El Cristo más antiguo de México fue restaurado: la historia del Señor de Santa Teresa

Leer más
COLUMNA

Columna invitada

La Coronación Pontificia de la Virgen de Guadalupe, a 131 años

Los fieles, sin poderse contener, exclamaron con vibrantes voces: ¡Viva la Virgen de Guadalupe!

17 julio, 2026
La Coronación Pontificia de la Virgen de Guadalupe, a 131 años
Imagen y corona de la Virgen de Guadalupe. Foto: María Langarica
Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega Desde la Fe en

Pocas celebraciones han quedado tan profundamente grabadas en la historia religiosa de México como la coronación pontificia de la Virgen de Guadalupe. Aquel 12 de octubre de 1895, miles de fieles se congregaron en el antiguo Santuario del Tepeyac para presenciar un acto que reconocía oficialmente la profunda devoción del pueblo mexicano hacia su Madre y Reina.

Este 2026, al cumplirse 131 años de aquel acontecimiento, vale la pena volver la mirada a una jornada que no sólo reunió a obispos, sacerdotes y peregrinos de todo el país, sino que también confirmó el lugar privilegiado que la Virgen de Guadalupe ocupa en la fe y en la historia de México.

@desdelafe La Virgen de Guadalupe en el ombligo de la Luna creciente, nos muestra que ha vencido la oscuridad y que permanece como signo de luz y esperanza. 🌙 🙏 #virgendeguadalupe #luna #católico #fyp #madrededios #rosario ♬ sonido original – Desde la Fe

Un anhelo que tardó más de un siglo en hacerse realidad

Ya desde el siglo XVIII, Lorenzo Boturini había iniciado las gestiones para obtener la coronación pontificia de la imagen guadalupana. Sin embargo, tras su expulsión de la Nueva España por órdenes del virrey Conde de Fuenclara, el proyecto quedó inconcluso.

Casi cien años después, la iniciativa fue retomada. Primero se solicitó a la Santa Sede la aprobación del nuevo oficio litúrgico guadalupano, autorización que finalmente llegó el 6 de marzo de 1894. Paralelamente, se pidió el permiso para coronar solemnemente la imagen de Santa María de Guadalupe, gracia que el papa León XIII concedió mediante un Breve Apostólico fechado el 8 de febrero de 1887.

Con ambas autorizaciones, comenzaron los preparativos para una ceremonia que marcaría la historia del país.

El Tepeyac se vistió de fiesta para recibir a su Reina

Con el propósito de dar a la celebración el esplendor que merecía, se realizaron importantes obras de remodelación en el santuario bajo la dirección de José Antonio Plancarte y Labastida. Concluidos los trabajos, se fijó el 12 de octubre de 1895 como la fecha de la coronación.

Las crónicas narran que la Ciudad de México vivió una auténtica fiesta. Los balcones se adornaron con pendones, estandartes e imágenes guadalupanas, mientras miles de peregrinos llegaban continuamente al Tepeyac desde distintos puntos del país.

Se calcula que más de 10 mil personas permanecieron reunidas en el atrio del santuario. Sin embargo, debido a las restricciones impuestas por las Leyes de Reforma —que prohibían las manifestaciones religiosas fuera de los templos— las rejas del atrio tuvieron que cubrirse con tablones de madera para evitar que la multitud pudiera observar la ceremonia desde el exterior.

Aun así, los fieles fueron testigos de la llegada de once arzobispos, veintiocho obispos y cerca de un centenar de sacerdotes, entre ellos representantes de Panamá, Canadá, Cuba y Nueva York.

Entre los invitados de honor también destacaba un grupo de 28 indígenas de Cuautitlán, tierra de san Juan Diego, quienes acudieron portando sus vestimentas tradicionales y una imagen de la Virgen de Guadalupe sobre el pecho.

La histórica coronación de la Virgen de Guadalupe

Uno de los momentos más solemnes fue la entrada de las dos coronas preparadas para la imagen: una de oro, adornada con piedras preciosas y destinada a las grandes solemnidades, y otra de plata para el uso cotidiano.

La corona de oro había sido elaborada por el prestigioso orfebre francés Edgar Morgan, siguiendo el diseño de los artistas mexicanos Rómulo Escudero y Salomé Pina. Ambas fueron llevadas en andas de terciopelo carmesí con varas de oro.

Velada de Oración por México en la Basílica

Detrás avanzaba la procesión encabezada por el arzobispo de México, Próspero María Alarcón, acompañado por el arzobispo de Michoacán, José Ignacio Arciga, además del resto de los prelados revestidos con capas magnas bordadas en oro.

El instante culminante llegó cuando ambos arzobispos colocaron la corona sobre la imagen de la Virgen de Guadalupe. El gesto tenía un profundo significado simbólico: los sucesores de fray Juan de Zumárraga y de Vasco de Quiroga rendían homenaje a quien el pueblo mexicano reconocía desde hacía siglos como su Madre y Reina.

La emoción fue tan intensa que los asistentes rompieron espontáneamente en vítores:

“¡Viva la Reina de los mexicanos! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”

Un acontecimiento que sigue vivo 131 años después

A más de un siglo de aquella histórica ceremonia, la coronación pontificia continúa siendo uno de los acontecimientos más significativos de la historia guadalupana.

En recuerdo de aquel 12 de octubre de 1895, el papa Francisco concedió a los fieles la posibilidad de obtener indulgencia plenaria con motivo del aniversario de la coronación, renovando así el vínculo espiritual entre generaciones de mexicanos y la Virgen de Guadalupe, cuya imagen sigue siendo signo de fe, esperanza y unidad para el país.

*Ana Rita Valero es investigadora mexicana, autora del libro Santa María de Guadalupe a la luz de la historia.

Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega Desde la Fe en