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Fe, el jugador número doce

Este domingo, durante el crucial enfrentamiento de la escuadra mexicana contra Inglaterra, el desenlace dependerá de la destreza colectiva, pero millones de fieles activarán en silencio un antiguo ritual de oración

3 julio, 2026
Fe, el jugador número doce
La Virgen del Estadio Azteca
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El balompié suele explicarse mediante la pizarra táctica, despliegue de talento y rigor físico, aunque sobre el césped opera una fuerza invisible ausente en las bitácoras de los entrenadores o en las estadísticas de los cronistas: la devoción.

Para miles de deportistas profesionales, el encuentro con lo trascendente constituye un bastión de fortaleza mental y equilibrio emocional ante la presión de la alta competencia.

En los grandes escenarios del mundo resulta común ver futbolistas persignarse antes de entrar la cancha o elevar la mirada al cielo después de un gol. Algunos resguardan estampas de santos protectores bajo las espinilleras; otros besan medallas.

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Aunque los reglamentos del futbol prohíben mensajes políticos o religiosos, estas expresiones personales forman parte de la identidad de numerosos deportistas y reciben respeto por parte de árbitros y autoridades.

En México, esta fe no se limita al vestidor; se traslada a los hogares y a las tradiciones populares más arraigadas. Una de las manifestaciones más singulares es el Niño Dios futbolero, una variante de la tradición del Día de la Candelaria. En una tradición que data del Mundial de 1970, la figura es vestida con el uniforme de la selección; las personas le rezan por las victorias del tricolor.

La Virgen de Guadalupe ocupa un lugar especial. En el Estadio Ciudad de México, una pequeña capilla acompaña el camino entre los vestidores y la cancha. Desde la construcción del Coloso de Santa Úrsula, la imagen permanece ahí como un símbolo de esperanza; incluso, cuentan, supervisó la obra y protegió a los trabajadores. 

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Futbolistas como Álvaro Fidalgo, Mateo Chávez, Armando “Hormiga” González y Guillermo Martínez han sido captados en oración frente a la imagen de la Virgen de en la capilla del recinto. La misma tradición la comparte el director técnico Javier “El Vasco” Aguirre, quien hace una pausa para encomendarse antes de disputar un encuentro.

Manuel Lapuente llevó esa devoción hasta el vestidor de la Selección Mexicana durante la Copa Confederaciones de 1999, pocos meses después de la visita de San Juan Pablo II al Estadio Azteca. Aquella selección terminó por conquistar un título histórico contra la escuadra brasileña.

Históricamente, instituciones futbolísticas de prestigio global como el Celtic de Glasgow, fundado por el hermano marista Walfrid para socorrer minorías desempleadas, o escuadras surgidas bajo el cobijo de oratorios salesianos y parroquias comunitarias, demuestran la íntima alianza entre la cruz y el balón.

Este domingo, durante el crucial enfrentamiento de la escuadra mexicana contra el representativo de Inglaterra, el desenlace dependerá indudablemente de la destreza colectiva, pero millones de fieles activarán en silencio un antiguo ritual de oración. En ese escenario, la fe es el jugador número 12, porque en el futbol y nos lleva a preguntar: ¿Y si sí?

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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Autor

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).