1 de agosto: la Iglesia Católica celebra a San Alfonso María de Ligorio
San Alfonso María de Ligorio dejó una prometedora carrera como abogado para convertirse en sacerdote, fundador de los Redentoristas y uno de los grandes escritores de la Iglesia.
San Alfonso María de Ligorio nació el 27 de septiembre de 1696 en Marianella, entonces perteneciente al Reino de Nápoles, en el seno de una familia distinguida.
Su formación estuvo marcada inicialmente por las expectativas de la nobleza a la que pertenecía. Su padre deseaba que tuviera una carrera política exitosa, por lo que recibió una educación amplia: aprendió griego, latín, español y francés, además de estudiar arquitectura, geografía y diversas artes.
A los 12 años ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Nápoles y, con apenas 16 años, obtuvo con excelentes calificaciones los grados de Doctor en Derecho Civil y Derecho Canónico.
Durante sus primeros años como abogado cosechó importantes éxitos en los tribunales. Sin embargo, la derrota en uno de sus casos marcó profundamente su vida y lo llevó a replantearse su camino.
El 28 de agosto de 1723, mientras realizaba una visita al Hospital de los Incurables, experimentó con mayor claridad el llamado de Dios. Después de hacer un retiro en el convento de los lazaristas, decidió abandonar su carrera y su posición social.
Como signo de su decisión, dejó su espada de caballero ante una imagen de la Virgen María en la iglesia de Santa María de la Redención de los Cautivos e ingresó como novicio en el Oratorio.
Recibió las órdenes menores en diciembre de 1724 y, el 21 de diciembre de 1726, a los 30 años, fue ordenado sacerdote.
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Al servicio de los pobres y de los jóvenes
Durante los primeros años de su ministerio sacerdotal, San Alfonso se dedicó especialmente a atender a personas sin hogar y a jóvenes marginados. Para ellos fundó las llamadas Capillas del Atardecer, espacios destinados a la formación cristiana y al acompañamiento de quienes se encontraban en situaciones de vulnerabilidad.
Su preocupación por quienes vivían en las periferias de la sociedad marcaría profundamente su espiritualidad y, más adelante, el carisma de la congregación que fundaría.
El 9 de noviembre de 1732 fundó la Congregación del Santísimo Redentor, conocida como la Congregación de los Redentoristas. En sus primeros años, la comunidad estuvo encabezada por el obispo de Castellammare; tras su muerte, en 1743, Alfonso fue elegido Superior General.
El Papa Benedicto XIV aprobó posteriormente la Regla de este instituto de carácter misionero, cuyo carisma se centra en anunciar el Evangelio siguiendo el ejemplo de San Alfonso y en comprometerse de manera concreta con las personas más vulnerables de la sociedad.
Obispo por obediencia y pastor hasta el final
En 1762, a Alfonso María de Ligorio lo nombraron obispo de la diócesis de Sant’Agata de’ Goti. Aunque deseaba renunciar a esta responsabilidad, el Papa rechazó su petición y le pidió continuar con el ministerio episcopal.
Ejerció como obispo entre 1762 y 1775. Ese año enfermó gravemente y, finalmente, el Santo Padre le permitió regresar a la comunidad redentorista de Pagani, donde pasó los últimos 12 años de su vida.
Durante este periodo, su salud se deterioró progresivamente. Llegó a quedar casi ciego y ya no podía dirigir personalmente la congregación que había fundado. Sin embargo, aceptó estas limitaciones con espíritu de resignación y confianza en Dios.
San Alfonso María de Ligorio murió con fama de santidad el 1 de agosto de 1787.
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Un legado que continúa en la Iglesia
La fama de santidad que acompañó su vida se confirmó después de su muerte. Fue beatificado el 15 de septiembre de 1815 y canonizado por el Papa Gregorio XVI el 26 de mayo de 1839.
Décadas después, en 1871, el Papa Pío IX lo proclamó Doctor de la Iglesia, reconociendo la importancia de su pensamiento y de su extensa producción teológica y espiritual.
En 1950, el Papa Pío XII lo declaró además patrono de los confesores y de los moralistas, un reconocimiento estrechamente relacionado con su contribución a la teología moral y con su preocupación pastoral por acompañar a las personas en el discernimiento de su vida cristiana.
La vida de San Alfonso María de Ligorio reúne así múltiples facetas: la del joven abogado que renunció a una prometedora carrera, la del sacerdote cercano a los pobres y marginados, la del fundador de una congregación misionera, la del obispo que aceptó su ministerio por obediencia y la del escritor que dejó una obra que se sigue leyendo en todo el mundo.
Su historia recuerda que los talentos personales pueden adquirir un nuevo sentido cuando se ponen al servicio de los demás y del anuncio del Evangelio.



