Cada mes de julio, la Iglesia nos invita a adentrarnos en el profundo misterio de la Preciosa Sangre de Cristo, derramada en la cruz y entregada para la salvación del mundo. Esta nos es un simple símbolo o recuerdo: su Sangre es la vida, la sanación y el precio que Jesús pagó para redimirnos por amor a nosotros.
Esta devoción va más allá del recuerdo del sufrimiento que sintió Jesús: nos invita a reconocer y recibir el poder y la protección de su Sangre en nuestras vidas y en la Iglesia, la cual no exige venganza, sino que clama por misericordia. Tal como dice Hebreos 12,24:
“a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”
Santos como San Juan Crisóstomo y San Agustín reconocieron en la Sangre derramada en la Cruz la nueva alianza en la Eucaristía y la esencia del amor divino. su veneración se profundizó a lo largo de ños siglos a través de otros grandes santos como San Bernardo y Santa Catalina de Siena; y diferentes comunidades monásticas desarrollaron meditaciones centradas en cómo cada gota era derramada por el amor de Dios.
Su dedicación, en el mes de julio, sucede después de la del Sagrado Corazón de Jesús, en junio, para invitar a los creyentes a meditar en el Amor de Cristo y experimentar su Sangre redentora.
Para vivir esta devoción, te compartimos la oración a la Preciosa Sangre de Cristo, para que la realices este mes de julio todos los días.
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Rosario de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Oración a la Preciosa Sangre de Cristo
Padre Dios, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu hijo Amadísimo y nuestro Divino Redentor, por la Iglesia Católica, por el Papa, por los cardenales, por los obispos y por los sacerdotes.
Padre Dios, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y nuestro Divino Redentor, por la paz y concordia del mundo, por la conversión de los enemigos de nuestra fe y por la felicidad de todos los cristianos.
Padre Dios, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y nuestro Divino Redentor, por el arrepentimiento de todos los no-creyentes y de los herejes, y por la conversión de los pecadores.
Padre Dios, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y nuestro Divino Redentor, por todas mis relaciones, amigos y enemigos, por los pobres, los enfermos, y aquellos en tribulación, y por todos los que tu deseas que yo ore, o consideras que debería de orar.
Padre Dios, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y nuestro Divino Redentor, por todos aquello que este día pasaran a la otra vida, para que los preserves de las penas del infierno y los admitas a la posesión de tu Gloria.
Padre Dios, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y nuestro Divino Redentor, por todos aquellos que son amantes del gran tesoro de Su sangre, y por todos los que se me unen en adorarlo y honrarlo, y por todos los que ayudan a dar a conocer esta devoción.
Padre Dios, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, Tu Amadísimo Hijo y nuestro Divino Redentor, por todas mis necesidades, tanto espirituales como temporales, por las Almas del Purgatorio, y en particular por todos aquellos que en su vida fueron devotos al precio de su Redención, y por los dolores y sufrimientos de nuestra Madre, María Santísima. Amen.
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Este artículo se actualizó el 26 de junio de 2026


