No basta alejarnos
Alejémonos de las ocasiones de pecado, sí, pero también acerquémonos a las ocasiones de gracia, es decir, pongámonos allí donde Dios pueda derramarla en nosotros y darnos Su ayuda
Es escritora católica y creadora del sitio web Ediciones 72, colaboradora de Desde La Fe por más de 25 años.
‘Propongo firmemente con Tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecado’.
Es una promesa que, con diferentes variantes, solemos decir al recitar el acto de contrición, por lo general antes o después de confesarnos.
Eso de alejarnos de las ocasiones de pecado consiste en no ponernos nosotros solitos en tentación, es decir, en una situación en la que ya sabemos, por experiencia, que caemos en pecado. Es un propósito muy loable, pero no siempre lo podemos cumplir porque las ocasiones de pecado están por todos lados.
¿Entonces qué?, ¿hemos de darnos por derrotados?
Puede leer: ¿Qué es la Confesión General y cómo hacerla?
¡Nada de eso! Lo que necesitamos es una ayuda extra para poder lograr nuestro propósito. Y eso se logra si no nos conformarnos tan solo con alejarnos de aquello que nos hace caer, sino que nos proponemos hacer lo opuesto: acercarnos a aquello que nos ayuda a levantarnos.
Alejémonos de las ocasiones de pecado, sí, pero también acerquémonos a las ocasiones de gracia, es decir, pongámonos allí donde Dios pueda derramarla en nosotros y darnos Su ayuda para librarnos del pecado, pues por nosotros mismos jamás lo lograremos.
¿Cuáles son esas ocasiones de gracia? Entre otras: asistir a Misa (no solo el domingo); dedicar tiempo a dialogar con Dios; leer y meditar Su Palabra; visitar a Jesús Sacramentado; rezar el Rosario (si se puede, en familia); rezar a Coronilla de la Divina Misericordia, y acudir a la Confesión, para hacerle marcaje personal a los pecados que estamos intentando superar.
Ello nos dará un empujón en la dirección correcta, no sólo para alejarnos de las ocasiones de pecar, sino para acercarnos a la santidad.

