la salida. Tengamos paciencia y confianza. Aprovechemos esta crisis para enfocarnos en lo más importante: intensificar nuestra relación con Dios y con las demás personas. Tengamos el ánimo para que, cuando podamos salir de nuevo y retomar nuestras actividades cotidianas, volvamos con muchas fuerzas y entusiasmo, transformados, con el firme propósito de ser mejores que antes de la pandemia.

 

 

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