10 santos que vieron al Niño Jesús
Descubre a los santos que tuvieron encuentros místicos con el Niño Jesús. Relatos llenos de fe, ternura y esperanza que revelan el misterio de la Encarnación.
A lo largo de la historia de la Iglesia, muchos santos dieron testimonio de una cercanía profunda y entrañable con el Niño Jesús. No se trata solo de visiones extraordinarias, sino de encuentros marcados por la confianza y el amor sencillo, donde Dios se revela en la pequeñez.
Estas apariciones y experiencias místicas nos recuerdan que el misterio de la Encarnación no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad viva que ha tocado el corazón de quienes, con fe humilde, se han dejado abrazar por el Niño de Belén.
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¿Qué santos vieron al Niño Jesús?
San Antonio de Padua
De acuerdo con los biógrafos del santo, la aparición del Niño Jesús ocurrió el 19 de mayo de 1231, pocas semanas antes de su muerte. El conde Tisso, quien le dio alojamiento durante sus últimos días, fue testigo del hecho.
Relató que pudo ver a san Antonio sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús, quien se manifestaba rodeado de una luz resplandeciente. Al darse cuenta de que había sido observado, el santo le pidió guardar silencio. El conde respetó su deseo y no habló del suceso sino hasta después de la muerte de san Antonio.
San Cayetano
En la víspera de Navidad de 1517, san Cayetano vivió una experiencia mística mientras celebraba su primera Misa en la Capilla de la Natividad de la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, ante las reliquias del pesebre de Cristo.
Durante la oración, la Santísima Virgen María colocó al Niño Jesús en sus brazos. Más tarde, el santo escribió a sor Laura Mignani, monja agustina y confidente espiritual: “En la hora de su santísimo nacimiento me encontré en la verdadera y material santísima Natividad”.
San Cristóbal
La tradición más conocida sobre este santo, que habría vivido entre los siglos III y IV, narra que un día se le acercó un niño de aproximadamente cuatro años y le pidió ayuda para cruzar un río. San Cristóbal aceptó y lo cargó sobre sus hombros, apoyándose en su báculo para atravesar la corriente.
Conforme avanzaba, el niño se volvía cada vez más pesado, hasta que el gigante temió por su vida. En medio del río le preguntó quién era y por qué pesaba tanto. El pequeño le respondió que llevaba sobre sí al Rey del universo.
Según la tradición, el Niño le reveló: “Pesó más que el mundo entero, porque soy el Creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, el portador de Cristo”.
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Santa Faustina Kowalsk
Tras la Nochebuena de 1937, santa Faustina dejó escrito en su Diario una experiencia profundamente conmovedora: “Cuando llegué a la Misa de Medianoche, me sumergí en un profundo recogimiento. Vi el establo de Belén lleno de gran resplandor. La Santísima Virgen, absorta en el amor más profundo, envolvía al Niño Jesús en pañales, mientras san José dormía”.
“Después de un rato, me quedé sola con el Niño Jesús, quien extendió sus manitas hacia mí. Comprendí que debía tomarlo en mis brazos. Apoyó su cabeza en mi corazón y, con su mirada profunda, me hizo comprender cuánto le agradaba descansar junto a mi corazón”.
San Félix de Cantalicio
Primer santo de la orden de los capuchinos y conocido por su alegría sencilla, san Félix protagoniza una tradición llena de ternura. Mientras rezaba ante una imagen de la Virgen María, le pidió con humildad poder sostener al Niño Jesús.
De pronto, el cuadro cobró vida y la Madre de Dios le entregó a su Hijo. El santo lo recibió entre lágrimas de profunda emoción y gratitud.
San Francisco de Asís
San Buenaventura, biógrafo de san Francisco, narra que el Niño Jesús se manifestó en el nacimiento preparado por el “Pobre de Asís” en Greccio:
“El hombre de Dios se detuvo ante el pesebre lleno de devoción, bañado en lágrimas y radiante de alegría. Incapaz de pronunciar su nombre por la ternura de su amor, lo llamaba el Niño de Belén”.
Un testigo, Juan de Greccio, afirmó haber visto al Niño maravillosamente hermoso en el pesebre, a quien san Francisco abrazó con ambos brazos, como despertándolo suavemente del sueño.
Santa Gema Galgani
Durante la Misa de Gallo de 1902, santa Gema vivió una experiencia mística en el ofertorio. El Niño Jesús se le acercó y la condujo hasta su Madre, la Virgen María.
La santa escribió a su director espiritual: “Vi a Jesús, quien me ofreció como víctima al Padre Eterno. Luego me presentó a nuestra Madre diciendo: ‘Esta querida hija mía, considérala como hija de mi Pasión’.
Padre, mi corazón continúa palpitando con fuerza”.
San Jerónimo
En sus últimos años, san Jerónimo vivió cerca de la cueva de Belén. Cuenta la tradición que una noche de Navidad, mientras oraba solo, el Niño Jesús se le apareció y le preguntó:
“Jerónimo, ¿qué me regalarás en mi cumpleaños?” El santo respondió ofreciéndole su salud, su fama y su honor. Pero el Niño insistió: “¿No me darás nada más?” Entonces Jesús le dijo con dulzura: “Regálame tus pecados para perdonártelos.” San Jerónimo rompió en llanto y exclamó: “¡Debes estar loco de amor para pedirme esto!”
San Pío de Pietrelcina
Padre Pío es uno de los santos más estrechamente vinculados con Jesús Niño. Se registran al menos tres apariciones.
La primera ocurrió en 1911, en el convento de Venafro, donde el Niño Jesús se le apareció con los estigmas de la Pasión.
La segunda, el 20 de septiembre de 1919, fue presenciada por el padre Raffaele de Sant’Elia, quien relató haber visto al Padre Pío caminar luminoso por el pasillo, llevando al Niño Jesús en brazos.
La tercera tuvo lugar la Nochebuena de 1922. Lucía Ladanza, hija espiritual del santo, narró cómo vio al Padre Pío descender por la escalera de la sacristía con el Niño Jesús envuelto en una luz resplandeciente. Al notar que ella estaba despierta, el santo le preguntó qué había visto y, al escuchar su respuesta, le pidió con firmeza guardar silencio.
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Santa Teresa de Ávila
Un día, mientras caminaba por el convento, santa Teresa se encontró con un niño en las escaleras. Al preguntarle quién era, el Niño respondió:
“¿Quién eres tú?”, “Soy Teresa de Jesús” contestó ella. “Pues Yo soy Jesús de Teresa”, le dijo el Niño.
Santa Teresa del Niño Jesús
En la Nochebuena de 1886, santa Teresita vivió un momento decisivo que marcó su camino espiritual, como escribió en Historia de un alma:
“En esa bendita noche, el dulce Niño Jesús, de apenas una hora de nacido, llenó la oscuridad de mi alma con torrentes de luz. Al hacerse pequeño y débil por amor a mí, me hizo fuerte y valiente”.
Cada uno de estos encuentros nos recuerda que el Niño de Belén sigue acercándose a los corazones sencillos, invitándonos a cargarlo en nuestros brazos, como san Cristóbal; a contemplarlo con ternura, como san Francisco; y a dejarnos transformar por su amor, como lo hicieron tantos santos a lo largo de la historia. Porque, al final, Jesús Niño no se manifiesta para ser admirado, sino para ser amado.




