Jornada Mundial del Enfermo: Todos estamos llamados a consolar

Todos los bautizados estamos llamados a ejercitar el ministerio de la consolación.
La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida el 13 de mayo de 1992 por el Papa Juan Pablo II.
La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida el 13 de mayo de 1992 por el Papa Juan Pablo II.

Participa cada lunes a las 21:00 horas (tiempo del centro de México) en La Voz del Obispo en Facebook Live.  Este lunes 7 de febrero podrás conversar con el autor de este texto sobre la paz, Mons. Salvador González, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México.

 

Este año estamos celebrando la trigésima edición de esta Jornada instituida por san Juan Pablo II, que ha tenido como objetivo sensibilizar al Pueblo de Dios, a las Instituciones sanitarias católicas y a la sociedad en general, sobre la necesidad de atender a los enfermos y a quienes los cuidan.


El Papa Francisco da inicio así a su mensaje y reconoce agradecido lo que a partir de esta iniciativa se ha venido dando en las diversas Iglesias particulares y la buena disposición de grupos apostólicos dedicados especialmente al cuidado de los enfermos y sus familias. Sin embargo, reconoce también lo mucho que falta por hacer en la atención de los enfermos, la terrible desigualdad que existe en el sistema de salud, y subraya la necesidad de ir a aquellos que viven en situaciones de pobreza y marginación.

Y el deseo del Santo Padre es que esta Jornada motive los trabajos en este sentido, de tal manera que sean más los enfermos atendidos y por supuesto, mejor acompañados también pastoralmente junto a sus familiares.

El texto que ilumina temáticamente esta Jornada es el de Lucas: “Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso” (6,36). Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad. Para ser misericordiosos necesitamos volver a Aquel cuyo nombre principal es misericordia, nuestro Padre Dios que nos protege con su fuerza y con la ternura similar a la de una Madre.

Sin lugar a dudas, el testigo de la misericordia del Padre por excelencia es Nuestro Señor Jesucristo, como lo vemos en el Evangelio, pues una gran parte de su misión y la de sus discípulos será curar, alentar y estar cerca del enfermo; llevarles como lo dice el Papa “el aceite de la consolación y el vino de la esperanza”, esto mismo es lo que se requiere hoy particularmente por parte de nosotros los cristianos.

Las palabras del Papa se dirigen a los agentes sanitarios, a quienes invita a ser conscientes de cómo su profesión es trascendida por el carácter de una auténtica misión, razón por la cual han de ser consecuentes con su alta dignidad, así como con su enorme responsabilidad, pues “sus manos al tocar la carne sufriente de Cristo vienen a ser las manos misericordiosas del Padre”. Y el Santo Padre desea que estos profesionales sean formados en la escucha y capacitados para relacionarse con los enfermos, pues cuando se agotan las posibilidades de curar siempre hay forma de cuidar a estos hermanos.

A las casas de asistencia sanitaria les llama el Papa “casas de misericordia”, y destaca la importancia de su papel, particularmente destaca los centros católicos que desde el principio son un testimonio de cuidado y defensa de la vida desde su concepción hasta su término natural.

Finalmente recuerda el Santo Padre la importancia de la pastoral de la salud, caracterizada por la presencia y la cercanía; evidentemente anima a los ministros que han de administrar los sacramentos, pero nos recuerda que todos los bautizados estamos llamados a ejercitar el ministerio de la consolación para con los enfermos, en especial con la visita que tanto esperan. Junto al Papa Francisco oramos para que esta Jornada sea una oportunidad de fortalecer desde los diferentes ámbitos la ayuda a nuestros hermanos y hermanas enfermos.

 

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