La Vida Consagrada, lámpara encendida en la Arquidiócesis de México

Celebramos que haya quienes, al llamado de Dios, quieran consagrar su vida al Señor y a sus hermanos.
Oremos por las vocaciones. Foto: María Langarica
Oremos por las vocaciones. Foto: María Langarica

Participa cada lunes a las 21:00 horas (tiempo del centro de México) en La Voz del Obispo en Facebook Live.  Este lunes 1 de febrero podrás conversar con el autor de este texto, Monseñor Carlos Enrique Samaniego.

“Mi alma glorifica al Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1,46).

¿Qué es glorificar a Dios? “La gloria de Dios es el hombre viviente” decía san Ireneo. Da gloria a Dios el que desarrolla la vida de Dios, la vida de la gracia, es decir, la amistad con Jesús. A la madurez de esta vida, a la que estamos llamados todos los bautizados, le llamamos santidad.


La vocación Universal a la santidad y vocación específica

Decía un poeta “nadie fue ayer, ni va hoy, por el mismo camino que yo voy, para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol y un camino virgen Dios”. Todo bautizado está llamado a la santidad, por ello es necesario, como decía san Juan Pablo II, “cultivar sueños de santidad personal y fecundidad apostólica”, “un bautizado que no tiende a la santidad frustra el proyecto de Dios sobre él”. Dentro de esta vocación universal está la vocación específica, la vía concreta para recorrer el camino trazado por Dios para cada uno.

Leer: 3 sencillas maneras de pedir a Dios por las vocaciones

Este 2 de febrero celebramos la vocación a la Vida consagrada que es uno de los caminos a la santidad; celebramos la vocación, la llamada de Dios y su acción que ayuda al ser humano para responder a dicha llamada. Por ello, decía san Agustín “Señor, dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”.

María, modelo de respuesta vocacional

Hoy recordamos la respuesta de María en este texto de Lucas, se trata de la respuesta de la Santísima Virgen al llamado de Dios. Hoy celebramos con María toda vocación, la vocación al matrimonio, al sacerdocio, a la Vida consagrada. Celebramos que muchas Hermanas y Hermanos nuestros están haciendo de sus vidas un don definitivo y perpetuo para Dios, como María que se une con su Fiat al Amén que, en nuestro nombre, da Jesús al Padre. Se trata de Hermanas y Hermanos de Institutos de vida religiosa femenina, Institutos seculares femeninos, de la Orden de la Vírgenes, de Hermanos de Institutos religiosos masculinos, de Sociedades de Vida Apostólica y de todos los miembros de Vida consagrada de derecho diocesano.

Celebramos que haya quienes, al llamado de Dios, quieran consagrar su vida al Señor y a sus hermanos. Hoy les invito a todos los miembros de la vida Consagrada a renovar su adhesión al Señor en el camino de fidelidad a Dios como Esposo que les llama a estar con Él. En estos momentos de Pandemia es esperanzadora su respuesta para la Arquidiócesis de México, para la gran Ciudad y para la Iglesia Universal, pues ella se edifica cuando los cristianos nos entregamos plenamente a nuestra misión a favor de tantos hermanos nuestros, a través de la caridad, fruto del amor creativo que considera hermanos a todos.

La Vida Consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión ya que indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana y la aspiración de toda la Iglesia como esposa hacia la unión con el único esposo, Cristo nuestro Señor.

Esta celebración, basados, inspirados, por el Sí de la Virgen María, es una oportunidad para renovar nuestro compromiso de anunciar el amor de Cristo y su mensaje de salvación a todos los hombres.

La vocación a la que Dios llama a todos los que han sido consagrados por el bautismo y de una manera específica por una vocación de consagración especial, es una vocación de amor, es una vocación a un encuentro personal y permanente con Él, cuya respuesta ilumina, irradia y resplandece con la luz de Cristo que es “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de su Pueblo Israel” (Lc 2,32).

 

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