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Penitencia: para reencontrarse con Dios, el prójimo y uno mismo

La penitencia restablece ese triple desencuentro que el pecado causó.
Cumplir la penitencia, importante para el reencuentro.
Cumplir la penitencia, importante para el reencuentro.

El cumplir la penitencia cierra la práctica de una buena confesión. Si bien la persona que se confiesa recibe la absolución por parte del sacerdote en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, el penitente tiene el deber moral de llevar a cabo lo que el confesor le ha indicado para satisfacción de las faltas cometidas; pues si bien la absolución quita de facto el pecado, no remedia por sí sola los desórdenes que el pecado causó.

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El padre Hugo Valdemar Romero, Canónigo Penitenciario de la Catedral Metropolitana de México, explica que, si bien la penitencia es una acción sugerida por el sacerdote confesor, que el penitente debe concretar para reparar en la medida de lo posible las consecuencias de las faltas, también tiene otro propósito importante: ser un medio pedagógico para el penitente.

“Antiguamente, las penitencias eran sumamente severas –señala en este sentido el padre Hugo Valdemar–, sobre todo cuando se trataba de los pecados mortales. Había penitencias que podían durar muchos años, o bien toda la vida, y que tenían como fin que el pecador se percatara de la gravedad del pecado cometido y de la necesidad de reparar el mal realizado”.

En cuanto a los tipos de penitencia que se pueden mandar, señala que dependen tanto de la gravedad del pecado, como del criterio del sacerdote confesor.

El Canónigo Penitenciario explica que el cumplir la penitencia es un acto para el reencuentro con Dios, con los hombres y con uno mismo, ya que el pecado crea esa triple ruptura, y la satisfacción de las faltas restablece las relaciones.

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