30 de enero: la Iglesia celebra a santa Martina, patrona de la ciudad de Roma
La vida de santa Martina recuerda el valor del testimonio cristiano y la fidelidad a Dios en medio de la persecución.
La historia de los mártires cristianos está marcada por la fidelidad, el testimonio y la entrega total a Cristo, incluso en medio de la persecución. Santa Martina es una de esas figuras cuya memoria perdura gracias a la tradición de la Iglesia, que la reconoce como ejemplo de fe valiente y amor radical a Dios y a los más necesitados.
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¿Quién fue santa Martina?
De acuerdo con la tradición, santa Martina nació en el seno de una familia noble romana durante la primera mitad del siglo III. Desde temprana edad quedó huérfana de padre, quien le dejó una considerable herencia.
Lejos de aferrarse a sus bienes, Martina decidió repartir su riqueza entre los pobres de la ciudad, siguiendo el ejemplo de los primeros cristianos. A partir de entonces, dedicó su vida a la oración y al servicio de los más necesitados, viviendo con sencillez y fe.
Debido a la práctica pública de su fe cristiana y a su firme negativa de renunciar a ella, la arrestaron y sometieron a crueles tormentos. La tradición narra que la llevaron al templo del dios Apolo, donde le ofrecieron la libertad a cambio de adorar a Apolo y a Diana, divinidades del panteón romano.
Martina rechazó la propuesta y proclamó a Cristo como su único Dios y Señor. Por esta razón, la golpearon, azotaron y sometieron a tormentos con aceite hirviendo hasta entregar su vida, convirtiéndose en mártir durante el gobierno del emperador Alejandro Severo, entre los años 222 y 235.
Se dice que en el momento de su muerte, un terrible temblor sacudió la ciudad de Roma. Muchos interpretaron esto como una señal divina y se convirtieron al cristianismo.
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Devoción a santa Martina
Diversos hagiógrafos han puesto en duda la historicidad de santa Martina, ya que las fuentes textuales más antiguas que la mencionan datan del siglo VI, es decir, casi tres siglos después de su presunta muerte. No existen documentos contemporáneos que den testimonio directo de su vida.
Sin embargo, a pesar de la escasez de fuentes históricas, la tradición de la Iglesia ha conservado su nombre y su devoción, incluyéndola en el catálogo de los santos cristianos.
La devoción a santa Martina cobró especial fuerza tras el descubrimiento de su sepultura y la recuperación de sus reliquias siglos después de su martirio. En el año 1624, durante las excavaciones de una antigua iglesia dedicada a ella —construida en el siglo VII por el Papa Honorio I frente al Foro Romano—, se hallaron sus restos.
Con el deseo de promover una renovación espiritual en la Iglesia, el papa de aquel tiempo ordenó trasladar las reliquias a otro templo y colocar el cráneo en un relicario especial, impulsando así la devoción a santa Martina. Desde entonces, su fiesta litúrgica se celebra el 30 de enero.
A Santa Martina se le considera patrona de la ciudad de Roma y también de las tormentas y los rayos. Según una antigua leyenda, el día en que la llevaron al templo de Diana, este fue destruido por un rayo, signo del poder de Dios frente a los ídolos paganos.

