¿Qué significa gritar “¡Viva Cristo Rey!”?
Desde los Salmos hasta los cristeros: el profundo significado espiritual de aclamar a Cristo como Rey de Reyes.
En la fe católica, la verdadera adoración no es una idea nuestra, sino que Dios mismo nos dice cómo alabarlo; la verdadera oración, por ello, se apoya en la palabra divina y es sorprendente que ella nos pida vitorearlo. No solo nos dice cómo es Dios, sino que nos enseña cómo alabarlo. Por eso, las jaculatorias y la oración litúrgica brotan de su Palabra, que nos muestra el deseo de Dios de que lo adoren: «Demos vítores al Señor, a la roca que nos salva», y nos pide hacerlo al entrar al templo: «Entrad con vítores» (Salmo 94). Veamos ahora qué significa esto.
Según la RAE, vitorear significa decir ¡viva! u ofrecer una ovación a una acción gloriosa. Es una aclamación semejante a como el pueblo de Dios gritaba a quienes eran elegidos diciendo: «¡Viva el rey!». Con esas palabras vitorearon al ungido como rey, como ocurrió con Saúl al ser presentado como elegido; se gritó «¡Viva el rey!» con Salomón en su unción divina entre trompetas; y también con Joás al ser coronado en secreto para derrocar a Atalía.
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En la vida de Jesús, él recapitula todas estas escrituras y se presenta como el nuevo Rey; no es un rey más, sino el Rey de Reyes y Señor de los Señores (Ap 17), el verdadero Ungido. Un Rey que predica y nos habla de su reino como el dominio soberano de Dios manifestado en Jesucristo; sus milagros son signos de que el Rey divino ya actúa en medio de nosotros. Y no solo se anuncia, sino que ante Pilato afirma su realeza purificada de malentendidos políticos: «Mi Reino no es de este mundo». Su realeza se realiza en la Cruz (INRI) y la Resurrección la confirma. Él es el Reino en persona. Quien lo recibe a Él, acoge al Reino.
En los Padres de la Iglesia, reconocer su realeza es algo central, pues lo aclaman como Rey eterno y vencedor glorioso. Melitón de Sardes lo presenta proclamando «Yo soy tu Rey»; Ireneo de Lyon insiste en que es «nuestro Salvador y Rey»; Orígenes explica que si Cristo nos dijo que “el reino de Dios es «semejante a un rey», ¿de quién puede tratarse si no del Hijo de Dios? De hecho, él es el Rey de los cielos y, como él es la Sabiduría en sí, la Justicia en sí y la Verdad en sí, también así Cristo será el reino en sí mismo”; y Eusebio de Cesarea lo exalta como «Rey de lo creado».
La fe de los santos nunca separa la Cruz de la Realeza: su trono es el madero y su corona las espinas. El paso del tiempo permitió que la teología de Santo Tomás explicara su realeza apoyándose en dos pilares: por Unión Hipostática (es Rey por su naturaleza divina) y por Derecho de Redención (nos rescató en la cruz). Él afirma que las leyes terrenales deben reflejar el orden divino; el gobernante ideal reconoce que su autoridad está subordinada al Rey supremo. Pío XI en Quas Primas citó a San Cirilo para definir que Cristo «posee el dominio de todas las criaturas por su esencia».
Este grito Viva Cristo Rey cobró su forma más célebre en México durante la Guerra Cristera. Ante las leyes anticlericales de Plutarco Elías Calles, los cristeros adoptaron el «¡Viva Cristo Rey!» como estandarte y confesión pública de fe en el martirio. Mártires como el padre Miguel Pro y el joven san José Sánchez del Río murieron fusilados pronunciando estas palabras, demostrando que ninguna autoridad humana está por encima de Dios. El ímpetu provino del Vaticano cuando Pío XI promulgó la encíclica Quas Primas, instituyendo la festividad universal de Cristo Rey.
Decimos hoy «¡Viva!» porque queremos su vida en nosotros. Gritar «¡Viva Cristo Rey!» significa que Él debe reinar en nuestras inteligencias, voluntades y corazones. Desear que viva en nosotros es ya una manera de hacerlo reinar.


