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¿Por qué zumban las abejas? La antigua leyenda donde Dios les dio su soplo

Una antigua leyenda zapoteca recogida por Andrés Henestrosa revela por qué las abejas conservan “el soplo del Señor” en sus alas.

20 mayo, 2026
¿Por qué zumban las abejas? La antigua leyenda donde Dios les dio su soplo
La abeja, pequeña y frágil, ha sido vista desde la antigüedad como símbolo de sabiduría y dulzura.
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Las leyendas populares suelen guardar, entre símbolos y metáforas, verdades sobre la vida, la naturaleza y la relación del ser humano con Dios. En Oaxaca, tierra de tradiciones y riqueza cultural, el escritor Andrés Henestrosa rescató relatos que reflejan la mirada espiritual de los pueblos originarios sobre la creación.

En su libro Los hombres que dispersó la danza, Henestrosa reunió diversas fábulas y leyendas de tradición zapoteca. Entre ellas destaca “La abeja”, un relato lleno de belleza poética que presenta a este pequeño insecto como una criatura especialmente amada por Dios.

La leyenda no sólo explica de manera simbólica el origen del zumbido de las abejas, sino que también recuerda que toda la creación lleva impresa la huella del Creador y es amada por Él. A través de sus imágenes delicadas y luminosas, el relato invita a contemplar la naturaleza con asombro y gratitud.

La abeja

Andrés Henestrosa

No era sábado, no era domingo: era un día que los calendarios no recogieron. Ya todo estaba hecho. Las aves, los peces, los animales, el hombre, las rosas, todo estaba hecho. Pero algo faltaba: faltaba la abeja. Los hombres tenían la sal, pero no el azúcar, y Dios quiso hacer a las abejas para que trabajaran la miel, que fue el azúcar de los primitivos.

Juntó arcilla rubia de las márgenes de los ríos, y un poquito de sal y un poquito de polen; cargado de estos menesteres, se acercó a la orilla del mar, que en todo ha de estar presente.

Trabajaba el artífice. Salida de sus manos la pareja de cada especie, era expuesta al sol para secarse y, seca, la brisa la levantaba y la perdía en el azul de la mañana.

Pero el Diablo no duerme, trabaja tanto como Dios. Fue acercándose a la orilla del mar para interrumpir, en lo que pudiera, la obra del Creador. Estaban sobre la arena, que de tan blanca parecía polvo de perlas, la abeja y el abejón, y el diablo los partió por la mitad. Viendo aquello, Dios tomó las dos partes, las afiló y, anudándolas, las lanzó con su soplo hacia la lumbre del mediodía.

Por eso las abejas tienen el tallo delgado y de todos los insectos son aquellos en quienes el ruido de las alas es más sonoro y musical. Es que el soplo del Señor persiste en sus alas. Y, volando en torno de las flores, resplandecen.

La abeja en la tradición bíblica y cristiana

La figura de la abeja también ocupa un lugar especial dentro de la tradición bíblica y cristiana. Aunque pequeña y frágil, desde la antigüedad ha sido vista como símbolo de sabiduría, trabajo y dulzura.

En el libro del Eclesiástico (11, 3) se afirma que la abeja “es pequeña entre los insectos voladores, pero su fruto es el más dulce”. Asimismo, en la versión griega de los Proverbios se invita a contemplar su ejemplo de laboriosidad y constancia:

“Ve a la abeja y aprende cuán laboriosa es”.

La miel, fruto de su trabajo, aparece también en las Escrituras como signo de abundancia y alimento. De hecho, el Evangelio de San Mateo señala que Juan el Bautista se alimentaba de langostas y miel silvestre en el desierto.

Incluso en la liturgia católica la abeja tiene una presencia profundamente simbólica. Durante la Vigilia Pascual, el Pregón Pascual menciona de manera poética a las abejas al hablar del Cirio Pascual, cuya cera natural es elaborada gracias a su trabajo:

“En esta noche de gracia, acepta, Padre santo,
el sacrificio vespertino de alabanza,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas”.

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La leyenda recogida por Andrés Henestrosa recuerda que incluso las criaturas más pequeñas pueden reflejar algo de la grandeza de Dios. La abeja, con su trabajo silencioso y su vuelo delicado, se convierte en símbolo de la belleza escondida en la creación y de la armonía que el Creador quiso dejar en el mundo.

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Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.