¿Las “semillas de la abundancia” son católicas? Lo que dice la Iglesia sobre esta práctica
Cada 2 de febrero muchos fieles llevan a bendecir las “semillas de la abundancia”. Pero ¿es una práctica católica o una forma de superstición? Esto enseña la Iglesia.
Cada 2 de febrero, Día de la Candelaria, miles de fieles llevan a bendecir a las iglesias sus imágenes del Niño Dios. En muchos lugares también presentan velas de la Divina Providencia y las llamadas “semillas de la abundancia”.
Pero surge una pregunta importante: ¿esta práctica es realmente católica o tiene un origen distinto?
Una tradición popular en el Día de la Candelaria
El Día de la Candelaria es una de las celebraciones más arraigadas en México y América Latina. vestir al Niño Jesús, llevarlo al templo para su bendición y compartir tamales en familia son expresiones de religiosidad popular que fortalecen la fe y los lazos comunitarios.
Sin embargo, junto a estas prácticas también han surgido otras cuyo origen no siempre es claro. Entre ellas se encuentran las llamadas semillas de la abundancia: pequeños saquitos con frijol, lenteja, arroz, maíz u otras semillas que algunas personas llevan a bendecir junto con sus velas e imágenes religiosas.
¿De dónde proviene esta costumbre y qué relación tiene con la tradición católica?
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¿Cuál es el origen de las “semillas de la abundancia”?
Históricamente, esta práctica está vinculada al inicio del ciclo agrícola. En comunidades rurales, las familias preparaban semillas para la siembra y las encomendaban a Dios para pedir un buen temporal y una cosecha abundante.
La Iglesia Católica sí contempla bendiciones para los campos y las semillas, dentro de su liturgia y sacramentales, como una manera de pedir a Dios que bendiga el trabajo humano y conceda frutos abundantes. Bendecir semillas, en este sentido, no es superstición, sino una oración confiada por el sustento.
La etnóloga Johanna Broda ha señalado que, en el calendario agrícola prehispánico, existían fechas clave relacionadas con la siembra y la cosecha. Con el paso del tiempo, muchas de esas fechas coincidieron con celebraciones cristianas como:
- 2 de febrero – Día de la Candelaria
- 3 de mayo – Fiesta de la Santa Cruz
- 15 de agosto – Asunción de la Virgen María
- 1 de noviembre – Todos los Santos
Este proceso generó expresiones de sincretismo religioso, donde prácticas agrícolas ancestrales se integraron al calendario cristiano. La intención original, pedir a Dios el alimento necesario, es legítima: el ser humano necesita el sustento del cuerpo y del alma. El problema no está en la bendición en sí, sino en el significado que se le atribuye.
¿Bendecir las semillas es pecado?
No. Bendecir semillas para encomendar a Dios el trabajo del campo no es pecado ni contrario a la fe católica.
El conflicto surge cuando se les atribuyen poderes propios o mágicos. Cuando las semillas se utilizan como amuletos para “atraer dinero”, “asegurar prosperidad” o “garantizar abundancia”, ya no estamos ante un acto de fe, sino ante superstición, esoterismo o fetichismo.
Algunas personas incluso las colocan en casa siguiendo prácticas como el feng shui o realizan rituales adicionales para “activar” su eficacia. Estas prácticas se alejan claramente de la doctrina católica.
En otros casos, se les asignan cualidades específicas según su tipo, convirtiéndolas en una especie de amuleto al que se le añaden rituales para “asegurar” su eficacia.
Conviene recordar que ningún objeto —aunque haya sido bendecido— posee poder propio. La bendición no convierte las cosas en amuletos ni garantiza resultados materiales; su sentido es orientar el corazón hacia Dios y fortalecer la fe del Pueblo de Dios, no alimentar creencias mágicas. Todo requiere la Providencia Divina y la colaboración libre del hombre; a Dios no se le compra y tampoco se le chantajea.
¿Entonces son católicas o no?
Más que preguntarnos si las “semillas de la abundancia” son católicas, conviene revisar la intención con la que se usan.
Es correcto si se presentan para bendecir como signo del trabajo humano y como una forma de encomendar a Dios el fruto de la tierra, pueden ser una expresión legítima de confianza y gratitud.
No es correcto si se convierten en amuletos a los que se les atribuye un poder mágico para atraer prosperidad, se desvirtúa la fe y se cae en superstición.
Incluso el nombre “semillas de la abundancia” puede llevar a una comprensión equivocada si se interpreta como una fórmula para “asegurar riqueza” en lugar de confiar en la Providencia Divina.
La verdadera abundancia
La fe católica enseña que la verdadera abundancia no proviene de objetos ni de rituales, sino de una vida puesta en manos de Dios. Dios bendice el trabajo de nuestras manos, pero también pide nuestra colaboración responsable. La bendición no sustituye el esfuerzo ni funciona como mecanismo automático para obtener prosperidad. La auténtica bendición transforma el corazón, fortalece la esperanza y nos recuerda que todo bien —material o espiritual— proviene de Dios. Ahí está la abundancia que realmente permanece.
Con información del padre Salvador Barba, sacerdote diocesano y director de la Dimensión de Bienes Culturales de la Arquidiócesis Primada de México. Párroco de San José, en la colonia Revolución; y Rector de San Miguel, en la colonia Damián Carmona.




