Santa Brígida de Suecia, la mujer que trabajó por la paz y la unidad de Europa
Santa Brígida de Suecia vivió en el siglo XIV y fue una de las mujeres más influyentes de su tiempo. Descubre por qué san Juan Pablo II la declaró copatrona de Europa y cuál fue su papel en la historia de la Iglesia.
La Iglesia Católica recuerda cada 23 de julio a santa Brígida de Suecia, religiosa, esposa y madre de ocho hijos, quien dedicó buena parte de su vida a trabajar por la paz y la unidad de la Iglesia.
En 1999, el Papa san Juan Pablo II la declaró copatrona de Europa, junto con santa Catalina de Siena y santa Teresa Benedicta de la Cruz, reconociendo en ella a una mujer cuya vida y legado siguen ofreciendo un mensaje vigente para el continente.
Para la Madre Hilaria Vieyra, vicaria general de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida, fundada por la santa sueca en el siglo XIV, el mensaje de Brígida mantiene una profunda actualidad.
«Europa está igualmente marcada por el secularismo, el materialismo y el odio. Hoy más que nunca es necesario vivir el mensaje de santa Brígida, que nos llama a la unidad, a la paz y a la solidaridad», explicó en una entrevista concedida a Vatican News.
Pero ¿quién fue esta mujer que, desde la vida familiar y posteriormente desde la consagración religiosa, llegó a convertirse en una de las figuras más importantes de la Europa cristiana?
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Santa Brígida: esposa, madre y mujer de oración
Santa Brígida nació en Suecia en 1303, en el seno de una familia noble. Desde joven experimentó una profunda inclinación hacia la vida espiritual, aunque, de acuerdo con las costumbres de su época, contrajo matrimonio con Ulf Gudmarsson, un importante funcionario del Reino de Suecia.
El matrimonio tuvo ocho hijos y, según la tradición, Brígida y su esposo llevaron una vida familiar marcada por la fe y la oración.
Para la Madre Hilaria, la experiencia de Brígida como esposa y madre fue fundamental para comprender su posterior misión.
«La vida de Brígida fue de oración y de escucha del Evangelio. Meditó profundamente sobre la Pasión de Nuestro Señor, y de ahí nació su carisma de unidad, paz y solidaridad», explicó.
Después de la muerte de su esposo, Brígida comenzó una nueva etapa de su vida. Su compromiso con la Iglesia y con la sociedad de su tiempo la llevó a emprender una misión que trascendería las fronteras de Suecia.
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Brígida y su llamado a devolver al Papa a Roma
En 1349, Brígida llegó a Roma con motivo del Año Santo de 1350. También buscaba obtener la aprobación de la regla de la nueva orden religiosa que deseaba fundar, integrada por hombres y mujeres.
Sin embargo, la situación que encontró en la ciudad fue muy distinta a la que esperaba. El Papa residía en Aviñón y no en Roma, mientras Europa sufría las consecuencias de las guerras, las epidemias y las divisiones políticas.
Para Brígida, la ausencia del Papa en Roma representaba una herida para la Iglesia. Por ello, comenzó a trabajar para promover el regreso del Pontífice a la Ciudad Eterna.
«Su gran amor por Jesús la impulsó a lograr que el Papa regresara a Roma», explicó la Madre Hilaria.
Brígida permaneció en Roma y desde allí desarrolló buena parte de su misión. En la actual Plaza Farnese, donde se encuentra la Casa Generalicia de las religiosas brigidinas, recibió numerosas experiencias místicas que posteriormente quedaron recogidas en sus escritos y revelaciones.
Su misión en favor del regreso del Papa a Roma coincidió, en parte, con la labor de otra gran santa de su tiempo: santa Catalina de Siena.
Brígida llegó a ver el regreso temporal del Papa Urbano V a Roma, aunque el Pontífice volvió posteriormente a Aviñón. La santa murió en 1373, mientras que Catalina de Siena sería testigo del regreso definitivo del Papa Gregorio XI a Roma en 1377.
La labor de Brígida no se limitó a la oración. De acuerdo con la Madre Hilaria, la santa también se reunió personalmente con Papas, cardenales y príncipes europeos para expresarles sus preocupaciones y exhortarlos a trabajar por la unidad y la paz.
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Una mujer comprometida con la paz en Europa
La preocupación de santa Brígida por la paz se extendió también a los conflictos políticos que dividían Europa.
La santa intercedió para favorecer el fin de la guerra entre Francia e Inglaterra, conflicto que posteriormente sería conocido como la Guerra de los Cien Años.
Su compromiso con los más necesitados también fue una parte esencial de su vida. Aunque había nacido en una familia noble, eligió vivir con mayor sencillez y dedicarse a las obras de caridad.
Brígida emprendió además numerosas peregrinaciones por Italia, visitando lugares como Asís y el Monte Gargano. Una de sus peregrinaciones más importantes fue a Tierra Santa, viaje que realizó cuando tenía alrededor de 70 años.
Su vida espiritual estuvo profundamente marcada por la contemplación de la Pasión de Cristo y por su amor a la Virgen María. A esta experiencia de fe se vinculan también las oraciones tradicionalmente atribuidas a ella y la devoción de las llamadas Oraciones de Santa Brígida.
Santa Brígida, copatrona de Europa
Santa Brígida fue canonizada en 1391 por el Papa Bonifacio IX y es considerada patrona de Suecia.
Más de seis siglos después, en 1999, san Juan Pablo II la declaró copatrona de Europa, junto con santa Catalina de Siena y santa Teresa Benedicta de la Cruz.
En la carta apostólica Spes aedificandi, el Papa destacó que el testimonio de estas mujeres no estaba dirigido únicamente a quienes tienen una vocación de especial consagración, sino también a quienes viven su fe en las circunstancias ordinarias de la vida, particularmente en el matrimonio y la familia.
La Iglesia, explicó san Juan Pablo II, no se ha pronunciado sobre el contenido de las revelaciones privadas recibidas por santa Brígida; sin embargo, reconoce la autenticidad de su experiencia espiritual y su compromiso con la unidad de la Iglesia.
Años más tarde, en 2010, el Papa Benedicto XVI dedicó una de sus catequesis a santa Brígida y destacó su importancia para comprender la profunda influencia del cristianismo en la historia y la identidad de Europa.
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La Orden de Santa Brígida y su compromiso con la unidad de los cristianos
La obra iniciada por santa Brígida continúa actualmente a través de la Orden del Santísimo Salvador, conocida como la Orden de las brigidinas.
En el siglo XX, la religiosa sueca santa María Isabel Hesselblad renovó la orden y fortaleció su compromiso con el ecumenismo y la unidad de los cristianos. Fue canonizada por el Papa Francisco en 2016.
La Madre Hilaria explicó que las religiosas brigidinas ofrecen su vida por la unidad de los cristianos mediante la oración y la Eucaristía.
«Lo hacemos en silencio, en la oración y en la Eucaristía. En todas nuestras casas practicamos la hospitalidad y ofrecemos nuestro servicio con humildad, caridad y sencillez, con un objetivo ecuménico», señaló.
La historia de la orden también está marcada por el compromiso de santa María Isabel Hesselblad durante la Segunda Guerra Mundial. Desde la Casa Generalicia de la Plaza Farnese, la religiosa ayudó a esconder y proteger a numerosas personas perseguidas, entre ellas judíos.
Para la Madre Hilaria, su ejemplo demuestra que el amor a Dios debe traducirse en acciones concretas de caridad y servicio.
El mensaje de santa Brígida para nuestro tiempo
La vida de santa Brígida atraviesa varios siglos de historia europea, pero sus preocupaciones continúan siendo actuales: la búsqueda de la paz, la unidad de los cristianos, la solidaridad con los más vulnerables y la construcción de una sociedad fundada en la dignidad humana.
Su historia recuerda que la misión de la Iglesia también pasa por la vida cotidiana, la familia, la política, la diplomacia, la caridad y la defensa de la paz.
Como mujer, esposa, madre, viuda, religiosa y peregrina, Brígida supo responder a Dios desde las distintas circunstancias de su vida. Su legado invita a los cristianos de hoy a no permanecer indiferentes ante las divisiones de su tiempo y a trabajar, desde la fe, por la reconciliación y la unidad.
Quizá por eso, más de seis siglos después de su muerte, su mensaje continúa siendo especialmente necesario: en una Europa y un mundo marcados por las divisiones, santa Brígida sigue recordando que la paz no se construye únicamente con palabras, sino con oración, diálogo, caridad y compromiso.







