Virgen de Guadalupe

Así puedes ganar la Indulgencia Plenaria en la Basílica de Guadalupe

El Papa ha concedido Indulgencia Plenaria con ocasión de los 125 años de la coronación de la Virgen de Guadalupe, a celebrarse en 2020.
El Papa Francisco es devoto de la Virgen de Guadalupe
El Papa Francisco es devoto de la Virgen de Guadalupe

El Código de Derecho Canónico explica que “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”.

Las indulgencias pasadas de moda

Hace apenas cuatro décadas los fieles cristianos tenían una verdadera obsesión por ganar indulgencias. Cada una de las oraciones más populares iban acompañadas de una pequeña leyenda: “trescientos días de indulgencia”, o “indulgencia plenaria”, y los devotos coleccionaban indulgencia, las más que podían. Había indulgencias por decir “Señor mío y Dios mío” en la elevación del pan y del vino durante la consagración; indulgencias por pertenecer a alguna cofradía, por asistir a Misa a algún templo indulgenciado y, con frecuencia los obispos concedían indulgencias por participar en alguna ceremonia especial.

Y, de pronto, ¡los fieles ya no saben lo que son las indulgencias y ni siquiera les interesan!

¿Qué pasó? Lo que pasó también con algunas otras doctrinas de la Iglesia difíciles de explicar o incómodas para los fieles. Los sacerdotes, no la Iglesia, decidieron  modernizarse y no hablar de aquellos temas cuestionados por los críticos anticlericales. Y así dejaron de hablar de temas tan molestos como el infierno, la condenación eterna, la necesidad de la confesión frecuente, la castidad, la abstención sexual antes del matrimonio, el divorcio, la obligación de la misa dominical, la paternidad responsable y tantos otros temas que “alejaban la clientela”. No los negaron, tan sólo no los enseñaron. Eso pasó con las indulgencias.

Pero la Iglesia los sigue enseñando, como lo demuestra el que este Papa sigue empeñado en predicar ese evangelio molesto, pero fiel a Jesucristo.

Por ejemplo, el día de ayer en la Basílica de Guadalupe durante la Misa Capitular de las 9:00 horas, Mons. Salvador Martínez Ávila, Rector de la Basílica de Guadalupe, leyó un Decreto de la Penitenciaria Apostólica en el marco del inicio del año de Jubileo por la celebración de los CXXV años de la Coronación de la Virgen de Guadalupe, en el que se concede Indulgencia Plenaria, del 8 de septiembre de 2019 al 8 de septiembre del 2020, a quienes asistan a Misa a la Basílica, se confiesen, comulguen y oren por las intenciones del Papa Francisco.

Leer: Indulgencia por los 125 años de la coronación de la Virgen de Guadalupe

¿Cómo explicar las indulgencias?

Lo primero que hay que dejar muy claro es que el perdón de los pecados nos lo ganó Cristo con su Pasión, Muerte y Resurrección, y que nada que haga el hombre, por extraordinario que sea, merece ese perdón.

Es una gracia, es gratis, nos lo regala Dios por los méritos de Jesús. Él ya pagó por nosotros, por todos los humanos de todos los tiempos. Sólo basta pedirlo con un corazón sinceramente arrepentido, normalmente por medio de los signos sacramentales del Bautismo, la Confesión y la Unción de los Enfermos; extraordinariamente por un acto de verdadera contrición.

El perdón es, pues, gratuito.

El pecado es un delito ante Dios porque transgrede, viola, su ley. Todo delito implica culpa, una pena eterna y una pena temporal en justicia y delante de Dios.

Leer: ¿Cómo saber que un pecado es grave?

Para entenderlo: si yo robé y me arrepiento, voy al confesionario donde un sacerdote, en el nombre de Dios y por mandato de Cristo, perdona mi pecado gratis. Ya estoy perdonado de la culpa y de la pena eterna. Ya no iré al infierno. Pero en justicia me falta satisfacer la pena temporal, es decir, regresar lo robado y reparar el daño. Eso no lo perdona el confesor y por eso impone, simbólicamente, una penitencia que me inicia en un camino de reparación y de fortalecimiento para no caer de nuevo en el pecado.

La Iglesia nos propone modos y tiempos de penitencia. La Cuaresma es el tiempo propio de la penitencia. Los modos clásicos son la oración, la limosna (obras de misericordia) y el ayuno (la mortificación y la disciplina personal).

Leer: Penitencia: para reencontrarse con Dios, el prójimo y uno mismo

Hay actos tan importantes que uno sólo de ellos equivale a una vida de penitencia reparadora, y entonces la Iglesia nos dice que uno de esos actos equivale a toda una vida de penitencia; es decir, es la indulgencia plenaria de la pena temporal, ante Dios, no ante la justicia humana.

Esos actos importantes, a juicio de la Iglesia, son, por ejemplo, la adoración ante el Santísimo expuesto, la asistencia a una Iglesia determinada en un tiempo significativo (como es el caso ahora de la Basílica de Guadalupe), la participación en algún sacramento especial y muchos actos más que los sacerdotes deberíamos dar a conocer para dar oportunidad a nuestros fieles de enriquecerse con este tesoro que administra la Iglesia.

Las condiciones para ganar una indulgencia en la Basílica de Guadalupe son:

Del 8 de septiembre de 2019 al 12 de octubre de 2020, es necesario…

  1. Un rechazo firme al pecado.
  2. El deseo expreso de ganar la indulgencia.
  3. Confesarse o estar en gracia de Dios.
  4. Comulgar y orar por las intenciones del Papa.
  5. Alguna acción especificada en el decreto particular. (En este caso: participar en Misa en la Basílica de Guadalupe)
  6. Se puede ganar una indulgencia plenaria cada día y se pueden aplicar a los fieles difuntos.

Como menciona el decreto, también pueden ganarla los fieles que por una razonable circunstancia no participen físicamente en los sagrados ritos, pero que participen a través de los medios de comunicación de la radio, televisión o internet.

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