La primera fotografía de la Virgen de Guadalupe y la histórica coronación de 1895
Pocos conocen que la primera fotografía de la Virgen de Guadalupe fue realizada sin el cristal que protegía el ayate y que su venta contribuyó a financiar la coronación pontificia de 1895. Esta es la historia de una imagen que marcó un antes y un después en la devoción guadalupana.
Mucho antes de que las imágenes pudieran compartirse de manera instantánea, una fotografía permitió que miles de personas conocieran con mayor cercanía el rostro de la Virgen de Guadalupe. Aquella imagen, considerada la fotografía más antigua del ayate guadalupano, no solo marcó un hito en la historia religiosa y cultural de México, sino que también contribuyó a financiar uno de los acontecimientos más importantes de la devoción mariana en el país: la Coronación Pontificia de la Morenita del Tepeyac.
La primera fotografía de la Virgen de Guadalupe
La fotografía más antigua conocida de la Virgen de Guadalupe fue tomada por Manuel Buen Abad por instrucciones del entonces arzobispo de México, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, quien autorizó que el sagrado lienzo fuera retratado sin el cristal que lo protegía.
Las imágenes se reprodujeron y comercializaron con un doble propósito: recaudar fondos para la coronación pontificia de la Virgen de Guadalupe, decretada por el Papa León XIII para 1895, y obtener recursos para mejorar las instalaciones de la antigua Colegiata de Guadalupe.
Actualmente se conserva una de estas fotografías gracias a que fue adherida en la primera página del libro Historia de la aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe en México, escrito por el jesuita Esteban Anticoli y publicado en 1897.
A partir de entonces, la difusión de esta imagen permitió que la devoción guadalupana alcanzara nuevos horizontes. Muchas personas que conocían la historia de las apariciones únicamente por medio de los relatos de los misioneros pudieron contemplar por primera vez una reproducción fiel de la imagen venerada en el Tepeyac.
Un sueño que comenzó más de un siglo antes
La coronación pontificia de la Virgen de Guadalupe tuvo lugar el 12 de octubre de 1895, pero la idea se había gestado mucho tiempo atrás.
Uno de sus principales promotores fue el historiador italiano Lorenzo Boturini Benaducci, quien llegó a la Nueva España en 1736 y dedicó gran parte de su fortuna a reunir documentos, testimonios y evidencias relacionadas con las apariciones guadalupanas. Entre sus anhelos estaba que la imagen recibiera algún día una solemne coronación pontificia.
Su sueño tardó más de un siglo en hacerse realidad.
La corona de la Reina de México
Para la elaboración de la corona se organizó un concurso nacional, cuyo diseño ganador lo realizó Rómulo Escudero y Pérez Gallardo, junto con el pintor Salomé Piña.
La pieza fue fabricada en París por el orfebre Edgar Morgan. Se trataba de una imponente corona imperial de plata, de 62 centímetros de altura y 59 centímetros de circunferencia. Entre sus detalles destacaban los escudos de las 22 diócesis y las tres arquidiócesis existentes entonces en México, además del escudo pontificio y el de la Ciudad de México.
Una celebración de dimensión continental
La fecha elegida para la ceremonia fue el 12 de octubre de 1895, como símbolo de unidad para los pueblos del continente americano.
Al acto asistieron los obispos de México y diversos prelados invitados del extranjero, así como miembros del cuerpo diplomático y destacadas personalidades de la vida pública nacional.
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando los obispos colocaron sus mitras y báculos a los pies de la Virgen de Guadalupe como signo de obediencia y reconocimiento de su realeza espiritual.
Las coronas que recibió después
La coronación de 1895 no fue la única distinción que recibió la imagen guadalupana.
El Papa San Pablo VI le obsequió una Rosa de Oro el 20 de marzo de 1966, una de las más altas distinciones que concede la Santa Sede. Posteriormente, San Juan Pablo II le ofreció una nueva corona durante su primera visita apostólica a México, el 27 de enero de 1979.
Años más tarde, también el Papa Francisco envió una corona como muestra de su afecto y veneración hacia la Patrona de América.
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José Vasconcelos y el recuerdo de aquel día histórico
Una de las descripciones más vivas de la coronación la escribió José Vasconcelos en su obra Ulises Criollo, donde evocó el ambiente de fervor que se vivía en la Ciudad de México durante aquellos días.
Según relata, la corona se elaboró con oro, diamantes y rubíes, y había sido posible gracias a las aportaciones de miles de fieles de todo el país. Aunque las leyes de la época limitaban las manifestaciones religiosas públicas, las familias decoraron sus casas, balcones y azoteas con banderas, guirnaldas y estampas de la Virgen.
Vasconcelos recordó especialmente el instante culminante de la ceremonia:
“A las doce, las campanas a vuelo y el clamor de los fieles glorificaban el instante en que el arzobispo en la Basílica de Guadalupe descorría el velo sobre la imagen coronada: ‘Reina de los mexicanos’”.
Aquella jornada quedó grabada en la memoria colectiva de México como una de las mayores expresiones de amor y devoción a la Virgen de Guadalupe, cuya presencia continúa siendo un signo de identidad, fe y esperanza para millones de personas dentro y fuera del país.
@desdelafe En 1999, el Papa Juan Pablo II declaró el 12 de diciembre como el día para celebrar a la Virgen de Guadalupe. Vivamos juntos este día 🙌💕 #VirgendeGuadalupe #12diciembre #basilicadeguadalupe #Catolicos #mexico ♬ original sound – Desde la Fe




